Cronología - I Parte

BREVE CRONOLOGIA HISTORICA

LA RIOJA – Desde 1595 a 1870

"Historia, émula del tiempo,

 depósito de las acciones,

 testigo de lo pasado,

 ejemplo y aviso de lo presente,

 advertencia de lo por venir…"
(Cervantes. Quijote, LIX)

 

 

Esta cronología sigue en general el libro Bosquejo Histórico de La Rioja, del Teniente Coronel Marcelino Reyes, publicado en 1913. Lo encomillado pertenecen al Bosquejo que como se sabe sus fuentes se basan en la obra de Zinny (Historia de los gobernadores), en  archivos propios, en documentos del Archivo histórico de La Rioja y en referencias personales al autor de personas mayores protagonistas de los hechos que se relatan. El archivo personal de Marcelino Reyes quedó en poder de César Reyes, uno de sus hijos y como se relata en el libro de Cáceres Freire se perdieron luego de su fallecimiento en 1958.

 

1595. Una rebelión diaguita da muerte a varios encomenderos. Tristán de Tejeda recibe orden del Gobernador del Tucumán, Pedro de Mercado Peñaloza, para pacificar el territorio sublevado. Luego de someter y castigar con todo rigor a los cabecillas, el Cabildo tomó medidas convenientes a “las cosas tocante al servicio de Su Majestad” como la apertura de cuadras para por las que están a la redonda de la ciudad hasta las chacras; así como señalando el valor de la diversidad de monedas circulantes, “por estar tasadas a muy subidos precios”.

 

1630-1655. Rebelión calchaquí desde Humahuaca a La Rioja. Gerónimo Luis de Cabrera invade el territorio de los indios Guandacoles, Capayanes, Tilimuquis y “otros más del valle de Famatina, que eran los más valientes y atrevidos.”

            Se “pacifican” los valles de Famatina y Vicioso (hoy San Blas de los Sauces) y Machigasta,“pero esto no impidió el bárbaro suplicio inventado por el general Cabrera contra el cacique Coronilla, célebre guerrero calchaquí, a quien el general Cabrera condenó a ser descuartizado vivo, en una granja de la Compañía de Jesús, a una legua de Nonogasta. Y soltando cuatro potros, arrastraron larga distancia el cuerpo del infeliz cacique, hasta que, llegando a las inmediaciones del cerro de Famatina, dispararon cada uno por diversos rumbros. ¡Bárbaro suplicio, que más tarde debía repetirse con el desgraciado Tupac Amarú, último descendiente de los Incas!.”( Padre Lozano, tomo IV Historia de la Conquista).

            “Tranquilizada de nuevo la provincia, después de vencida tan formidable rebelión, comenzó la tierra a ser dividida en mayorazgos, como el de Guanchin o Sañogasta, cuya perpetuación hasta nuestros días, por una tolerancia o indiferencia muy culpable de los gobiernos, es no sólo  un baldón y una ignominia, sino un sangriento ultraje a la civilización del siglo que termina!”

 

1681     “Los diaguitas de La Rioja pertenecían a la jurisdicción del gobierno del Tucumán; fue precisamente durante el gobierno de Fernando de Mendoza Mate de Luna, que se dio principio al fomento de la agricultura y la ganadería, al laboreo de las minas del Famatina, que los indios trabajaban sin descanso y sin otra remuneración que satisfacer la codicia de los avaros encomenderos y mandones”.

“Edificaban sus casas y aldeas con piedra seca, sin unidas con ningún elemento, como barro o argamasa, sistema que en quichua se denomina 'pirca'. Este mismo nombre suele dársele a la empalizada que protegía las viviendas o servía de corral. Trabajaban la tierra, de la que obtenían maíz, zapallo, porotos y quinoa; conducían el agua para el riego de sus cultivos mediante canales y acequias que ellos mismos construían. Criaban la llama, que les servía como animal de carga y además les proporcionaba lana, cuero, leche y carne; sus ropas consistían en una especie de camiseta larga o "uncu", que tejían con lana de llama. Con las tinturas obtenidas de extractos de fibras vegetales aprendieron a teñir sus hilados y a decorar las piezas de cerámica que fabricaban. Sabían fundir y trabajar los metales, con cobre, bronce, oro y plata hacían objetos de adorno y utensilios de uso diario, como cuchillos y cucharas. La cultura de los olongastas del sur, en cambio, era más rudimentaria que la de los diaguitas y capayanes. Formaban tribus de cazadores, muy parecidos en costumbres y creencias a los indios pampeanos. Diaguitas y capayanes enterraban a sus muertos, especialmente a los niños, dentro de urnas decoradas.”

 De esta cultura evidentemente se beneficiaron los jesuitas luego de que la cruz y la espada los conquistó y los sometió al vasallaje.

               “La servidumbre que los españoles impusieron a los pueblos originarios por medio de la llamada encomienda que adjudicaba tierras, incluida la población originaria que en ella hubiera y que fuera el origen de tantos pueblos riojanos como: Vinchina, Jagüel, Famatina, Guandacol, Sañogasta, Nonogasta, Pituil, Aimogasta, Aminga, Sanagasta, Olta, Atiles y Polco, está en el origen de la lucha por la propiedad de la tierra que tiñó la guerra civil dentro de las provincias del NOA.

               “Sus pueblos pastores y agricultores, los calchaquíes, herederos del modo de producción incaico en terrazas y canales de riego,  no aceptaron mansamente la invasión colonial. Resistieron el dominio colonial  como pudieron durante largos años, y en 1632 gestaron una gran rebelión, que fue aplastada con el terrible saldo de sus pueblos casi exterminados y los pocos sobrevivientes dispersos en “encomiendas”, muy lejos de su hábitat habitual.

               “El descuartizamiento del cacique Coronilla, en Nonogasta, durante la insurrección calchaquí, bárbaro antecedente del de Tupac Amaru, marcó en La Rioja la esencia de la barbarie inquisitorial del colonialismo español de la cruz  y la espada.  Primero lo ahorcaron, después lo descuartizaron, su cabeza fue clavada en el rollo de justicia de La Rioja y su brazo derecho en la picota de Londres de Pomán. (5)

 

Liga del Norte

  

1767    Expulsión de la Compañía de Jesús. “Los jesuitas de La Rioja habitaban en aquella época el ‘Colegio’ fundado por ellos en 1624, en que daban a la juventud la enseñanza primaria y secundaria. En ese mismo local estuvo establecido más tarde el Cuño y Casa de Moneda. Posteriormente el Tigre de los Llanos, como se le llamó al general don Juan Facundo Quiroga, se hizo adjudicar el terreno y edificio a cuenta de sus sueldos de general.” Los bienes de la Compañía pasan a ser administrados por la Junta de Temporalidades. “En esos momentos se ocupaban los industriosos Padres, en la administración de los cuantiosos intereses que poseían en el territorio de La Rioja, consistentes en templos, conventos, granjas, estancias, casas, solares, ganados, molinos, esclavos y hasta pulperías, que acrecentaban rápidamente el poder y la riqueza de los astutos Padres, más de dos siglos domesticadores de los neófitos, como ellos llamaban a los indios convertidos al cristianismo, pero nunca sus civilizadores.”

El subrayado es nuestro.

            La Estancia del “Guaco”, hoy Huaco perteneció a los jesuitas hasta su expulsión.

 

1776    Decretada la creación del Virreynato del Río de la Plata,  La Rioja fue anexada a la Intendencia de Córdoba de la que dependió hasta 1820 en que  proclamó su autonomía y se declaró provincia argentina bajo el sistema federativo de gobierno.  

 

            Comienza entonces a procesarse un cambio fundamental en las economías de La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta (Jujuy aún no estaba separada de Salta) y en parte de Santiago del Estero, al romperse el eje productivo NOA – Potosí.

 

1806.  Invasiones inglesas. El riojano Francisco Ortíz de Ocampo  (1771-1840) era segundo Jefe del Regimiento de Arribeños; “formado todo él de provincianos, se distinguió en la defensa de Buenos Aires, combatiendo a la par de los Patricios, Miñones, Andaluces, Gallegos y demás cuerpos españoles, y más tarde jefe de la expedición al Perú que mandó la  Primera Junta de  1810.”    

 

REVOLUCION DE MAYO

            El 29 de mayo de 1810 se decretó la creación de los cuerpos militares estables sobre la base de los batallones preexistentes, consolidados en los años inmediatamente anteriores a raíz de las invasiones inglesas y los malones de tribus indígenas. Surgieron en tal ocasión los regimientos 1 y 2 de Patricios; el 3, originado en los efectivos de Arribeños y las compañías de indios naturales; el 4, a partir de las milicias de Montañeses; y el 5, tomando a los elementos del Batallón de Andaluces.

 

La Rioja en 1810

            Se registraron 17.300 habitantes repartidos de la siguiente manera:

La Rioja                       3.500

Famatina/Chilecito       3.500

Arauco                         4.000

Guandacol                   2.800

Llanos                         3.500

            La provincia estaba dividida entonces en los siguientes “Departamentos”:

Guandacol que comprendía a Villa Castelli, Vinchina y Villa Unión.

Famatina que comprendía a Chilecito.

Arauco que comprendía  Castro Barros, Los Sauces y Aimogasta.

 

La denominación Los Llanos deriva de la poseedores coloniales de apellido Llanos que como se sabe no tienen nada de llanos como todo el sudeste y este de la provincia.

 

            El Cabildo de La Rioja el 1º de setiembre adhiere al movimiento revolucionario. Francisco J. Brizuela y Doria ofrece pagar el sueldo de dos soldados del cuerpo de Arribeños. El Administrador José Noroña y Lozada ofrece proporcionar los caudales que necesitase la Junta para la expedición auxiliar al Perú. Se elige diputado a la Junta central revolucionaria a José Nicolás Ocampo. En febrero de 1811 se resuelve crear un gobierno propio a La Rioja formado por una Junta de cinco individuos cuyo presidente sería el gobernador. Las Comandancias de armas continuaban ejerciendo el poder supremo. El Comandante de armas en La Rioja desde antes de la revolución era Prudencio Quiroga, padre de Facundo.

1811    Asonada del 5/6 de Abril contra la Primera Junta. Fusilamiento de los sediciosos.

1812     Otra tentativa sediciosa es reprimida el 7 de diciembre. El 8 de Octubre “se arrebata el gobierno a la Asamblea vinculando a ello a Ortiz de Ocampo, San Martín y Alvear. Más tarde, en 1815 se quita a Alvear y surge Alvarez Tomas. Las Provincias Unidas son gobernadas sucesivamente por una Junta, un Triunvirato y un Directorio hasta el año 1820. El general Ortiz de Ocampo fue dos veces gobernador intendente de Córdoba (1810 y 1814) y más tarde otras tantas en La Rioja. “Ortíz de Ocampo abrazó la causa de la revolución, poniendo su persona y cuantiosos intereses al servicio de aquella. Propiedades, esclavos, ganados y más tarde hasta sus mismos hijos, fueron sacrificados en el altar de la patria.” (1)

 

1814     Es nombrado teniente gobernador de La Rioja por Gervasio Posadas el teniente coronel don Francisco J. Brizuela y Doria a partir del 13 de junio. Realiza un censo de la población de La Rioja cuya cifra ascendió a 14.092 habitantes. Se envía una crecida partida de pólvora elaborada en  su territorio al gobernador intendente de Cuyo, general San Martín que más tarde se emplearía en la batalla de Chacabuco. 

 

            A principios de 1814 se vio llegar desde Chile por Sañogasta, dos viajeros con escopeta al hombro y dos mochilas. Se supo que eran aragoneses, de profesión mineros, de nombres Lahite y Chavarría. El primero llevaba unos pliegos dirigidos al general Osorio sobre movimiento de tropas realistas por la provincia de La Rioja. “El general Belgrano, a cuyas manos fue a dar el cuerpo del delito, ordenó fuese arcabuceado. A pesar de la gran suma de dinero que en rescate de su vida ofreciera al general Belgrano, la sentencia fue ejecutada. Lahite confió a su confesor el secreto de una gran cantidad de marcos de plata que en el mineral de Famatina tenía oculto. (Zinny).”

 

 

1815     Se nombra Teniente-gobernador a Ramón Brizuela y Doria (*)  dueño del vinculado de Sañogasta. Se plantea el primer antagonismo local en La Rioja.  Los Villafañe vecinos de la capital y campaña, que habían declarado a La Rioja independiente de Córdoba, cuando esta provincia se pronunció por el federalismo de Artigas, derrocaron a Brizuela el 15 de abril de 1816 con la ayuda o la neutralidad del Capitán de Húsares, José Caparroz quien se encontraba en La Rioja reclutando para el Escuadrón del Regimiento de Húsares. En ese momento el Congreso de Tucumán se encontraba reunido y era diputado por La Rioja el doctor Castro Barros quien denunció el hecho y se decretó el envío de una expedición militar confiada al teniente coronel Alejandro Heredia, quien repuso al Cabildo y al gobernador depuesto. La causa de este primer antagonismo local con enfrentamientos armados, fue el propósito de los Villafañe de separar a Castro Barros como diputado al Congreso con el fin de lograr mayor número de votos para el candidato Director Supremo al coronel Moldes, en lugar del general Pueyrredón.

(*) Ramón Brizuela y Doria sería fusilado por el fraile José Félix Aldao en el año 1841 en plena guerra civil.

 

1816                 La Rioja siguiendo los mandatos del Congreso de Tucumán y del general Pueyrredón a instancias de San Martín, que aceleraba en Mendoza la organización del Ejército de los Andes, contribuyó con un crecido contingente de tropas riojanas que pasó a formar parte del Regimiento 1 de Cazadores de los Andes. Antes de ello el gobierno de La Rioja había enviado 900 mulas al ejército del Perú, 30 quintales de pólvora a Cuyo, y 100 reclutas a Buenos Aires al escuadrón Húsares de la Unión.  Brizuela y Doria es reemplazado por Ortíz de Ocampo y poco después éste es sustituido por el coronel Martínez, a fines del año 1816.   

 

               El Congreso de Tucumán impone un empréstito forzoso a los europeos vecinos de La Rioja fijándose en 8.000 pesos teniendo en cuenta el alto número de “godos” residentes que poseían “no insignificantes bienes” en la provincia. (Muchos de ellos de una riqueza de origen minero)

 

               Declarada la Independencia el 9 de Julio en Tucumán, en Setiembre se jura la independencia en la provincia de La Rioja ante el pueblo y autoridades reunidas bajo la fórmula del juramento exigido por el Congreso, “de defender la independencia y libertad de estas provincias sosteniendo sus derechos hasta con la vida, haberes y fama”.

 

            “El Teniente Gobernador de La Rioja coronel Martínez  (nombrado a instancias de San Martín) ordena al comandante militar de Famatina que lo era entonces el señor don Nicolás Dávila, tuviese prontos para el 15 de Enero de 1817, dos escuadrones de milicias de caballería con un total de 120 hombres.

            Con este núcleo de fuerza, más 200 ‘llanistos’ y 12 soldados de línea del Ejército del Norte, que trajo de Tucumán, por orden del general Belgrano, el jefe de la expedición, teniente coronel don Francisco Zelada; y hecho el reconocimiento, como segundo jefe de la misma, del comandante Dávila, por el gobernador Martínez, marchó la expedición libertadora desde Guandacol, el 22 de enero de 1817 por la ‘Quebrada del Zapallar’ hasta avanzar el 1º de Febrero, unas 210 leguas de territorio chileno; y el 12 del mismo mes, la vanguardia, al mando del comandante don Nicolás Dávila, que había seguido el antiguo camino del conquistador Almagro, ocupaba la ciudad de Copiapó. Que coincidió con la memorable batalla de Chacabuco ganada por el general San Martín ese mismo día.”

 

 El pueblo riojano contribuyó en forma destacada en las luchas por la independencia con hijos de su tierra y tuvieron relevante participación en las campañas de San Martín y Belgrano.

 

La sociedad riojana desde la Revolución de Mayo

Extractamos párrafos del prólogo de  los Archivos de Juan Facundo Quiroga (Tomo I)  escrito por Ricardo Caillet Bois.

“El 28 de agosto de 1816 el teniente coronel Benito Martínez, merced a la influencia del general  San Martín, fue electo Teniente Gobernador, recibiendo el mando de manos del Cabildo. En los planes trazados por el Gran capitán, La Rioja iba a desempeñar un rol y en consecuencia resultaba imprescindible que estuviera al frente del  gobierno de dicha región un hombre de confianza: El Gran Capitán se entendió con él ‘sigilosamente’.

               Martínez ordenó al comandante de Famatina, don Nicolás Dávila, ‘tuviese preparados dos escuadrones de milicias para el 15 de enero (1817). En dichos escuadrones que formaban un total de 120 hombres, lo más selecto de la juventud riojana, se encontraba el capitán Miguel Dávila, hermano del comandante, el capitán (después general) José Benito Villafañe, el capitán Manuel Gordillo, los oficiales Mateo Larrahona, Noroña y muchos otros’. Contribuyeron a organizar esta patriótica empresa don Francisco J. Granillo, cura de los Llanos, capitanes Juan Fulgencio Peñaloza, comandante del Partido de los Llanos, don Pedro Antonio Gordillo de Anguinán, don José Nicolás Gordillo, de Arauco, Juan Facundo Quiroga y don Roberto Carmendi,  ayudante mayor de La Plaza de La Rioja, don Inocencio del Moral, don Domingo Villafañe y don Eusebio Dávila. Hombres que después habrían de enfrentarse en la guerra civil.

(véase  Crónica Histórica, sobre la Expedición que liberó Copiapó al mando del Coronel  Zelada)          

               El Director Pueyrredón reeligió para Teniente Gobernador de La Rioja al Coronel Diego Barrenechea el 24 de mayo de 1818.

               Este, volvió a la carga y una vez más abogó para obtener una ayuda destinada a desarrollar las labores mineras:  ‘Constituido este Pueblo –expresó en nota el 8 de junio – en un territorio árido, sin ríos ni lluvias para la agricultura, sin pastos para la cría del  ganado, sin población, ni comercio por su extravío’, lo único que podía contribuir a mejorar dicho cuadro, era arrancarle al cerro de Famatina sus fabulosos riquezas. Pero faltaban brazos pues la recluta había hecho salir de la provincia a un crecido porcentaje de jóvenes. Solicitó entonces se destinasen a La Rioja, 300 de los prisioneros capturados en los campos de batalla de chile. A fines de año, sin embargo, recibió orden para que moradores del distrito de su mando, se trasladasen a Buenos Aires donde serían empleados ‘en las faenas de las cosechas de esa Campaña.’ (Archivo de la Nación, La Rioja, Legajo 1817-1826, nº2)

               El 25 de enero de 1819 el Cabildo hizo conocer al Director supremo la composición del Ayuntamiento de acuerdo a la elección efectuada:

Alcalde de Primer Voto: José Prudencio Quiroga; 2º Toribio Mercado, Regidor primer  Alcalde Mao de aguas:  Angel  Mariano Pasos; 2º y Defensor de pobres y menores:  Baltasar Villafañe, Síndico Personero del  Comercio.

               La región había continuado su patriótica colaboración para sostener la lucha a muerte contra los ejércitos realistas.

               Centenares de cargas de harina, sal, maíz, vino, aguardiente; centenares de cabezas de ganado vacuno y mular;  cuatrocientos hombres entre desertores y reclutas, habían marchado –durante el gobierno de Barrenechea- con destino al  Ejército Auxiliar del Perú.  Y entre tanto la pobreza de la región llegaba a su límite. El comercio paralizado por la escasez de numerario; las familias ‘todas indistintamente reducidas a un aniquilamiento nunca visto’; la exportación de caldos (uno de los más importantes) prácticamente desaparecidos….

               Y la pobreza vino a sumarse así a las inquietudes políticas. … Las enormes distancias, la misma configuración geográfica, el abandono por parte del gobierno Central, las rivalidades de provincia con provincia, la difusión de la prédica artiguista, los problemas económicos  la misma idiosincrasia individualista del español, se complotarían para que La Rioja tratara de realizar en 1819, lo que no había podido llevar a cabo en 1815.

  

El Mayorazgo

            El gobierno de Buenos Aires, a fin de poner término a la ya interminable lucha entre las familias Dávila y Ocampo, que se hostilizaban sin tregua por la posesión del mayorazgo de Sañogasta, en esa época en poder de los Dávila, eligió en reemplazo del coronel Martínez, al de igual clase, don Diego Barrenechea, persona que no tenía vínculos de parentesco, ni aún sociales, con ninguna de las dos familias mencionadas puesto que el nuevo teniente gobernador no era hijo de La Rioja, ni tampoco vecino de ella. Ya la Logia Lautaro que se había preocupado de terminar las querellas entre Dávilas y Ocampos, había llevado a las dos familias a enlazar la señorita Solana Dávila, hija del ‘Vínculo’ don Ramón Brizuela y Doria, con don Amaranto Ocampo, para reconciliarlas. El coronel Barenechea cayó en breve bajo la influencia de los Dávila, que contaban también con el apoyo de don Prudencio Quiroga, padre del célebre caudillo don Juan Facundo.”

 

1818.

                El 31 de Enero la Gaceta de Buenos Aires destaca que mientras los Ocampo y los Dávila luchaban por la posesión de las tierras del Mayorazgo, resabio colonial, se organizaban para proporcionar y activar los auxilios en beneficio del ejército de la patria como lo habían hecho durante el gobierno de Martínez, “distinguiéndose los señores don Nicolás Carmona, cura y vicario de La Rioja, don francisco Nicolás Granillo, cura de los Llanos; presbístero Juan de Dios Villafañe; capitanes don José Benito Villafañe; don Fulgencio Peñaloza, comandante de los Llanos; don Pedro Antonio Gordillo, de Anguinán y don José Nicolás Gordillo, de Arauco; beneméritos capitanes don Juan Facundo Quiroga y don Roberto Carmendi; ayudante mayor de plaza don Inocencio del Moral, don Domingo Villafañe y don Eusebio Dávila.” (Gaceta de Buenos Aires).

 

El aporte de La Rioja a San Martín   

            “En Octubre el coronel Barrenechea reelecto teniente gobernador remitió al general en jefe del ejército del Perú, general don José de San Martín 30.000 arrobas de harina de superior calidad con sus respectivos sacos de cuero y aperos correspondientes en cien cargas, voluntariamente cedidos por los vecinos de Guandacol, Vinchina, Jague, Bateas y Anguinán a favor de los defensores de la patria, y el 24 de octubre, reconocimiento que hizo el Director Pueyrredón en la Gaceta en su número 94.”

 

            El Congreso de Tucumán que se había reinstalado en Buenos Aires, resolvió restituir a La Rioja al gobierno de Córdoba pero volvería a declararse Autónoma menos de dos años después.

            “Considerando el Cabildo que era demasiado gravoso para la industria vinícola el impuesto de tres pesos plata, que por cada carga de vino que salía de su territorio se pagaba en Córdoba, en clase de derecho extraordinario de guerra, ocurrió al Congreso sometiéndole un moderado plan de impuestos fiscales, fijado a la producción en general; al mismo tiempo que solicitaba se declarase municipal todo el producto de aquellos impuestos, con el objeto decía, de satisfacer las dietas del diputado doctor Castro Barros y reintegrar al Estado las que éste le suministraba.” Lo que fue aprobado por el Congreso.

 

Pedro Ignacio de Castro Barros, nació en Chuquis el 31 de julio de 1777. Ordenado sacerdote en Córdoba en 1800. Gobernador eclesiástico de Córdoba, fue tres veces Rector de la Universidad.

Cuando cayó el Gral. José María Paz, fue llevado preso a Santa Fe y Buenos Aires. En 1831 se exilia en Montevideo. En 1841 pasa a Santiago de Chile donde fallece el 17 de abril de 1849.

 

Se desencadena la guerra civil

            Los caudillos de Santa Fe y Entre Ríos, Estanislao López y Francisco Ramirez “reunieron su gente aprovechando la inacción del director Rondeau, y declararon la guerra al grito de ‘Federación’, que resonó en todos los ámbitos de las Provincias Unidas, so pretexto de que los derechos y los pueblos no estaban garantizados por la Constitución que se acababa de jurar por las demás provincias.”

            Tucumán se había constituído en República independiente bajo la presidencia de Bernabé Araoz. Santa Fe se declara autónoma en marzo de 1815 y Estanislao López (que era Comandante de Milicias, como Rosas y Quiroga)  es gobernador.  Corrientes y Entre Ríos eran también declaradas  autónomas y adhieren a la Liga del Litoral de Gervasio Artigas.

           

 

1820         El año de la anarquía.

Comienza la guerra civil

 

            En La Rioja en Enero de 1820, Francisco Villafañe al mando de una partida armada, destituye al gobernador Gregorio González, sucesor del coronel Barrenechea por orden de Francisco Ortíz de Ocampo, entonces gobernador de Córdoba.

 

            Se produce el Motín de Arequito. (ver Documento)

            Juan Bautista Bustos, Alejandro Heredia, José María Paz y Juan Felipe Ibarra fueron los inspiradores y principales ejecutores del motín del 8 de Enero de 1820.
            Juan Bautista Bustos y los tres jefes que lo secundaron, eran militares de carrera, patriotas que combatieron en la guerra de la independencia. Y comandaban Ejércitos de línea de la Independencia, con abundante armamento, infantería y caballería fogueada en la guerra.

            Se subleva en San Juan  el Regimiento Nº 1 de Cazadores de los Andes, que fuera en su gran mayoría integrado por riojanos, y encabezados por el capitán Mendizábal y los oficiales Corro y Aldao y matan a sus jefes García de Zequeira, Benavente y Salvadores.

                       

            “y el escandaloso motín militar, encabezado por el general don Juan B. Bustos, coronel don Alejandro Heredia y teniente coronel don José María Paz, el 8 de Enero de 1820, en la “Posta de Arequito”, no hizo más que acelerar la descomposición del organismo político nacional.” (1)

                       

            Se  disuelve el Directorio en Buenos Aires;  el general Rondeau delega el poder en el Cabildo que ordena el cierre de las deliberaciones del Congreso (que había declarado la independencia en Tucumán).

            El 20 de Junio muere el General Belgrano en medio de la anarquía en Buenos Aires.

 

            En La Rioja el general Ortíz de Ocampo es electo como gobernador y capitán general en propiedad, el 1º de marzo por “aclamación popular” hasta principios de 1821 cuando es depuesto por Facundo Quiroga.

            Durante el gobierno de Ortíz de Ocampo, que expulsa a los Dávila de La Rioja,  según Zinny (Tomo III pag.374) se produjo un intento de insurrección denunciado por el Sargento Oliva quien acusaba al presbístero Francisco J. Nicolás Granillo de encabezar la “revolucion”, de lo que resultó la prisión de gran cantidad de vecinos, entre ellos el señor Ramón Brizuela y Doria, a quien le remacharon dos barras de grillos, movimiento que obligó al gobernador a la fuga, “dejando el gobierno en poder de la soldadezca, que entregó el pueblo al saqueo. Al regreso del gobernador, poco después, hubo media hora de deguello en que perecieron varias personas rendidas y otras más fusiladas en el mismo día.” (Zinny, citado por Reyes).

 

            Los sublevados del regimiento Nº 1 de Cazadores de los Andes son derrotados en la “Posta de Jocoli” por el coronel Miguel Cajaraville y se dirigen a La Rioja.

            Ortiz de Ocampo convoca a las milicias de la provincia en número de 800 hombres concurriendo Juan Facundo Quiroga con un gran número de “Llanistos”.

            El 20 de agosto les sale al encuentro en “Los Colorados” a 20 leguas al S.O. de la ciudad de La Rioja. Corro y Aldao al frente de los Cazadores de los Andes triunfan en la batalla y entran a La Rioja que es saqueada por varios días.

           

               Después Corro se dirige al Norte y Aldao retorna a Cuyo “De paso por los Llanos, se estacionó en la costa alta, residencia habitual del “Comandante General de campaña”, quien con 100 hombres de la fuerza de Aldao, con que lo auxilió a éste y algunos “llanistos”, se presentó en la ciudad, depuso al gobernador Ortíz de Ocampo y colocó en su lugar al señor don Nicolás Dávila, que se hallaba expatriado en Tucumán, perseguido por los Ocampo, sus eternos rivales.”(Reyes)

               Mientras regresaba es nombrado director militar el coronel don José Benito Villafañe, uno de los principales tenientes de Quiroga, quien de regreso a los Llanos desarma a Aldao, da de baja a la mayor parte de su tropa y el resto queda a sus órdenes en el paraje de Atiles.

 

               Facundo Quiroga depone al gobernador Ortiz de Ocampo y pone en su lugar a Nicolás Dávila.

 

1820/23

 

            En 1821 La Rioja no responde a la convocatoria a un congreso Nacional constituyente a realizarse en Córdoba que invitaban Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, Santiago del Estero y Jujuy. La convocatoria fracasa por la desconfianza en el gobernador de Córdoba por su papel en la sublevación de Arequito.

            En La Rioja se produce un episodio que marcaría el inicio de un enfrentamiento local que derivaría en una lucha armada.

            El Gobernador Nicolás Dávila (1821/1823) envía a su hermano Miguel a apoderarse de la gran cantidad de armamento que tenía Facundo Quiroga, Comandante General de Campaña, en convivencia con el capitán Araya de las fuerzas de Quiroga. El intento fracasa, Araya es fusilado y Miguel Dávila regresa.

            “De regreso de San Juan supo Quiroga que el coronel Moreno, durante su ausencia, habíase marchado sobre La Rioja al frente de una respetable fuerza de “Llanistos” a castigar la insólita conducta del gobernador.” (Reyes)

            Quiroga logra que Moreno contramarchase a Atiles, (en la “Costa Alta”), mientras  él marcha a parlamentar con Dávila en Chilecito, “nervio del poder del gobernador Dávila donde residían sus numerosos parientes y amigos que debían apoyarlo eficazmente en el gobierno.”

            “A esta circunstancia se agregaba la importancia comercial que había adquirido Chilecito con la explotación del mineral de Famatina y el consiguiente acrecentamiento de la población, que afluía de todas partes por el desarrollo que adquiría la industria y el comercio. Mas bien por alejarse de la tutela que Quiroga quería ejercer sobre el gobernador, que con motivo del desarrollo de la industria minera, Dávila trasladó su residencia a Chilecito y estableció una Casa de Moneda provincial, abandonando el asiento legal del gobierno, que era la ciudad de La Rioja, capital de la provincia.” (Reyes)  El subrayado es nuestro.

 

            “En seguida (Dávila) principió a aprestarse militarmente con febril actividad, utilizando hasta las campanas de los templos para fundir cañones; compró armamento y municiones y movilizó fuerzas que puso a órdenes de su hermano don Miguel, que figuraba en el  ‘escalafón del ejército riojano’ con el empleo de General.”

            “Por su parte, Quiroga tampoco se quedó atrás en los aprestos bélicos y todo presagiaba el abundante derramamiento de sangre de hermanos.” (1)

            El 9 de marzo de 1823 la Legislatura de La Rioja exonera del mando a Dávila y asume el Poder ejecutivo. Dávila ordena al coronel Nicolás Gordillo a apresar a los diputados. La Legislatura se traslada a Patquía donde delibera para evitar un choque entre ambos ejércitos.

            Cabe decir aquí que las fuerzas de Nicolás Dávila (recordar su rol en la liberación de Copiapó) eran numerosas y poseedoras de buen armamento. Lo mismo Quiroga que como Comandante de Milicias poseía también muchas armas y tropa.

            Los gobernadores de San Juan y Mendoza conocedores de la situación, envían a Manuel Corvalán en misión de buenos oficios para evitar la contienda y al efecto, debía exhibir documentos oficiales y cartas particulares, entre ellas, una del General San Martín. Según Reyes, Dávila rechazó la gestión.

            “El 28 de marzo de 1823 se libró éste (el combate) en el paraje “El Puesto” a inmediaciones de la capital, favoreciendo a Quiroga la suerte de las armas”. En el combate pereció el general don Miguel Dávila –quien intrépidamente acometió al caudillo y lo alcanzó a herir en un muslo de una lanzada, siendo después rodeado y muerto por los enemigos – y a más, varios individuos de tropa, tomándoles un crecido numero de prisioneros, que fueron puestos en seguida en libertad.”

            Ese mismo día la Legislatura nombraba a Facundo Quiroga gobernador de La Rioja, cargo en el que permaneció hasta el 22 de Julio del mismo año, designándose entonces al señor Baltazar Agüero, “persona honorable y de distinguida posición social” (1) quien gobernó hasta Julio de 1825. Durante su gobierno se creó la Casa de Moneda y se remitió al gobierno de Buenos Aires, las dos primeras monedas de oro que produjo el nuevo cuño establecido.

           

1823-1827

            En Buenos Aires el 27 de Febrero la Junta de Representantes de la provincia de Buenos Aires, designa a Martín Rodríguez quien nombra de ministros a Rivadavia y Manuel García quienes invitan a las provincias a designar representantes al Congreso General Constituyente.  El Abril es elegido el general Gregorio de las Heras gobernador y capitán general de la provincia. La mayoría de los gobernadores de las provincias resolvieron que el Congreso se realizara en Buenos Aires.

            La Rioja elige como sus representantes a Santiago Vázquez, oriental, y a Eusebio Ruzo, nativo de Catamarca.

            El 23 de enero de 1825 el Congreso resuelve encargar al gobernador de Buenos Aires las funciones del Poder Ejecutivo Nacional en forma provisoria.

            Ese año el Congreso dispuso realizar un Censo en todas las provincias. La población de La Rioja se estimó ese año en 25.000 habitantes.

            El 23 de Julio de 1825 renuncia el gobernador  Agüero y se designa al coronel Silvestre Galván, hombre de confianza de Quiroga. Quien ejerció hasta Setiembre de 1827.

            Durante el ejercicio de su mando, se abrió un camino carretero de La Rioja a Córdoba “acordando con la sociedad del Banco de Rescates y Casa de Moneda, de que era presidente el señor don Braulio Costay su principal accionista el general don Juan Facundo Quiroga – abrirlo a medias (con Córdoba) en lo que comprendía el territorio riojano.”

           

            El Congreso General Constituyente se instala en Buenos Aires el 16 de Diciembre de 1825 y establece que la Constitución que sancionase, sería ofrecida a consideración de las provincias y no seria promulgada ni establecida en ellas hasta que hubiese sido aceptada.

            El 7 de Febrero de 1826 era elegido por el Congreso, Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el ciudadano Bernardino Rivadavia.     

            El diputado por Salta y Jujuy Francisco Castellanos había sido comisionado para a La Rioja debiendo regresar porque el gobernador Galván estaba en hostilidades con el de Catamarca y no podía reunir la Legislatura.  José Benito Villafañe, “brazo derecho de Quiroga” ejercía como gobernador delegado. Sin embargo, el mismo gobierno nacional lo designaba jefe de las fuerzas de la provincia.

 

            El Congreso somete a consideración la creación del Banco Nacional, proyecto que establecía que no podrá crearse otro Banco en todo el territorio del Estado, cuyo capital exceda de un millón de pesos, y sin que pueda gozar del privilegio de acuñar moneda por ser exclusivo de éste.

            El representante riojano Vázquez que había sido designado a instancias de Braulio Costa, se opone al proyecto por ser violatorio de “los derechos adquiridos por la empresa de Famatina”. Braulio Costa era entonces director de la sociedad “Minas de Famatina” y comandaba junto a Facundo Quiroga la explotación de las minas de la provincia y la amonedación exclusiva del oro y la plata que produjeran.

            Se desata así el conflicto de intereses entre el poder central y el de la provincia autónoma cuyo gobierno era dominado por Facundo Quiroga

            “El asunto de las minas de Famatina había sido tratado, según el doctor López (V.F. López, Tomo IV) entre el señor Rivadavia, en la época en que era ministro del general Rodriguez,  y algunos capitalistas argentinos entre los que hacía cabeza el señor don Braulio Costa. Rivadavia prefirió después prescindir del señor Costa y demás socios y llevar el negocio a Londres, entrando en tratos con los señores Hallet hermanos y compañía.

            Pero los otros (según V.F. López) no se conformaron con esa tardía repulsa, y dirigieron sus esfuerzos y sus agentes a Las Rioja y Córdoba, donde fácilmente se entendieron con Quiroga y Bustos, logrando hacerse conceder el privilegio exclusivo para la fundación de un Banco de rescates de pastas y amonedación de metales, con el título de “Compañía de las Minas de Famatina”.

            “Resultó pues, de aquí, que cuando en Inglaterra se emitían y cotizaban las acciones de la sociedad formada bajo los auspicios del señor Rivadavia, aparecieron allí mismo otros avisos llamando accionistas para la compañía autorizada por Quiroga, y formada aparentemente en Buenos Aires.”

            A fines de 1825 había llegado a La Rioja representantes de una sociedad de porteños y comerciantes ingleses, mineros de Inglaterra y Alemania que proponían explotar el mineral de Famatina, entre ellos Carlos von Pformeg, científico, Federico Las, y el inglés Mr. French.

            Fue entonces cuando Quiroga creó ese pendón  “Religión o Muerte” basada en el rechazo a los “herejes” no católicos. La Legislatura a instancias del gobernador Galván resolvió no reconocer en la provincia a Rivadavia como presidente ni algunas leyes emanadas del congreso y declarar la guerra a todos los que no fueran católicos, apostólicos romanos.

            “Fue entonces que arreció la guerra civil”.

 

                         La Rioja rechaza la Constitución de 1826 que establecía entre otras cosas, que los gobernadores eran  designados por el Poder Ejecutivo nacional.  El conflicto sin embargo dividía también a los sectores dominantes de La Rioja, donde los Dávila habían sido desplazados del gobierno y del negocio de la minería.

            “Fue entonces que arreció la guerra civil”.

            Una de las decisiones del Congreso General constituyente, en la sesión del 25 de octubre de 1825 fue el reconocimiento de la Provincia Oriental como parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata “que por derecho ha pertenecido siempre y quiere pertenecer” (como quería Artigas). Hecho que determinó la declaración de guerra del Emperador del Brasil al gobierno argentino resolviendo bloquear el puerto de Buenos Aires.

            La declaración de guerra despertaría la adhesión de todas las provincias; López en Santa Fe, Bustos en Córdoba, Ibarra en Santiago del Estero, Quiroga en La Rioja, etc. se comprometieron a la formación de cuerpos de línea para engrosar las filas del Ejército Nacional que a las órdenes del general Martín Rodríguez había pasado el Río Uruguay.

            El entonces coronel Lamadrid es enviado a Tucumán a concretarse a la organización y remonta del regimiento 15 de caballería a su mando, pero impulsado por la oposición al gobierno del gobernado Javier López, lo destituye y se nombra gobernador.

 

            El general Las Heras promueve su remoción. Los gobernadores de La Rioja, Santiago, y Córdoba con la aprobación de Las Heras, designan al ya general Juan Facundo Quiroga, marchar a Tucumán a reponer la autoridad derrocada.

            “Quiroga, que siempre tenía sed de combatir, no se hizo esperar mucho para ponerse en movimiento;  con la rapidez admirable con que procedía en sus campañas militares, marchó sobre Tucumán llevando 200 infantes y sus después célebres “Auxiliares”, que por la primera vez iban a medir sus lanzas fuera de los límites de La Rioja. A su paso por Catamarca derrotó en Coneta las fuerzas que le opuso el gobernador Gutiérrez causándole once muertos y veinte prisioneros. El gobernador de Catamarca acababa de reconocer al Presidente de la República, y este paso le enajenó la voluntad del general Quiroga, que ya se había declarado abiertamente enemigo de la presidencia del señor Rivadavia por el asunto de las minas de Famatina y Casa de Moneda de La Rioja.

            El coronel Lamadrid, al frente de las tropas organizadas en su provincia, sale al encuentro del general Quiroga; (…) y en el pasaje ‘El Tala’ se libra el combate entre ambos jefes, que fue encarnizado y sangriento, quedando completamente derrotadas las fuerzas tucumanas y su jefe acribillado de heridas.”

 

            El 27 de Junio de 1827 renuncia Rivadavia. Se designa presidente a Vicente López hasta tanto se reuniera una Convención Nacional.  Se disuelve el Congreso General Constituyente por el retiro de los diputados de las provincias.

 

 

            El 29 de Junio Quiroga e Ibarra derrotan en “Palma Redonda” a la vanguardia de Lamadrid al mando del coronel José Ignacio Helguera. El 6 de Julio el ejército al mando de          Quiroga derrota en “El Rincón” al ejército a las órdenes del coronel Gregorio Aráoz de Lamadrid.  Según Sarmiento (Obras, tomo VII, pag. 116) de los 110 hombres de infantería de La Madrid, fueron muertos sesenta y excepto uno, los cincuenta restantes estaban heridos y prisioneros.

            Según Reyes cuando La Madrid creía que el triunfo era suyo, las milicias salteñas que se  le habían sumado, abandonaron sus banderas pasándose a Quiroga lo que produjo el desbande general del ejército tucumano. Acompañaba también a La Madrid  una fuerza de colombianos mercenarios comandada por el “famoso” comandante Matute.

            “El triunfo de Quiroga en el ‘Rincón’ fue completo. Doscientos muertos, ochenta y cinco prisioneros, tres piezas de artillería e infinidad de armamento y municiones. Con razón repercutió tanto ese triunfo en casi todas las provincias que se habían mantenido adictas al gobierno del señor Rivadavia; obligándoseles a verificar cambios políticos más o menos bruscos, a la vez que a manifestar su adhesión al general vencedor, en quien reconocían al jefe más caracterizado del Federalismo en el interior de la República!”

            Quiroga exigió una contribución de 24.000 pesos “como parte de los gastos que me ocasionó la injusta guerra declarada contra mi por esta provincia”, y  “por todas las pérdidas que he sufrido en mis negocios.”según carta a Lamadrid que publica Antonio Zinny en su obra Tomo II pags. 497.

 

            Mientras tanto se desarrollaba la guerra contra Brasil

           

            El 27 de Agosto de 1827, verificada la elección de 47 representantes se instala la Legislatura de Buenos Aires y elige gobernador y capitán general de la Provincia al coronel don Manuel Dorrego.

            De inmediato se propone aumentar el ejército en operaciones contra el Brasil para elevarlo a 12.000 hombres.

            Para Cuyo y La Rioja encomendó al coronel Juan de la Cruz Vargas quien fue recibido por Quiroga, el gobernador.

            “En el diario ‘El Correo’ del 16 de Octubre, se registra la contestación de Quiroga ofreciendo organizar un regimiento de 700 hombres, a cuya cabeza es probable que marche él mismo.”

            “La paz con el Brasil, que se llevó a cabo meses después, ahorró a la República nuevos sacrificios de hombres y dinero, en la guerra tan honrosamente sostenida por el valiente ejército republicano.”

 

            En septiembre de 1827 era nombrado gobernador y capitán general de la provincia de La Rioja, José Patricio del Moral, quien, tiempo después, se enemistara con Quiroga.

            Según Sarmiento (Tomo VII, pag. 117) “el gobernador Moral fue quien sugirió la idea a Quiroga de pasar  una cuenta al gobernador Dorrego de 18.000 pesos, para que le abonase los costos de la expedición a Tucumán. Dorrego se apresuró a satisfacer tan justa demanda. Esta suma se la repartieron entre él y Moral. Años después en San Juan le daba 700 azotes a este mismo Moral en castigo de su ingratitud”. Según la leyenda de Sarmiento, Del Moral habría compuesto unos versos (*) cuando Quiroga ya estaba en Buenos Aires después de su derrota en la batalla de Oncativo ante el general Paz.

(*)

“Marchemos, marchemos

no seamos tan viles;

Vamos a matar

Al tigre de Atiles.

Religión o muerte

Dice tu pendón.

Saqueas y matas

Y es tu religión.”

           

1828-1830

            El 20 de Noviembre de 1828 desembarca en Buenos Aires la Primera División del ejército nacional al mando del general Enrique Martínez bajo las órdenes del general Juan Lavalle.

 

            El 1º de diciembre, “obedeciendo órdenes de Lavalle se sublevaba en la plaza de la Victoria contra el gobierno del coronel don Manuel Dorrego. Retirado a la campaña el señor Dorrego e incorporado en El Monte a las milicias que tenía reunidas el Comandante general de campaña, coronel don Juan Manuel de Rosas, se proponía reunir un ejército más o menos disciplinado, para resistir y vencer a los revolucionarios que lo había depuesto del mando gubernativo de la presidencia.”

            “El general Lavalle …. se puso en marcha con 700 coraceros y lanceros y el día 9 derrocaba en Navarro, después de una fácil carga de los vencedores de Ituzaingó, las milicias del gobernador Dorrego y Rosas, que fueron perseguidas y lanceadas sin cuartel.”

            “Capturado a los pocos días en el ‘Salto’ el gobernador Dorrego por la perfidia del coronel don Bernardino Escribano jefe accidental del regimiento de Husares, fue conducido al campamento de Navarro, por el coronel Rauch, con una escolta de 50 hombres.”

 

            El 13 de diciembre por orden de Lavalle, Dorrego es fusilado. La Madrid compañero de Dorrego en las batallas por la Independencia, interfiere en vano para evitar el crimen.

 

            “Al tenerse conocimiento en el interior de la República, de la ejecución del infortunado gobernador Dorrego, varias provincias se aprestan a la guerra contra el jefe revolucionario, que acaba de ensangrentar el país arrojando ante los pueblos azorados el cadáver de un ilustre mandatario, lleno de indisputables méritos como militar y como hombre de Estado, que era además una verdadera gloria nacional.” (1)

 

            San Juan el 22, Mendoza el 24 y La Rioja el 29 de diciembre se pronuncian contra Lavalle. Quiroga escribe: “el que habla no puede tolerar el ultraje que V.E. ha hecho a los pueblos en general, sin hacerse indigno del honroso título de hijo de la patria, se esta vez mirase con frente serena la suerte de la República, en manos tan destructoras sin tomar por su parte la venganza que desde ahora le protesta.”

           

            Dorrego había reclamado la presencia de San Martín durante la guerra con Brasil. San Martín después de 76 días de navegación llegó a Río de Janeiro en enero de 1829 cuando tuvo conocimiento del golpe de Lavalle. El 5 de febrero arribó a Montevideo donde conoce el fusilamiento de Dorrego. Lavalle le hace llegar a San Martín diversos ofrecimientos. San Martín resuelve no intervenir a favor de ninguno de los sectores enfrentados. El 12 de febrero por la tarde el barco levó anclas de Buenos Aires rumbo a Montevideo. San Martín se alejaba para siempre.

 

            En Marzo de 1829 el general Paz marcha a Córdoba a derrocar al gobernador Juan B. Bustos. Es importante destacar aquí la fuerza militar que comandaba Paz, porque esto refleja la participación de lo que fueran los ejércitos de la Independencia, divididos y volcados a la guerra civil:

            “con una división de las tres armas, compuesta de 80 artilleros y 4 piezas de campaña; dos batallones de infantería (2 y 5), con 550 plazas; el famoso regimiento 2 de caballería, con 250 de tropa, y 90 reclutas que componían el escuadròn de voluntarios del coronel La Madrid; el todo alrededor de mil individuos de tropa.” (Memorias del general Paz, tomo II).

 

            Paz derrota fácilmente a Bustos en San Roque (hoy un centro turístico alrededor del dique) quien se dirige a los Llanos de La Rioja en busca de la protección de Quiroga, quien se preparaba para invadir la provincia de Córdoba y batir a Paz.

            Quiroga se dirige entonces al gobernador del Moral “exigiéndole vestuario, correaje y once mil pesos en dinero, por lo menos, para la tropa, en el término de seis días. Vencido el plazo sin haberse reunido el total de los once mil pesos, emprendió Quiroga su marcha sobre Córdoba.”  El gobernador reunió el dinero de la Casa de la Moneda que hizo llegar a Quiroga.

            Según Reyes, Quiroga ya se entendía con “subalternos” del gobernador y refiere que el Caudillo había ordenado al comandante Arias que pasara por las armas a 52 desertores de su ejército, mientras del Moral se dirigía al departamento de Famatina a esperar los sucesos de Córdoba.

            Paz había ocupado Córdoba y se impuso como gobernador. Intentó negociar con los gobernadores de Cuyo, Catamarca y con Quiroga, encargando al Dr. Castro Barros la misión conciliadora, que éste no aceptó, designando entonces al coronel Faustino Allende que operaba en Zerrezuela, quien encomienda la tarea a Nicolás Arce, quien es devuelto por Quiroga rechazando la misión.

            En Mayo Quiroga y las fuerzas de Bustos se dirige a Zerrezuela y desde ahí a San Luis a recibir contingentes de Cuyo y con 5.000  hombres penetra en Córdoba. Quiroga ocupa la Ciudad de Córdoba sin que Paz llegara desde Anisacate a evitarlo.

            Quiroga habría dejado su infantería en Córdoba y fue con su caballería a situarse en La Tablada a 5 km. de la Ciudad.

            Existe una voluminosa bibliografía sobre la batalla, incluyendo las Memorias de Paz y los documentos de Quiroga.

            La batalla del 1º de Junio a la una de la tarde “fue una de las más reñidas y sangrientas que se registran en los anales de la guerra civil argentina”, según Reyes.

            Dice Paz: “Vencidos, perseguidos, acosados por todas partes, arrinconados en las quiebras del terreno, se defendía con la rabia de la desesperación; hubo hombres que inutilizadas sus armas, las arrojaban y tomaban piedras para defenderse individualmente; y uno de nuestros generales, experimentado en las guerras de la independencia, me dijo: ‘me he batido con tropas más aguerridas, más disciplinadas, más instruidas, pero más valientes jamás.’”

 

            La tragedia de la guerra civil habría de ensañarse en La Rioja entre su pueblo y en el seno de todas sus clases sociales.

            Se refiere en el Bosquejo Histórico de M. Reyes, que vuelto Quiroga a La Rioja, ante el temor de una avanzada de Paz sobre la provincia, “mandó publicar un bando, por el que ordenaba que todos los vecinos, grandes y chicos, sin excepción, se retirasen a “los Llanos”, llevando sus ganados, víveres,etc., bajo las más terribles penas a los que desobedeciesen. Debían quemar lo que no pudiesen conducir, a fin de retirar todos los recursos del enemigo. La orden de emigración general fue cumplida al pie de la letra, teniendo los habitantes que salir de la capital, muchos de ellos a pie, en dirección a los Llanos.”

            En efecto, Paz desprendió la División tucumana y salteña al mando de Javier López y José Ignacio Gorriti, a quien acompañaba el viejo general Francisco Ortíz de Ocampo, (ver su actuación en Cronología) para hostilizar a Quiroga y evitar su rearme.  En efecto, “ocuparon” La Rioja que encontraron vacía, para retroceder en breve.

            El lector podrá imaginar el daño infligido a la ciudad de La Rioja en esta etapa de la guerra.

            La Gaceta Mercantil del 9 de Febrero de 1830 registra:

            “Comunicación fechada en Tama (lugarejo de los Llanos) a 28 de octubre de 1829, dirigida por don Juan Manuel de la Vega, comisionado de Catuna, al alcalde ordinario de Malanzán, don Pablo Carvallo, a quien hace saber el saqueo de La Rioja sin reservar los templos por los soldados y oficiales de las fuerzas de los generales Javier López y José Ignacio Gorriti, don Francisco Ortíz de Ocampo, coronel Puch, don José P. del Moral, Padre Campana y un capellán del ejército. La iglesia de Santo Domingo fue saqueada durante tres días consecutivos (¡cómo sería de rica!) por los soldados y oficiales. La Matriz fue reservada para los jefes que estuvieron la mayor parte de una noche a puerta cerrada.”

 

               También se tejió la leyenda (que siempre tiene algún viso de realidad) que luego de la derrota de Quiroga,  sus adversarios celebraban con júbilo en una tertulia o baile en casa de los señores del Moral creyendo que el Caudillo había sido derrotado para siempre. Según lo escribe Reyes, Quiroga mismo sin ser reconocido, verificó tal ofensa y mandó una partida armada con la orden de traer a todos los hombres que se encontraban en la reunión, y al día siguiente en la plaza principal, eran fusilados once personas que la noche antes habían festejado su derrota, mencionándose entre las víctimas a Inocencio del Moral y sus dos hijos Ramón y Juan Pablo, Pedro  y Tomás Gordillo, Ezequiel Acosta, Domingo Sotomayor, Carlos Fortuer (alemán), Pedro Ignacio Barrios, Teodoro Corro y Angel  Mariano Pazos.

 

               Quiroga comienza a organizar un ejército más numeroso y disciplinado que el derrotado en La Tablada. Envía al general  José Benito Villafañe, su segundo en el mando a Catamarca a procurarse recursos y medios de movilidad. Como veremos aparte, la “logística” era fundamental, y así, además de procurarse caballos, mulas y ganado se requerían carros para el transporte.

               En el camino Villafañe derrota el 7 de enero de 1830 a una fuerza del ejército de Paz que se encontraba en Catamarca.

               Reyes en su Bosquejo cita a Antonio Zinny (Obra, tomo III) quien calificaba a Villafañe como “digno discípulo de Quiroga, formado en su escuela de sangre y de rapiñas; sino superaba a su maestro o por lo menos igualaba sus actos de ferocidad y de barbarie” relatando órdenes de fusilamiento si no se le entregaba el dinero que exigían al gobierno de Catamarca.

 

            El 10 de enero desde Mendoza, el general Quiroga escribe a Paz una extensa carta (se publica íntegra en el Bosquejo) en el que realiza proposiciones de paz a fin de evitar la efusión de sangre entre argentinos. Un párrafo de ese extenso documento señala:

               “La sangre se vierte ahora, es verdad. Se verterá  acaso infinito; pero el mundo imparcial  la severa historia dará la justicia al que la tenga, entre los que intentan dominar y los que pelean por no ser esclavos. Este es el sencillo punto de vista en que debe considerarse la cuestión que nos divide, y esta sin duda la razón que decidiera al mismo general Paz, cuando, en Arequito, tomó una principal parte a las órdenes del general Bustos.

               Por esta misma cuestión se ven los regimientos y los ejércitos de las Provincias Unidas sembrados en el vasto cementerio que se ha hecho de sus campos.

               Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y casi todos los pueblos han sufrido incursiones de tropas territoriales, con el solo objeto de dominarlas.

               ¿Qué resta señor general? Un ejército que había costado inmensos sacrificios, un ejército que en alas del pundonor nacional se había formado a incalculables esfuerzos de las provincias,  que costaba media existencia a los argentinos, ni bien se distrae de su objeto, cuando lanzado sobre las provincias se ha proclamado conquistador.

               Estas garantías o probabilidades de una segunda paz sólo pueden ofrecerse en las Constitución del país. Las pretensiones locales en el estado de federación, las provincias serán despedazadas tal vez; pero jamás dominadas. Al cabo de estos principios, el general que firma y sus bravos han jurado no largar las armas de la mano hasta que el país se constituya según la expresión y voto libre de la República.”

           

            El fracaso de las negociaciones (Quiroga comisionó al oficial Tablada) y Paz había comisionado a Eduardo Bulnes y  posteriormente al mayor Wenceslao Paunero a negociar bajo la condición que Quiroga no pisara el territorio de Córdoba hasta después de rotas las negociaciones si no tenía lugar un arreglo. Pero el general Villafañe ya había incursionado por el norte de Córdoba con 1.500 hombres.

            El 25 de febrero volvieron a medirse los ejércitos al mando de Paz y Quiroga en la batalla de Oncativo o Laguna Larga, siendo completamente derrotado y disperso el ejército integrado por  riojanos, mendocinos, puntanos, sanjuaninos y de otras provincias.

 

            “Seiscientos prisioneros, ocho piezas de artillería, mucho armamento, inmenso número de caballadas y boyadas, con cerca de cien carretas, fueron el  fruto de la victoria. Félix Aldao, el coronel Juan de la Cruz Vargas y otros jefes y más de 30 oficiales, cayeron en poder del vencedor.” (Memorias de Paz).

 

            “Me vencieron con juegos de contradanza” diría Quiroga. En realidad, fue la “tecnología” militar y la experiencia de los gloriosos ejércitos de la independencia bajo la dirección de un militar experimentado quienes esta vez, jugaron las armas de la Nación contra un ejército popular integrado también con algunos jefes que también lucharon por la Independencia y junto a San Martín, pero integrado con labradores, arrieros y gauchos de las provincias pobres que seguían a sus jefes y marcaban así la trágica época de la guerra civil.

 

               Es en estas batallas donde se registra la valiente participación de quien sería más tarde, un combatiente contra Rosas y Buenos Aires: Angel Vicente Peñaloza, el “Chacho”.

 

            Quiroga se retira a la Buenos Aires de Rosas donde establece su residencia.

            El general José Benito Villafañe con 1.500 hombres si dirige a Zerrezuela y de ahí a los Llanos.

            José Benito Villafañe que conserva su división en los Llanos,  se hace elegir gobernador de La Rioja reemplazando a Gaspar Villafañe que recibió la gobernación por renuncia de Del Moral.

            Paz envía a La Madrid a La Rioja. El general  Villafañe se retira  y se nombra a Gaspar Villafañe.

            Se firman los “Tratados de Zerrezuela” el l5 de marzo donde Paz exige al gobernador de La Rioja, entonces Gaspar Villafañe, la entrega de las armas en su poder, la licenciatura de las tropas y el envío a San Juan las de esa provincia.

            La Madrid llega a La Rioja y se hace gobernador. Gaspar Villafañe le entrega el mando y le dice:“la provincia toda llena del más alto júbilo sabrá llamarse por una y mil veces feliz, por haberle tocado en su seno al héroe de la patria, al libertador de esta provincia, al amante de sus compañeros y conciudadanos; La Rioja será feliz después de tanta penurias sufridas por un tirano que la oprimía.”

 

            El gobierno de La Madrid durante 8 meses en la provincia de La Rioja, caracteriza la personalidad y la crudeza guerrera de quien fuera un heroico soldado de la independencia, enfrentado a muerte con Quiroga.

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1830 a Barranca Yaco

 

            El 5 y 3 de Julio de 1830 los gobiernos de Córdoba, Catamarca, Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja celebran un tratado de paz, amistad y alianza ofensiva y defensiva al mismo tiempo otro tratado para combatir los “males que causaba el comercio clandestino a la moral pública y  a los intereses del estado.”

            Testimonio de que en medio de la guerra civil algunos emprendedores se dedicaban a los negocios.

            Firma el tratado por La Rioja el Dr. Ventura Ocampo. Un mes después los gobernadores de las seis provincias y los de Santiago del Estero, Tucumán y Salta que habían adherido a la convención, nombraban jefe supremo de las fuerzas de línea y milicias de dichas provincias hasta la instalación de la autoridad nacional al gobernador de Córdoba y comandante en jefe de su ejército, general José María Paz.

 

            La Madrid había dictado una “ley” el 5 de Junio  de 1830 declarando proscriptos Quiroga y Benito Villafañe autorizando a perseguirlos y ejecutarlos con la pena capital, así como a aquellos que les prestasen asilo (A. Zinny). Dicha ley estaba aprobada por la Legislatura integrada en ese momento por Fray Juan Manuel Cernadas, Manuel de la Vega, Amaranto Ocampo, Jacinto del Rincón, Nicolás González, Tomás Valdéz (español) y Mateo Vallejo. La Madrid comunicó a los ex gobernadores Nicolás Dávila, Patricio del Moral y Gaspar Villafañe dicha resolución.

            Quiroga ya en Buenos Aires escribe en el periódico La Aurora  (9 de agosto 1830) una autodefensa en uno de cuyos párrafos expresa: “Espero que aquellos individuos que no tengan algún interés en creerme tal cual me retratan mis pobres competidores, suspendan hasta haberme oído el dar ascenso a las imposturas con que se me denigra, sin otro motivo que la oportunidad que presenta mi desgracia.” (Reyes)

            Durante la permanencia de La Madrid en La Rioja, éste incursionó en Mendoza para defender al gobernador coronel  Videla Castillo que era amenazado por Aldao y Corvalán aliados con el cacique Pincheira.

            “Más tarde incursiona en los Llanos en persecución de quienes habían asesinado al coronel Melián y sus compañeros. “Alcanzados aquellos fueron sacrificados más de 200 de los sublevados sin que hubiera cuartel para ninguno de ellos.” (A. Zinny)

            “Durante el gobierno del coronel La Madrid, se encontraron en San Antonio (paraje de la costa Alta en que nación Quiroga) varios tapados o entierros que éste había mandado hacer para ocultar dinero: en uno de ellos estaba el cuño de la Casa de Moneda y en los otros hasta la cantidad de 20.000 onzas de oro sellado, cantidad que más tarde fue reclamada por la familia Quiroga.” (A. Zinny  Obras, tomo III, pag.391)

            “De nuevos tapados descubiertos, le fueron remitidos 6.000 pesos al general Paz para las necesidades de su ejército. Según expresó entonces el general Quiroga, el dinero de los tapados pasaba de 90.000 pesos, mientras que de lo que se dio aviso al general Paz por cartas particulares del coronel La Madrid y coronel Plaza, que ejerció varias veces en delegación el gobierno de La Rioja, por ausencia de La Madrid, apenas llegó a 32.000 pesos.” (Memorias de Paz)

 

Fuerzas de Buenos Aires y Santa Fe (Rosas y López) derrotan al coronel Pedernera en Fraile Muerto.

            Paz hace salir a La Madrid de La Rioja en Febrero de 1831 para que se le incorpore en Córdoba.

 Tomas Brizuela, el “Tarco” subleva los Departamentos de los Llanos de La Rioja.

 

            La Madrid había dejado al don Domingo García, riojano,  como delegado a cargo del gobierno, quien fue derrotado por Tomás Brizuela. Aquel, se retira hasta la “Boca de la Quebrada a una legua de la ciudad” (1) con 50 soldados y abrumado por los atacantes se rinde y se retira a su hacienda en Nonogasta y más tarde a Chile.

            En Chile se había creado una Comisión de emigrados presidida por el General Gregorio de Las Heras, de la que formaba parte Sarmiento, Domingo de Oro, Carlos Tejedor, Gabriel Ocampo entre otros,  y a la que se integra Domingo García.

            Sarmiento entonces tenía 20 años y comenzaba a recoger la información que le brindaban los exiliados riojanos que se sucederían hasta escribir su libro Facundo en 1840.

            Fue Domingo García quien redactó de su puño y letra las instrucciones al coronel Angel Vicente Peñaloza cuando en 1842, desde Copiapó regresó a  La Rioja en su la campaña contra Rosas.

 

            En Febrero de 1831 y en base a los Acuerdos realizados entre Rosas, López y Quiroga contra Paz , éste marcha con una fuerza de 300 hombres hacia Cuyo. En Río Cuarto sitia la plaza defendida por el coronel Echeverría el 8 de marzo, lo derrota, incorpora a su fuerza a la tropa rendida y dos  piezas de artillería de la guarnición.

            El 16 de marzo el coronel Juan Pascual Pringles es derrotado en San José del Morro en un  sangriento combate cayendo la ciudad de San Luis. El 22 del mismo mes de marzo derrota completamente al ejército del general Videla Castillo compuesto de 2.000 hombres en Rodeo del Chacón. Durante más de tres horas las terribles cargas de caballería de Quiroga dispersan al ejército mendocino que se retira del campo de batalla hasta tomar el río Tunuyán.

            Quiroga marcha luego a San Juan y controla así todo Cuyo y La Rioja.

            “Desaparecido del escenario de la República el general José M. Paz, mediante un ‘certero tiro de bolas’ el 10 de Mayo de 1831, fue nombrado el ya general don Gregorio Aráoz de La Madrid, para sucederle en el mando en jefe del ejército de operaciones contras las fuerzas confederadas de las provincias de Buenos Aires y Santa Fe, cuyo comando le había sido conferido al gobernador vitalicio de esta provincia, general don Estanislao López.” (1)

            La Madrid, se retira de Córdoba y marcha a Tucumán. Derrota  al gobernador Ibarra en Río Hondo y al coronel Vargas en Miraflores.

            El 4 de Noviembre en Ciudadela, en los aledaños de la Ciudad de Tucumán se produce el enfrentamiento entre las fuerzas de La Madrid, reforzado con tropas de Javier López de Catamarca y las de Quiroga (al mando de sus principales jefes, Pantaleón Argañarás, Celestino Romero, Félix Ramallo, Bruno Ponce, Próspero Herrera y José Ruiz Huidobro) y integrado por los “Auxiliares de los Andes”.

            “Al cabo de dos horas y  media de un encarnizado combate, los ‘Auxiliares de los Andes’ obtuvieron el triunfo, posesionándose de tres baterías y acuchillando casi toda la infantería que fue muerta o prisionera en su mayor parte.

            “El general Quiroga perdió al coronel don Juan de la Cruz Vargas, uno de sus mejores jefes; al teniente coronel de ‘Auxiliares’ don Joaquín Reyes Fontanel, varios oficiales de infantería y caballería y 39 de tropa muertos. Los enemigos, decía Quiroga en el parte de la batalla, han perdido hasta la esperanza de dominar los pueblos,  entre los muertos se encuentra el coronel de artillería don Juan Arengreen; el del quinto don José María Villanueva, mayor Barceló, 20 oficiales de capital abajo, fuera de jefes u oficiales de caballería que han muerto a la distancia y cuyos nombres se ignoran.” (Historia política y militar de la República del Plata, por Antonio Díaz, tomo II).

               Las consecuencias para Tucumán, provincia rica en comparación a Catamarca o La Rioja, fueron desastrosas. Finalizada la batalla se produjo como siempre sucede en la toma de una ciudad o pueblo, el saqueo y las exacciones, exigencia de contribuciones al vecindario como resarcimiento de los gastos de guerra.

            (No se extrañe el lector si recuerda las exacciones impuestas a Alemania en Versalles)

 

            “Más de doscientas carretas con numerosas boyadas, se ponen en marcha para los Llanos unas, y otras para Buenos aires, conduciendo el botín, que consistía en productos del país, a los que se agregaba artículos de fabricación europea.” (1)

           

            En La Rioja Tomás Brizuela cesa en el cargo de gobernador y es designado Paulino Orihuela. Durante su gobierno las fuerzas de La Rioja (provistas de numeroso armamento) al mando del coronel Felipe Figueroa, derrotan en Río Colorado, Catamarca, al coronel Fermín Aguirre quien muere en combate. Días antes habían derrotado a una fuerza de Salta al mando del general José M. Gorriti y pocos días después las mismas fuerzas riojanas al mando del capitán Eleuterio Díaz derrotan al coronel San Román en el Fuerte y en Pomán al comandante Avellaneda. Y se registra un combate en  Amilgancho de fuerzas encabezadas por los comandantes Angel V. Peñaloza y Julián Cuenca contra el coronel Domingo A. Villafañe. “En todos estos combates las fuerzas riojanas que operaron en Catamarca, no sólo derrotaron al enemigo, sino que se posesionaron de numeroso armamento, tomando bastantes prisioneros y causando también sensibles víctimas.” (1)

           

            El 27 de marzo de 1832 el diputado Jacinto del Rincon (quien junto a los demás miembros de la Legislatura habían aprobado aquella ley declarando proscripto a Quiroga y Villafañe condenándolos a la pena capital) era designado Gobernador y capitán general de La Rioja con el respaldo del  Brigadier General Juan Facundo Quiroga.

            El 12 de Noviembre de 1833 la Legislatura de La Rioja constituida por varios de aquellos legisladores que pusieron precio a la cabeza de Quiroga y Villafañe, sancionan una ley “en reconocimiento de la hospitalidad con que fue recibido en Buenos Aires ‘el mejor de sus hijos’ disponiendo el día de su publicación se dijese en la Iglesia matriz una misa solemne en acción de gracia al Ser Supremo por la visible protección con que favoreció los combates del Brigadier general don Juan Manuel de Rosas en defensa de los derechos patrios y en la guerra contra los infieles enemigos del Sud”(1)

           

Marzo de 1833

            Rosas inicia la campaña al Desierto que aseguró el control de las tierras conquistadas durante el decenio anterior hasta la isla de Choele-Choel en el río Negro.

            El coronel Hilario Lagos  de la División de Rosas alcanzó el río Negro, y tras cruzarlo derrotó a los caciques Payllarén y Pitrioloncoy.

            El General Pacheco batió a los indios en las márgenes del Río Colorado.

            (Dorrego había lanzado un plan para asentar a los indios en las haciendas y habituarlos a las tareas agrícolas, política que se frustró con su muerte.)

            Facundo Quiroga es nombrado por Rosas y los gobernadores de córdoba, Mendoza y San Luis, director de la campaña contra los indios que asolaban la frontera de San Luis, Mendoza y Córdoba. La Rioja, San Juan, Catamarca y Tucumán contribuyeron con fuerzas y dinero a llevar a cabo la empresa.          

            “Internada la división de Quiroga al corazón del desierto, su jefe de vanguardia general don José Ruiz Huidobro, batía y dispersaba en los Corrales de Días, a 25 leguas del Río V al Sud, la columna de 1.000 indios del cacique Yanquetruz. Los “Auxiliares de los Andes” persiguieron a los salvajes sin darles cuartel, causándoles 160 muertos, gran cantidad de heridos y muy pocos prisioneros, contándose entre estos últimos el cacique Pichum.” (1)

            El temible general “Fray” Félix Aldao  jefe inmediato de Quiroga (el Caudillo desde Mendoza, afectado por su reuma no podía dirigir la campaña) “sorprendió en el Colorado una fuerza de 800 salvajes que derrotó completamente, cayendo en su poder gran cantidad de plata labrada, como 10.000 cabezas de ganado y 150 yeguarizos; habiendo rescatado 50 cautivos y hecho prisionero al cacique Barbón.”(1)

            Quiroga, en medio de la campaña, debe disolver la División Centro que operaba en Córdoba, por las denuncias contra su segundo  jefe, Ruiz Huidobro por maniobras subversivas de éste contra el gobierno de Córdoba. Una extensa carta de Quiroga se publica en el Bosquejo Histórico (1) donde se relata la ruptura entre el Caudillo y Ruiz Huidobro quien comandaba el famoso regimiento “Auxiliares de los Andes”.

            En la campaña al Desierto de Rosas más de 6.000 indios fueron muertos y unos 2.000 cautivos, luego liberados. Y establece acuerdos de paz con caciques de la frontera a cambio de la entrega de víveres y hacienda.  (Ver  Darwin y Rosas)

           

            Dorrego había lanzado en 1825 un plan para asentar a los indios en las haciendas y habituarlos a las tareas agrícolas, política que se frustró con su muerte.

            Qué hacer con los indios fue el debate original entre los diferentes sectores que después de la guerra de la Independencia, se enfrentaban en una ya prolongada guerra civil.

            El enfrentamiento entre los sangrientos malones y las brutales acciones contra el indio fueron parte de la guerra civil argentina y la derrota definitiva del pueblo originario con la campaña de Roca.

            Al decir de Ricardo Guiraldes, “el malón indio fue destruido por el malón criollo.” 

            También Lucio Mansilla en su  “Excursión a los indios Ranqueles” expresó la política de integrar y asentar al indio en las tareas agrícolas, que ya algunos caciques lo habían logrado.

 

            Culminada la campaña al Desierto Quiroga regresa a Buenos Aires.

 

            En Buenos Aires se produce la llamada Revolución de los Restauradores. El 11 de octubre de 1833 sectores de la ciudad y la campaña se movilizan contra el Gobernador Balcarce, quien no logra el respaldo de Rosas. El 3 de noviembre la Legislatura lo destituye y  reemplaza por Juan José Viamonte, quien no resiste las presiones de los “Restauradores” encabezados por doña Encarnación de Rosas y renuncia en abril de 1834. Rosas rechaza su nombramiento pues exige la suma del poder que la Legislatura aún no le concede. Es designado gobernador Vicente Manuel Maza.

            El 28 de abril de 1834 Rivadavia regresa a Buenos Aires. Una muchedumbre se adueña de las calles al grito de “Muera Rivadavia; viva Rosas.”

 

            Quiroga vive sus últimos días en Buenos Aires. No logra convencer a Rosas de la necesidad de convocar a un Congreso Constituyente.

            A fines de 1834 se suscita un enfrentamiento entre los gobernadores de Salta Pablo Latorre)  y de Tucumán (Alejandro Heredia).

            Quiroga es Comisionado por Rosas para mediar en el conflicto. En el camino, Quiroga recibe la famosa carta de Rosas de “la Hacienda de los Figueroa” donde éste objeta los argumentos de Quiroga de convocar a un congreso constituyente de la Nación.

 

Barranca Yaco

            En La Rioja es designado Gobernador  el coronel Hipólito Tello uno de los jefes caracterizados del ejército de Quiroga en esos últimos años.

            “Era el señor Tello nativo de la ‘Costa Baja de los Llanos’, y contaba en esos departamentos con una numerosa parentela de apellido Arias, Llanos y Tello. Muy influyente además, por su posición social, sus cuantiosos bienes de fortuna y sus servicios a la causa de la Federación” (…) (1)

            Los apellidos Tello y Llanos se originan en tiempos de la colonización española. La denominación de “Los Llanos” obedece al territorio otorgado a Llanos uno de los originarios fundadores que acompañaron a Ramírez de Velazco.

            Tello está pocos meses en el gobierno y los reemplaza el general Fernando Villafañe, quien se desempeñaba cuando tuvo lugar Barranca Yaco.

 

            Quiroga regresa de Santiago del Estero luego de conocerse el desenlace del conflicto entre Salta y Tucumán.

            El asesinato de Facundo Quiroga a su regreso es uno de los hechos más investigados de la época por el “Sumario” que ordenó Rosas, y uno de los acontecimientos más estudiados por los historiadores argentinos.

            Quiroga atraviesa el territorio hostil de los Reinafé “reventando caballos” ante las advertencias que se le hicieron luego de la misión encomendada por Rosas.

            Gobernaba Córdoba José Vicente Reinafé y sus tres hermanos tenían mando militar en el ejército de la provincia, aliados del gobernador de Santa Fe, Estanislao López.

            En el Bosquejo Historico (1) se publican una carta de López a Rosas y otra a Francisco Reinafé del 26 de diciembre de 1834, cuyo contenido es casi un anuncio directo:

            Escribe López refiriéndose al viaje de Quiroga:

            “El Excmo. Comisionado marcha con una escolta de diez hombres y viaja en galera con tropilla por delante, pero es seguro que a su vuelta tenga que pedir en las postas los relevos de caballos. Creo que será del caso para facilitar la marcha del Excmo. Que tanto a su ida como a su regreso, se atendiesen con buenos caballos las postas de la cruzada de esa provincia que son las más desamparadas. También se debe avisar en las postas, y para el efecto usted se debe ver con algún oficial (Santos Pérez por ejemplo), pues la cruzada por Barranca Sauce, es larga y despoblada, por lo cual conviene preparar todo para que el comisionado no sufra demora o tropiezo, vigilando desde esa posta hasta las más concurridas del tránsito. El Excmo. Señor gobernador de Córdoba está también avisado, y sería conveniente que usted se pusiera de acuerdo con él. Sin más soy S.S. y amigo. Estanislao López.”

            El 16 de febrero de 1835 una partida al mando de Santos Pérez le da muerte en Barranca Yaco, entre Ojo de Agua y Sinsacate.

            El 7 de marzo de 1835 Mazza renuncia y Rosas es nombrado Gobernador con la suma del poder público.

            Rosas trae los restos de Quiroga, le hace homenajes póstumos y juzga a los autores del asesinato. Son fusilados en Plaza de Mayo Santos Pérez, el teniente Peralta, Figueroa y otros oficiales de la milicia del gobierno de Córdoba.

            Se conocen sus matadores, pero la historia no reconoce a los autores intelectuales del crimen.

            El Gobernador Villafañe busca el apoyo y la protección de los gobernadores de Tucumán (Heredia) y Santiago del Estero (Felipe Ibarra), “temeroso” de la influencia de Peñaloza, Hipólito Tello y Lucas Llanos.

 

            El Chacho Peñaloza asentado en sus Llanos desde 1832 ¿tenía ya una posición contraria a Rosas a la muerte de Quiroga? Según algunos historiadores en La Rioja se adjudicó a Rosas complicidad con el asesinato de Quiroga.

            El Gobernador Villafañe era sostenido por Tomás Brizuela quien también sospechaba de Rosas y era entonces comandante en jefe de las tropas de La Rioja.

            El entonces gobernador de San Juan Martín Janzón, el coronel Mota y el Chacho Peñaloza invaden La Rioja con 200 sanjuaninos a los que se agregaron igual número de “llanistos”. Dice la crónica:

            “Recibida la noticia de la aproximación del enemigo a los suburbios de la ciudad, el general Brizuela salió a su encuentro con las fuerzas de su mando a situarse en el paraje de ‘Pango’ en la mañana del 15 de enero de 1836. Momentos después aparecían éstos, y  a continuación de un breve combate, fueron completamente derrotados muriendo en la persecución el comandante don Juan José Aráoz, segundo jefe de Janzon, el oficial Vargas y muchos individuos de tropa y varios otros heridos. El coronel Peñaloza con todos los ‘Llanistos’, se retiró sin combatir, momentos antes que tuviera lugar la acción, quedando solo los sanjuaninos. “ (1)

             El general Fernando Villafañe fue designado gobernador de Catamarca por influencia de Heredia de Tucumán y la Legislatura de La Rioja designa a Jacinto del Rincón gobernador por segunda vez, hasta el 20 de octubre de 1836.