Economía y Socierdad

 

 

INTRODUCCION

Por qué este libro

La Rioja y la guerra civil

 

La minería riojana VER en La rioja HOY

 

            Después de más de 40 años viviendo en la “Gran Ciudad” de Buenos Aires, los regresos a La Rioja en los últimos años, fueron despertando en mí el interés en conocer  profundamente la historia de mi provincia.

            Los años en Buenos Aires fueron más que todo nostalgiosos de los recuerdos felices de nuestra infancia y adolescencia, de nuestros padres y una numerosa familia. Reunión con amigos y parientes riojanos, peñas con las voces queridas de Ramón Navarro y de Chito Zeballos, matizaron los recuerdos permanentes de estos años.

            Yo había leído siempre en la revista Todo es Historia numerosos trabajos sobre acontecimientos históricos de La Rioja y el libro Los Caudillos de Félix Luna, el director de dicha  revista de enorme valor en la divulgación de la historia argentina.

            Ya en los últimos años fui conociendo estudios históricos de autores riojanos, así como una renovación de la bibliografía en la investigación sobre la épica de los Caudillos, en el Archivo Histórico de la Nación y  la Biblioteca Mariano Moreno de la Ciudad de La Rioja.

            Surgió en mí  la necesidad de conocer la historia de La Rioja lo que me abrió a la lectura y me fue llevando con ansiedad e intensidad a buscar en las raíces de la sociedad riojana, y particularmente en la vida de nuestro pueblo, las causas de la trágica guerra civil que envolvió a nuestra provincia.

            Como se sabe, prácticamente todos quienes han incursionado en la investigación histórica han tenido como primera referencia el Bosquejo Histórico de la Provincia La Rioja de Marcelino Reyes, escrito en base a documentos de primera mano de su época y relatos de numerosos actores de la guerra civil de nuestra provincia.

            La lectura y relectura  del Bosquejo de Marcelino Reyes, por tratarse de mi bisabuelo paterno, acicateó mi interés y me fue llevando también a la necesidad de indagar en nuestras raíces. Imaginé  aquellos días de luchas políticas, de guerra entre riojanos, de destrucción,  de dolor y de heroicidad que atestigua la historia escrita. Una guerra en la que las familias se dividieron y enfrentaron entre sí, como sucede en toda guerra civil.

           Me  acicateó también el descubrimiento de mi tío abuelo, César Reyes,  continuador de las investigaciones históricas de su padre, a quien le debemos un tributo de admiración,   reivindicado y rescatado del olvido por el libro de Cáceres Freire, persona ilustre de La Rioja.

            Se sucedieron lecturas de historiadores que investigaron y procuraron  explicar  las causas de aquellos enfrentamientos  que dejaron muerte  y desolación en La Rioja  cuando aún no éramos una República, sino unas cuantas Provincias “Unidas” del Río de la Plata.

             Se  generaron concepciones históricas enfrentadas –maniqueas - en el intento de contar la cruenta lucha de la guerra entre hermanos, desencadenada apenas  habían cesado las batallas por nuestra Independencia, cuando surgieron dos concepciones diferentes para organizar la nueva Nación. El motín de Arequito fue la advertencia histórica de la guerra civil que se desataría.

             Los historiadores han interpretado desde concepciones antagónicas aquellos enfrentamientos pero ninguno de ellos ha podido dejar de exaltar la epopeya, el sacrificio que significó para el pueblo riojano una larga guerra de más de cinco décadas y las consecuencias que tuvieron hasta fines del siglo XIX.

            Difícil tarea la del historiador. Quien esto escribe no lo es. Tan solo me lleva el propósito de indagar en factores y hechos que son apenas mencionados o ignorados por los historiadores,  factores  económicos que  están en la base sobre la que se desarrolla y construye en forma orgánica, toda la estructura  institucional, jurídica y política de una Nación.

            Pero hay otra razón importante que me movilizó a estudiar más nuestra historia. Y es la evidencia –después de vivir más de cuarenta años en Buenos Aires – del enorme desarrollo económico, demográfico, urbano y fabril de la provincia y región metropolitana de Buenos Aires, y el subdesarrollo de La Rioja y muchas provincias que aún hoy, siguen expulsando población.  

             Enorme desarrollo que yo considero una deformación económica de nuestro país, porque concentra en un minúsculo vértice portuario de su territorio –acaso 500 kilómetros cuadrados-  una concentración económica y demográfica irracional si la comparamos con la superficie territorial argentina.

            En efecto, la provincia de Buenos Aires , la  cual está integrada en forma estructural la Ciudad capital, representa el 38,5% del PBI (2012), el 38% de la población; 17 millones sobre 41 millones del total más 3 millones en la Capital. En lo que se considera la Pampa Húmeda (sur de Córdoba, Santa Fe y mitad de Entre Ríos y Buenos Aires, votan  21 millones de argentinos.

            ¿Cuál es la razón histórica de su desarrollo que ha provocado esta polaridad entre una provincia y el resto del país?  Y que en menor medida se repite en Córdoba y Santa Fe.

            Si la respuesta es “sencilla”, es decir, si se debe al triunfo del unitarismo centralista y la derrota de la concepción federal de organización, del triunfo del centralismo portuario del Paraná y el Plata y su Aduana, y de la coronación institucional en la Constitución, con enormes poderes del Ejecutivo, resultante de la derrota del Federalismo, entonces debemos considerar que nos debemos una nueva reforma del Estado actual de la Argentina.

            Bajo esta premisa inicio estas “reflexiones” sobre la historia de La Rioja durante la guerra civil, que forma parte de www.historiadelarioja.com.ar que contiene la crónica histórica que al lector de estas páginas, le permitirá  vincular los hechos económicos con la acción de los protagonistas de la historia riojana.

 

            Dedico este trabajo a los jóvenes riojanos, exhortándolos a estudiar nuestra historia provincial y la de nuestro país. Conocer nuestro pasado es la base para comprender las causas que producen y generan los conflictos políticos,  que se transforman en enfrentamientos de luchas sociales de baja o alta intensidad. Porque además, la historia es también como señalara el gran Cervantes, advertencia del porvenir.

            Y dedico también este trabajo a aquel  pueblo riojano  como una evocación al sacrificio de su  lucha por una vida mejor de libertad, igualdad  y progreso.

Buenos Aires, segunda mitad del año 2013

 

Las concepciones de la Historia

 

El análisis de la historia  obedece a distintas concepciones ideológicas y filosóficas. La historia de nuestras guerras civiles han sido tratadas por las concepciones del liberalismo clásico, receptor de las ideas liberalismo triunfante en la gran Revolución francesa y la revolución industrial en Inglaterra y el ascenso de la burguesía por sobre la aristocracia monárquica y feudal.

La concepción liberal de la historia argentina comenzó a ser cuestionada  a fines del siglo XIX y ya  entrado el siglo XX  se desarrolló  la concepción nacionalista,  “revisionista” que se fue desenvolviendo  a lo largo del siglo pasado.  Quedaron delineadas así dos concepciones historiográficas de la Argentina que perduran.

La historia argentina está contada en tramos, en forma segmentada o inconexa, no como una cadena de acontecimientos. Es una concepción historicista que desconoce que la totalidad de los aspectos naturales, históricos y espirituales del mundo, constituyen un proceso de transformación y desarrollo constantes y de carácter orgánico. En ese proceso, el poder resultante de la lucha de los hombres y sus pueblos ha ido determinando la formación de clases propietarias y el Poder  político que lo detenta. Tanto en la Revolución Inglesa como la Francesa la propiedad  de la tierra, base del poder feudal, fue formando gradualmente  la burguesía naciente, consolidándose en el caso de nuestro país, a partir de la década de los años cincuenta del siglo XIX, pero en forma diferente en las distintas regiones.

               En los países coloniales –como los de Sudamérica- el ascenso de la burguesía con sus ideas de “civilización” comenzó a  manifestarse a partir de las revoluciones anticoloniales, pero tuvo características distintas en cada país liberado del colonialismo español.

               Pero el proceso de ascenso de la burguesía fue diferente en las “Provincias del Río de la Plata”. Desde la creación del Virreynato del Río de la Plata comienza a desarrollarse rápidamente la burguesía en Buenos Aires. El comercio exterior, el contrabando y la penetración inglesa fueron formando la burguesía comercial porteña  lo que tan bien lo explica Juan Agustín García en  “La Ciudad Indiana”

               La base económica de Buenos Aires y el Litoral (Santa Fe, Entre Ríos y la Banda Oriental fundamentalmente) determinó la formación de las clases que dominarían la estructura política que se impondría en Buenos Aires y el Litoral. Rosas, Urquiza y Mitre, culminando con Roca, reflejan el triunfo de los terratenientes y la burguesía comercial ,  beneficiada por  el control aduanero. Producción ganadera y comercio británico fueron los factores  económicos que generaron el rápido crecimiento de Buenos Aires. Aún en tiempos de Rosas el comercio con Gran Bretaña continuó saludable.

               Las reformas propuestas por Dorrego, que representaba otro Federalismo al punto de sostener la creación de la Confederación como organización de la Nación, no pudieron ser realizadas por el golpe de Estado de Lavalle y los unitarios porteños.

               A diferencia de Buenos Aires, el ascenso de las ideas de la naciente burguesía en las provincias del Noroeste y Cuyo fueron diferentes. El modo de producción dominante en esas provincias fue una continuación del modo colonial. Las “mercedes indivisas” y los “derechos de campo” se prolongaron hasta fines del siglo XX.

Como analizamos, el desarrollo económico en esas provincias estuvo ligado al intercambio comercial con el alto Perú y con Chile en Mendoza y San Juan.

               La Rioja, ubicada en una posición geográfica desfavorable, no podía desarrollarse en la nueva estructura del Virreynato como lo podían hacer Mendoza con Chile o Tucumán y Salta con el Alto Perú. Hasta la Revolución de Mayo La Rioja vivía de sus arreos de hacienda desde los Llanos hacia Chile y disponía de una economía prácticamente  cerrada de producción y autoabastecimiento. Solo el desarrollo de  la minería y acuñación de moneda hubiera sido su base económica principal.

A partir de  1820 comienza a sufrir las consecuencias  de la guerra civil que la llevaría a una grave crisis hasta prácticamente fines del siglo XIX. Su minería fue bloqueada por los intereses de Buenos Aires, aún en época de Rosas se bloqueó su minería del oro y la plata y su economía de autosuficiencia fue muriendo lentamente.

               A lo largo del desarrollo de la guerra civil, en La Rioja las ideas de la naciente burguesía se materializaron en las familias propietarias tanto en la Ciudad de Chilecito como de La Rioja.  Funcionarios, empleados, mineros, judiciales, gobernantes,  comerciantes, militares, propietarios de tierras en las ciudades y aledaños, fueron conformando la base social –minoritaria- de la burguesía local, la llamada “clase culta” por la bibliografía  liberal.

               Debe tenerse en cuenta que en todas las asonadas, cambios de gobernadores y legisladores, para ser elegido gobernador o legislador se requería  ser propietario y los que votaban en las asambleas convocadas tanto por los Caudillos como por los sectores opuestos, debían ser propietarios o demostrar poseer bienes  (propiedades, campos, etc.) asambleas que reunían de 30 a 100 personas o poco más.

               Los índices demográficos de los Departamentos de los Llanos, de Famatina, de Arauco , etc. eran superiores (ver Censos) que los de la Ciudad de La Rioja o de Chilecito donde los sectores de la burguesía liberal eran minoría.  El poder real de los Caudillos estaba basado en los grandes poseedores de tierras y ganados de esos Departamentos;  lo era Facundo Quiroga como los Fernández (su familia era a su vez gran propietaria), los Tello, los Llanos, Angel  y demás apellidos que se suceden como protagonistas de la historia, de uno u otro bando. En el Oeste los grandes propietarios fueron los Dávila, Ocampo, Del Moral, Ssotomayor, Brizuela y Doria, Chumbita, y otros protagonistas que se enfrentaron entre sí por el control de la riqueza, la tierra y el agua.

               En ese proceso se fueron perfilando los sectores burgueses que finalmente confluirían con el liberalismo porteño después de Pavón.

Otra  concepción

               El surgimiento del marxismo a mediados del siglo XIX introdujo un análisis diferente basado en la concepción materialista y dialéctica de la historia. En 1848 aparece el Manifiesto de Marx y Engels;  el mismo año el primer trabajo de Darwin y Wallace (El origen de las especies) y se produce un enorme desarrollo de las nuevas ciencias: geología, biología, arqueología, antropología, geografía, etc.

               Los pensadores pre marxistas, los socialistas utópicos (Saint Simon, Fourier, Owen, etc.) tuvieron expresiones primeras y fugaces en el pensamiento de Esteban Echeverría en plena vigencia del régimen de Rosas. De ahí su libro “El dogma socialista”.  

               En 1937 se publica el libro “El factor económico en nuestras luchas civiles” del socialista Jacinto Odone quien dice en su Introducción:

               “Me ocupo en el presente trabajo de la influencia del factor económico en las luchas civiles argentinas, que desde Mayo a Pavón tuvieron por escenario el suelo de la República.

               Para llevar a cabo esta tarea, cuyas conclusiones, como verá el lector, presentan esas luchas bajo un matiz muy distinto del que actualmente conocemos, he estudiado los acontecimientos a la luz de la interpretación materialista de la historia –punto de vista desde el que se colocan hoy los que anhelan hallar la verdad en materia de investigación histórica – a fin de establecer si esos acontecimientos tuvieron alguna relación con la economía de la población, con la producción de sus elementos de vida, con la circulación de los productos, con los intereses de la burguesía naciente y, en caso afirmativo, en que grado, estos factores, intervinieron en su desarrollo.

               Claro está que no ignoro que otros factores –espirituales, morales, políticos, religiosos- han podido influir, e influyeron, efectivamente, en los hechos.  Pero de esos factores no me ocupo en el presente trabajo, limitándome a estudiar el aspecto económico que fue, a mi juicio, el fundamental.

               No fue la ‘barbarie’ del interior tratando de imponerse a la ‘civilización’ del litoral y especialmente de Buenos Aires –leyenda que en nombre de la verdad histórica debemos olvidar.

               No fue el capricho de ‘un conjunto de caudillejos, de lo más atroz y depravado que puede engendrar la anarquía de un país de masas incultas’ –según asegura uno de nuestros historiadores- lo que durante cincuenta años puso frente a frente los ejércitos de la nación y las ‘montoneras’ de las provincias en una guerra desoladora y bárbara, no. Lo que estuvo en juego en aquel largo y aciago periodo de nuestra historia fueron intereses materiales, proteccionistas y librecambistas. Fueron las barreras aduaneras. Fue la producción y la vida de las provincias, que cada una defendía con los medios que tenía a su alcance. Fueron los gravámenes a la entrada de las carretas en las regiones limítrofes, que junto con los productos llevaban la competencia y la ruina a la región. Fueron los derechos de tránsito. Fue el cierre de los ríos. Fue el bloqueo de los puertos, lo que levantó en armas a las provincias, unas contra otras, provocando los sangrientos conflictos, internos y externos, que sumían cada vez más al país en la desolación y la miseria. –

JacintoOdone realiza una investigación exhaustiva y profunda de lo que afirma, (desde la Revolución de Mayo)  pero finaliza su estudio considerando que con la Constitución de 1853 y su modificación en 1860 “fueron halladas las fórmulas económicas capaces de satisfacer los intereses de las catorce provincias”. 

 En realidad, la Constitución  fue el triunfo de la tesis centralista que otorgó enorme poderes al Ejecutivo y a las tesis económicas liberales, de los intereses portuarios, comerciales  y agroganaderos de la provincia de Buenos Aires y del Litoral.

 

 

LA RIOJA - Economía y sociedad

 

INTRODUCCION

 

          “Quizás pueda afirmarse que el análisis histórico-económico contemporáneo en el país nace en la obra de Juan Alvarez” afirma Segio Bagú en la Introducción al libro Las guerras civiles argentinas  reeditado por EUDEBA, tercera edición en 1972.

            “Varias generaciones se formaron en la creencia de que la historia es un tejido de actos volitivos de grandes hombres, sin conexión alguna con la rutina de la existencia diaria”, desconectada de los factores de la producción, desconociendo la relación entre el factor económico y la lucha por el Poder.

            Alberdi planteó la cuestión económica para explicar fenómenos políticos, sociales, y jurídicos. .

 

            “Durante mucho tiempo –dice Alvarez- (1) la historia argentina se escribió con marcada tendencia a explicar los hechos como único resultado de la acción de ciertas personas, dotadas de aptitudes excepcionales, que manejaban o conducían a las demás; con lo cual dejábase de lado, por completo, el estudio de aquellas causas generales, que, obrando sobre directores y dirigidos, debieron influir necesariamente sobre el rumbo adoptado por los primeros, al crearles ciertas necesidades o ambientes especiales. La historia resbalaba hacia la biografía, y por momentos  hasta pareció que su papel se limitara a poner de relieve los actos de esos pocos hombres merecedores del recuerdo de la posteridad, mientras el resto desaparecía en la penumbra.”

            Y dice Ricardo Levene (3- La política económica de España en América y la Revolución de 1810)  “Conceptúo que la concepción económica es la base de la organización social, porque sigue de inmediato a la vida, como que se propone sustentarla; pero entiendo que los factores jurídicos y políticos, y las creencias religiosas y filosóficas, ejercen una influencia muchas veces decisiva, no sólo sobre el desarrollo de las luchas históricas  sociales, sino también las mismas condiciones económicas.”

            A más de 130 años de finalizada la barbarie de la guerra civil argentina, el análisis histórico moderno no puede prescindir de considerar la economía como el basamento sobre el que se alza toda la superestructura política, jurídica e institucional, sobre la que se construye el Estado en cada momento histórico. Así como tampoco podrá prescindir de los demás factores superestructurales, culturales, religiosos, metafísicos, de la tradición y las costumbres, y del imaginario histórico-social de las personas. Factores que se expresan en las luchas y enfrentamientos cotidianos de la política por el Poder entre las diferentes clases sociales.

 

            ¿Cómo era la economía y la sociedad  riojana en los años de la guerra civil? Cual era el modo de producción predominante y las relaciones sociales que se establecen con cada modo o forma de producción?

            ¿Qué se producía, qué industrias había en el territorio donde transcurría la guerra civil, la guerra entre hermanos?

            ¿Quiénes eran los dueños de esos medios de producción, fundamentalmente de la tierra, los ganados, la madera y el agua?

            Y planteando con los paradigmas actuales: ¿qué Modelo de país proponían los Federales en La Rioja y en todo el NOA argentino?

            ¿Cómo transcurría la vida de los habitantes de La Rioja en los años de la cruenta guerra civil?

            ¿Cuáles eran las causas, los motivos y las pasiones que llevaban a los hombres a sumarse a las fuerzas de los caudillos federales en la guerra civil?

 

            Intentamos presentar aquí un ensayo sobre las causas económicas que subyacían en la base de la lucha entre argentinos en la guerra civil que atravesó el siglo XIX y que tuvo a La Rioja como uno de los escenarios más cruentos y el territorio de cientos de batallas que desangraron la provincia, hasta las últimas décadas del siglo.

            La Ciudad de La Rioja finalizada la guerra fraticida, sucumbió en el año 1894 a un terremoto que destruyó prácticamente toda la ciudad de adobe, algarrobo y cal.

            La Ciudad “de los naranjos” había hecho un enorme esfuerzo patriótico y económico sin divisiones,  al preparar la Expedición Auxiliadora de San Martín encabezada por el Coronel Zelada y el riojano Nicolás Dávila, que atravesó los Andes y liberado Copiapó en Chile, en simultáneo a la batalla de Chacabuco, proveyó hombres, alimentos, harina, mulas, caballos, forraje, pólvora y armas en 1817.  

            Muy pocos años habrían de pasar entonces hasta que estallara la guerra civil en lo que aún no era Argentina sino un puñado de provincias marcadas por dos siglos de dominio del colonialismo y el feudalismo español.

 

Capítulo I

 

Aspectos económicos-sociales de La Rioja

 

“Más allá de la ciudad de La Rioja se levantaban distintos pueblos de los cuales once, al finalizar el siglo XVIII, estaban habitados únicamente por indios y cholos. En efecto; en esta región la mezcla del elemento indígena con el blanco se efectuó como en el resto del actual territorio argentino, aunque, probablemente, no con la misma rapidez que en el litoral. De esa mezcla surgió el mestizo o cholo, que agrupaba en sus filas el mayor número de habitantes. Tal era el caso de Olta, Machigasta (circundada de viñas y alfalfares hacia 1840), Aimogasta, Sauce (rodeada de potreros de alfalfa, viñas y árboles frutales en 1840), Chuquis, Pituil, Famatina, Malligasta, Anginan, Vichigasta y Sañogasta (contenían un total de 13 mandones; 425 niños; 73 Próximos; 343 Tributarios; 253 Casadas; 220 Solteras; 72 Viudas; 381 niñas y 91 Reservados). Otros dos pueblos indígenas Atiles y Colozacán estaban, hacia 1785, totalmente destruidos. Los habitantes –a juicio del  Gobernador Intendente – tenían “por lo común una vida ociosa”; los indios tributarios satisfacían, en buena parte, su deuda con lienzo “basto de Algodón” que era “lo único” que trabajaban.

               Durante el gobierno de Francisco J. de Brizuela y Doria, la futura provincia tenía una población de 14.092 habitantes que se distribuían del siguiente modo:

4751 españoles americanos

64 españoles

3178 indios

5017 personas de color, libres

1076 esclavos

9 extranjeros

               En 1825 se calculó que la región contaba con 25 mil habitantes y, en 1830, con 30 mil.

               La mayor parte del vecindario estaba radicado en la campaña dedicado sobre todo a las tareas agrícolas y ganaderas. Otros en cambio centraban sus esfuerzos en las labores mineras de Famatina que el gobierno reforzaba con desterrados. Al parecer, sea por su principal oficio, sea por inclinaciones atávicas, los riojanos dedicados a la ganadería, gustaban de los viajes. El Llanero, (hoy, llanisto) diferenciándose de los demás habitantes, era, en efecto, principalmente pastor ganadero. Respondía únicamente a las órdenes impartidas por los jefes de las viejas familias y su mundo estaba limitado por las montañas de San Luis, Mendoza, Catamarca y Córdoba.  Era un magnífico arriero para quien ni la llanura ni la cordillera encerraba misterio alguno.

               En general el pueblo riojano era frugal en su alimentación (“lugares hay en que la población se alimenta exclusivamente de miel silvestre y de algarroba”) y sencillo y patriarcal en sus costumbres. Así lo sorprendió la  Revolución de Mayo de 1810.

               Además de las riquezas minerales (de plata sobre todo en Famatina), mal explotadas por otra parte, la región contenía a fines del siglo XVIII diez mil cabezas de ganado, tres mil de ganado yeguarizo y dos mil mulares.

               La agricultura estaba representada por extensos viñedos que producían mil quinientas arrobas de aguardiente y otras tantas de vino, algodonales,  productores de algodón de excelente calidad,  plantaciones de maíz y demás frutos “pero en corta cantidad por la falta de agua”.

Los medios de comunicación eran a comienzos del siglo XIX bien deficientes. Por Vinchina y el Portezuelo de Come Caballo se llegaba a Copiapó, ciudad que distaba de unos seis a ocho días de marcha. (Fuente: Ricardo Caillet Bois, en el Prólogo al primer tomo de los Archivos del Brigadier Juan Facundo Quiroga, citando datos de V. Martín de Moussy, Description geographique et statistique de la Confederation Argentine, Paris, 1864; y Antonio Zinny, Historia de los Gobernadores, vol. IV, pag. 233, Bs.As. año 1931)

 

Escribe en 1839 “On the province of La Rioja”  - J.O French en el Dpto Famatina)

1825: 25.000 habitantes en la provincia.

 “Se elaboran aquí 7.000 barriles de vino de 10 galones cada uno y 100 de coñac. Se cultivan algodón  maíz, cebada para alfalfa, trébol, viñedos y cítricos;  el ganado vacuno se compra en los Llanos, aproximadamente 16.000 cabezas al año.

Se construía la primera bomba hidráulica que se veía en el lugar. El modo de obtener agua de las minas es mediante cubos de cuero; un recurso miserable cuya ineficiencia ha provocado el abandono de varias minas de respetado valor.”

 “Espantosa es la miseria de esta provincia” (Memorias de Tomás de Iriarte de su campaña con Lavalle por la provincia de La Rioja

“Pueblo pobre y corto, pues contiene sólo dos mil doscientas ochenta y siete almas….;….la fábrica de las casas es miserable…” (Marqués de Sobremonte, documento de noviembre de 1785)

  

Informes de  Régulo Martínez

 Extracto del libro Mitre y El Chacho de Dardo de la Vega Díaz:

Régulo Martínez enviado por Mitre en misión política hacia La Rioja y Catamarca, decíale   el 30 de Octubre de 1862 a Mitre, lo siguiente:

Enero 14 de 1863. Señor Presidente Brigadier General Don Bartolomé Mitre. Señor de mi respeto y amistad:

Tanto por librarme de pasar la cuesta que hay entre Famatina y La Rioja, cuando por visitar la aduana de Tinogasta que está en el mismo valle de Famatina al norte, me trasladé hasta aquel punto y pude convencerme a las muy pocas leguas de la villa de Famatina, del terror que inspiran lo soldados del comandante Arredondo, puesto que la gente del campo confundía a los cuatro gendarmes de la policía de San Juan que me acompañan, con soldados del ejército de Buenos Aires. Se veía a mi llegada  a cada pequeño pueblo huir los hombres a los cerros. Yo conocía desde Chile a las mujeres Angeles  madre, hermanas y tías de los individuos de este apellido y desviándome un poco del  camino fui a su casa, para prevenirles que no debían tener ningún genero de alarma, que no había tal invasión, que llamaran a los hombres paras prevenirles esto mismo, que la misión que yo traía era completamente pacífica y por último que la República estaba en paz.

Seguí ese día hasta las diez de la noche, llegando a otro pueblito en que hubo una disparada en masa en toda la población masculina, viniendo los gauchos tarde de la noche a gran distancia a dar alaridos pero sin aproximarse.

Rogué a la dueña de casa hiciera llamar al capitán de aquel departamento para prevenirle que no debía tener alarma, y aunque permanecí todo el día siguiente no pude ver un solo hombre. Permanecían los gauchos reunidos y armados a grandes distancias y siempre en actitud de huir. Probablemente se figuraban que mi gente era vanguardia del terrible comandante Arredondo, verdadera pesadilla de las turbas de estos lugares. Desde Tinogasta a esta Capital el camino se hace por un valle que lo forma la sierra de La Rioja, dividida en dos ramales que se llama la costa de Arauco. Este valle es también lleno de pequeños pueblitos agricultores como los de Famatina. En el lugar de ‘Alpa Cince’, doce leguas al norte de Aimogasta (en este lugar donde el comandante Arredondo mandó incendiar algunas casas y cuyo departamento está bajo las ordenes de un indio llamado Chumbita), llegó a las dos de la mañana una partida armada compuesta según me dijo la dueña de casa, de puros oficiales a preguntarme que con qué orden viajaba yo con una partida armada. Le conté el objeto de mi misión, y le mostré una de las circulares que me acreditaban ante los gobiernos de provincias. Ninguno de los oficiales sabía leer, y el dueño de casa tuvo que desempeñar este encargo, regresando la partida satisfecha.

Famatina, 30 de diciembre de 1862. Carta de Régulo Martínez  a Mitre:

               “Señor Presidente. Hace diez días que llegué a este lugar, y me encontré que las poblaciones (pequeñas villas agricultoras) estaban sublevadas y en armas contra lo único civilizado que hay en la provincia de La Rioja, por ser donde residen la mayor parte de los pocos emigrados que han vuelto de Chile, y que siendo un asiento de minas y un lugar lleno de viñas, se encuentran aquí recursos para vivir muy al revés de La Rioja, que no tiene ni hombres, ni agricultura. Y que no puede por su localidad dominar los Llanos. La Rioja se encuentra colocada al naciente de una gran montaña que separa este valle de aquellas áridas llanuras…”

               Quedan todavía en esta provincia una cantidad de titulados oficiales nacionales, agentes de Peñaloza y Varela, que mueven con facilidad estas masas y creo positivamente que no hay federación posible en esta provincia, porque con excepción de este valle (y solo dos o tres villas) y el de Vinchina que está más a la cordillera lo demás no paga ningún genero de contribución.  Hay además de eso, antipatía marcada entre los habitantes de este valle y los de La Rioja. Una pequeñísima  guarnición del ejército nacional en esta localidad garantirá la tranquilidad para siempre, y las minas se explotarán, pues que esta industria ha sido y es hasta ahora la base del comercio de estos lugares.” (el  subrayado es de Historia…)

La minería

               “Hacia 1804, se iniciaron –al parecer- los trabajos metódicos de explotación de la plata de Famatina.  En 1810 la Junta gubernativa expidió un Reglamento según el cual las pastas obtenidas allí debían remitirse a Potosí, de donde regresarían acuñadas.

               Y entre tanto la situación económico-financiera lejos de mejorar, empeoró.  Por una parte la provincia continuó remitiendo a los ejércitos patriotas del norte y del este, hombres, víveres,  ganado en pie y plomo. El mineral de Famatina, falto de azogue, se vio en la necesidad de paralizar sus trabajos. Además escaseaban los brazos para los trabajos mineros y para las labores en general. Las Cajas carecían de fondos suficientes para hacer frente a las necesidades más imperiosas y los escasos recursos con que se contaba, se insumían en el abastecimiento y envío de reclutas y en sostener la pequeña fuerza militar destacada en Guandacol  y Vinchina.

               Simultáneamente La Rioja vio mermar su población masculina. La guerra de la independencia le exigió el mayor de los sacrificios, y al igual que el resto del país, fue entregando sucesivas partidas de reclutas destinadas a remontar dos batallones y escuadrones del Ejército Auxiliar del Perú y, más tarde, a reforzar al Ejército de los Andes. En consecuencia, empezó a sentirse la falta de brazos y las labores  agrícola- ganaderas y mineras decayeron.

               En 1818 las autoridades denunciaron la “general indigencia” del vecindario y reclamaron la adopción de prontas medidas destinadas a salvarlo de “su exterminio”. En junio de 1818 el Teniente Gobernador solicitó el envío de trescientos de los prisioneros realistas capturados en Chile. El pedido fue aprobado. Y en 1821 Nicolás Dávila no le ocultaba a Juan F. Quiroga que las “milicias” quitaban brazos para las sementeras de maíz”.

               Mas no sólo debe hacerse notar la merma de la población masculina. En La Rioja como en otras zonas del país, se comprobó el cambio psicológico producido por la guerra. Un crecido número de los hombres que la leva enviaba a los frentes de batalla, desertaban de las filas. Volvían con el hábito de la guerra, de la aventura. Es decir, habían perdido el pequeño bagaje de amor por la vida sedentaria  por el trabajo. Eran gente apta para la lucha y nada más. Añádase, por último el empobrecimiento de la provincia como consecuencia de los repetidos envíos de harina, vino, aguardiente, maíz y ganado vacuno y mular.  

               En diciembre de 1817, el teniente Gobernador impuesto de la escasez de víveres en que se encontraba el Ejército Auxiliar del Perú, recurrió con la ‘velocidad del Rayo’ a proclamar a los habitantes de los Llanos. Estos ‘presurosos y sin pérdida de momentos’, se desprendieron de la ‘muy corta cantidad de maíz, que habían separado para su manutención’, entregando a las autoridades mil arrobas. Un poco antes, el ganado mostrenco, en número de 230 cabezas, existente en diversos puntos y particularmente en las capillas de los Llanos, fue recolectado con idéntica finalidad. Además enviáronse 900 mulas a Mendoza.    (Prólogo de Caillet Bois, citado)   

               El 26 de junio Buenos Aires designó  en reemplazo del gobernador Martínez, al coronel de milicias de azogue de Potosí, don Diego Barrenechea. El nuevo Teniente Gobernador   cumplió de inmediato una de las cláusulas de la Instrucción redactada por el general Belgrano, a saber:  será una de  sus primeras  atenciones la elaboración de las Minas’. El capitán José Manuel Blacud y don Miguel Estanislao Barrenechea comenzaron su tarea el 21 de setiembre de 1817 y el resultado de su inspección ocular permitió saber que la mayor parte de los mineros del Cerro Famatina, eran indigentes.  En abril del siguiente año Barrenechea hizo presente al Director  Supremo  que  la general indigencia del vecindario y su agonizante estado habían paralizado de tal modo su orden civil y económico, que ya se hacía difícil hasta el empeño de su propia conservación. Reiteró en consecuencia la ayuda del gobierno, reclamando el envío de cincuenta mil pesos, para auxiliar con la mitad de la suma a los mineros de Famatina destinado la otra mitad para rescatar las pastas como único recurso para salvar este Pueblo de su exterminio. El momento le parecía propicio, pues con la pérdida de Potosí (después de Sipe Sipe) los operarios de esta ciudad, habían emigrado a la zona de Tucumán y estaban desocupados. Era de parecer, por lo tanto, que correspondía intensificar los trabajos mineros en Famatina y establecer un cuño provincial. (Caillet Bois, citado)

Los Llanos de La Rioja

            “En la llanura  los calores del verano son fuertes, abrasadores y duran prácticamente desde noviembre a junio. Entonces la tierra sedienta  parecería obligar a los habitantes a cerrar las puertas durante buena parte del día. Al mismo tiempo nubes de polvo –“la plaga general de toda La Rioja” – envuelve y ahoga al viajero. En el resto del año no llueve. Tales son los Llanos … “oasis de vegetación pastosa –escribió el genial sarmiento – que alimentó en otros tiempos millares de rebaños” porque tales llanuras áridas poseían bosques extensos, pero, de trecho en trecho, con árboles esmirriados, espinosos, bajo cuya sombre se cobijaba el ganado. Talas gigantescas, quebrachos eternos, inmensos algarrobos constituían montes tupidos, cortados, de vez en cuando, por el cauce a menudo profundo, de torrentes formados por el descenso de las agua fluviales. Hacia el noroeste, próximo a La Rioja  en dirección  a Amilgancho se extendían bosques espesos donde con dificultad podría marchar un hombre de frente.  Tomás de Iriarte nos informa que el “camino era penoso y a no tener baqueano nos habríamos extraviado: marchábamos por entre maleza, árboles y arbustos muy apiñados: apenas se distinguía la senda en algunos parajes”.

               El suelo, con el auxilio de la irrigación, es sumamente fértil. Martín de Moussy opinó que en ninguna parte de la Argentina se recoge mejor trigo, mejor vino y mejores aceitunas. El algodón era de excelentes clases y famosas las naranjas y duraznos. (R. Caillet Bois, citado)

 

El modo de producción

             “El modo de producción está integrado por las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Las fuerzas productivas están constituidas por los instrumentos de producción con ayuda de los cuales se producen los bienes materiales, y por los hombres –con determinada experiencia productiva y hábitos de trabajo- que los manejan y efectúan la producción de los bienes materiales. Las relaciones de producción son los vínculos y relaciones que los hombres establecen dentro de un proceso de producción. Sólo a través de estos vínculos y relaciones los hombres se relacionan con la naturaleza y efectúan la producción. Las relaciones de producción engloban: el sistema de propiedad de los medios de producción (elemento principal de esas relaciones), las relaciones humanas en el trabajo, y el sistema de distribución.”(O. Vargas, Sobre el modo de producción dominante en el Virreinato del Río de la Plata, 1983)

 

La base económica

            Alvarez titula un capítulo de su libro: “El alzamiento de los gauchos como resultado de los cambios introducidos en el sistema ganadero.” Y comienza su análisis.

            “Según Azara, (1- Félix de Azara, Memoria Rural del Río de la Plata, 1801) a principios del siglo XIX, 10.000 cabezas de ganado vacuno requerían el cuidado de un capataz y 10 peones, los que dedicados a ese oficio producían al año varios millares de pesos más que si se hubiesen aplicado  sus esfuerzos a sembrar trigo. Puede calcularse que cada legua de campo abierto mantuviese de 2.000 a 2.500 vacas.” Y continúa.

            “Lastarria (2- Miguel Lastarria, Colonias, 1805) publica un cálculo de 1802 con arreglo al cual un capataz y 4 peones bastaban para atender 4.000 a 5.000 cabezas sobre 3 leguas cuadradas.”

 

            Considerando las diferencias agrológicas que existen entre Buenos Aires y la hoy denominada “pampa humeda” con la región de los Llanos riojanos, la relación entre los trabajadores rurales y el número de cabezas de ganado era inferior.  No obstante, la región de los Llanos tenía un rodeo vacuno de 120.000 cabezas además de la numerosa caballada y mular.

            Pero el modo de producción y las relaciones de producción tenían un común denominador basadas en las relaciones feudales heredadas del sistema colonial. Lo que no cambió en las primeras décadas del siglo XIX a pesar de la Revolución de Mayo.

            La base económica del Litoral argentino tenía la misma economía, agroganadera que la provincia de Buenos Aires y los caudillos federales defendían ese modo de producción.

            La Rioja no tenía saladeros, era imposible competir con Buenos Aires y el Litoral por su lejanía al puerto y el medio de transporte: la carreta. El negocio ganadero era la venta de ganado a Chile y provincias vecinas. Facundo Quiroga comenzó de joven arreando ganado a Chile.

            Los conflictos derivados del sistema comercial y sobre todo la gran cuestión que signó toda la mitad del siglo XIX en la Argentina, la posesión de la Aduana de Buenos Aires, estuvo en la base del conflicto entre el modelo federal y el centralista unitario.  

            Así es que los principales escenarios de la guerra civil fueron en el Litoral, Buenos Aires, La Rioja y Córdoba.

            En La Rioja, existieron a su vez dos modos de producción diferentes, el de los “Llanos  ganadero, del cuero, de la madera, y más tarde del carbón y le leña; y el Oeste riojano agrícola y vitivinícola. Además, la explotación minera del oro,  la plata y la acuñación de moneda en La Rioja que tuvo vigencia hasta el triunfo definitivo del centralismo porteño, fue el factor  económico predominante en el enfrentamiento entre Facundo Quiroga y Rivadavia. Enfrentamiento que alineaba a ambos bandos en pugna en la provincia, los Ocampo, Brizuela y Doria y los Dávila.

            El oro y la plata que Juan Núñez de Prado había conocido, cuando llegó hasta las minas de Famatina; las mismas que buscaba Ramírez de Velazco cuando partió de Santiago del Estero un 24 de marzo de 1591, y creyó encontrar cuando entró al valle de Yacampis fundando La Rioja en el sitio equivocado ya que su propósito había sido levantarla cerca del cerro Famatina y no al pie del Cordón del Velazco  que está vacío de metales.

            El oro y  la plata de los socavones que cerraran los jesuitas cuando fueron expulsados de la Colonia, fueron los recursos que disputaron los sectores enfrentados en la provincia.

 

La propiedad de los ganados

 

            Quizás la siguiente cita de Alvarez explique mejor que otras, el trasfondo de las disputas durante la guerra civil; al explicar las políticas desde Pueyrredón a Rosas y Dorrego respecto a la política sobre ganados, saladeros y exportación de carnes, dice:

             “Paréceme que esta explicación de los hechos permite comprender por qué, hubo permanentemente en nuestro país millares de hombres descontentos  dispuestos a rodear, con una popularidad que no conoció la guerra contra España, a cuantos se alzaran contra el gobierno autor de las nuevas fórmulas económicas. Ella justifica que el principal aspecto de nuestras querellas intestinasfuese el reparto entre los vencedores del rebaño del vencido, y atribuye un sentido preciso al pacto secreto que terminó la guerra entre Santa Fe y Buenos Aires el 24 de noviembre de 1820, mediante la entrega de 25.000 cabezas de ganado. Frente al lema la pampa y las vacas para todos, alzose el derecho de propiedad individual.”(la negrita es nuestra)

 

            Y agrega Alvarez :

             “El fenómeno distó mucho de terminar con la constitución de 1853, Varela, Guayama y otros oscuros montoneros que desde 1860 hasta 1880 recorrieron diversos puntos del territorio robando ganados, eran la persistencia del gaucho anterior a 1812, acostumbrados a considerar las vacas como simple caza mayor. Las lanzas de estos jinetes nómadas –y lo propio ocurrió con las de los indios, partidarios también de apropiarse vacas ajenas. No pudieron contra el ferrocarril, el telégrafo, el alambrado y las armas modernas del ejército nacional, lo que habían podido contra el desierto, la carreta y el fusil de chispa, medio siglo antes. Derrotados e inadaptables, murieron en el campo de batalla o en los calabozos de las cárceles, dejando a su  descendencia librada a la tuberculosis y al hambre. En la porfiada lucha sostenida por tres generaciones, los viejos pastores semibárbaros fueron así definitivamente vencidos.”

 

            Los calificativos de Alvarez están sin duda teñidos de la concepción sarmientina sobre la barbarie, pero el fondo de la cuestión está dicho a continuación, en su libro escrito en 1912 cuando afirma:

 

            “Pero es notorio que mantenemos innecesariamente dos causas susceptibles de producir desorden:

el latifundio que por ahora abarata la producción, pero no es fórmula de democracia;

el derecho que la ley acuerda a los propietarios de explotar sus campos con entera abstracción de las necesidades de la colectividad, esto es, de resolver si por ser más productiva la ganadería vivirán sobre la tierra vacas, o si por resultar conveniente el precio de los cereales admitirán la instalación de labradores en ella.

             El desarrollo de la agricultura en los últimos tiempos ha acumulado en nuestras campañas millares de familias de arrendatarios que antes no tenían cómo vivir ahí, y volverán a quedarse sin ocupación el día que por cualquier causa los grandes  propietarios decidan producir ganados en lugar de cereales. Siguiendo a lo largo de nuestra historia la influencia de los precios mundiales sobre el desarrollo agrícola, parece prudente considerar inestable el actual sistema, mientras la propiedad no se halle en manos de quienes trabajan y viven en los campos.”

 

                        Predicciones que habrían de estallar el mismo año de su libro (1912) en el denominado “Grito de Alcorta”  cuando la rebelión de los agricultores arrendatarios.

                        Y su frase final, a cien años de su libro, cobra absoluta vigencia.

 

Buenos Aires y el Interior

             “La Aduana entra en el número de los males inevitables de la república Argentina….  (Juan Bautista AlberdiObras, IV, 300)

             Dice Juan Alvarez

            “Además de constituir el principal recurso del gobierno central, la aduana pareció ser la mejor solución  económica hallada durante el siglo XIX, para transar el viejo pleito entre la región del litoral productora de materias exportables, y las del interior fabricantes de artículos industriales susceptibles de ser consumidos en el país.”

  

            Sobre el negocio del transporte, dice Alvarez (1):

            “Parece ser que la escasa rapidez del arrastre y la cantidad de hombres y animales requeridos dieron caracteres especialísimos al negocio del  acarreo, no siendo los menos importantes la extraordinaria fluctuación de los fletes con arreglo al mes en que se emprendía viaje, y el estado de las aguadas y los pastos. Si los datos de Parish (4) son exactos, resultaría que cada tropa de catorce vehículos ocupaba al año un capataz y veinte o veinticinco peones para recorrer con treinta toneladas métricas de carga el circuito Buenos Aires – Salta – Buenos Aires (4.700 kilómetros por camino real); y requería un flete de mil libras esterlinas, buena parte de las cuales, iban como es de suponer, al numeroso personal. Cada tonelada llegó así a costear el salario de un hombre durante casi todo el año; y proporcionalmente, en los trayectos más cortos. Más o menos en esas condiciones bajaban anualmente a Buenos Aires, hacia 1851-1852, alrededor de seis mil toneladas de carga del interior, independientemente de la traída a lomo de mula; y ello da una idea de la cantidad de desocupados que debió producir en este ramo cualquier entorpecimiento del comercio causado por aduanas mediterráneas, la guerra, o los impuestos de tránsito.”  (Subrayado nuestro)

           

Podemos imaginar la situación de todos aquellos desocupados sin medios propios de vida.

 

            En 1850  había en La Rioja  128.000 vacunos – 30.000 caballos  y 18.000 mulas

             El censo nacional de 1869 señala existencia de 7.816 carreteros y arrieros, 4.908 carreros y 528 personas mas, afectadas al servicio de diligencias. Puede estimarse en 140 libras esterlinas el valor de las catorce carretas, y en trescientas libras el valor de otros tantos bueyes.

            Podemos deducir cómo se realizaba la acumulación primitiva del capital de aquellos pioneros del transporte que a su vez iban adquiriendo tierras, bueyes, caballos y mulas. (Ver adelante, Timoteo Gordillo)

            Cada carreta cargaba 190 arrobas más o menos, equivalente a 2,18 toneladas métricas. (4) Woodbine Paris, Buenos Aires y las Provincias del Río de la Plata

               “El principal detonante de las guerras civiles argentinas fue la lucha por el mercado interno entre las economías regionales del interior.  Los Federales  sostenían el reparto de las rentas nacionales entre las provincias y una política proteccionista para las economías regionales. En 1835, tras el asesinato de Facundo, Rosas condenó el tratado de Santiago del Estero por considerarlo preparatorio de la organización federal del país, y en 1849 se opondrá a la explotación del mineral del Famatina porque no admitía la autonomía económica de la región a la que quería someter.” (5- Historia de La Rioja, de Armando Bazan)

               En 1863, cuando asesinaron al Chacho un 12 de Noviembre, la economía riojana era capaz de producir 49 mil barriles del mejor vino y 1.000 de aguardiente, 5.000 arrobas de pasas de uva y 2.000 de higos, 25.000 fanegas de trigo y también maíz, legumbres, frutos, azafrán, y cochinillas para tinturas. Según Horacio Giberti, en su “Historia económica de la ganadería argentina”   la situación económica de La Rioja y Catamarca hacia 1810 era la siguiente: ambas provincias constituían el principal centro proveedor de tejidos de lana y algodón con materia prima propia y sus vinos se distribuían por Córdoba, Tucumán y Santiago. Poseían minas de plata, oro y cobre. Un viajero francés, ocupado en preparar informes para inversionistas, constata que el trigo riojano es de los mejores y que en Anillaco rinde 3,5 veces más que en España o Francia, que se produce buen vino, olivos, naranjas e higos; siendo la primera provincia minera de la Confederación. Es más, hace un análisis comparado entre las ganancias mineras de los Yacimientos de Famatina, de 120 a 150 mil pesos fuertes en 1857 y el presupuesto provincial: 21.570 pesos en 1858, 64 mil en 1870 y -el récord- 109 mil pesos en 1876¿Cómo se explica la angustia del erario provincial ante tanta riqueza? (6) para responder con una reflexión que mira cien años de historia, y que sigue teniendo validez cuarenta años después de realizada: los dueños de la tierra, de las minas, no solo mal contribuyen a la renta provincial sino que, como en el caso de Vicente Almandos Almonacid, asociado a un agente comercial francés Parchappe,  realizaba su propios negocios particulares. (6- Paoletti, Cien años de Colonia)

La minería en La Rioja

            Un trabajo de investigación de Carmen Nidia Estévez publicado en Todo es Historia Nº 9 titulado “Juan Facundo Quiroga, Industrial y Banquero”, nos dice que cuando se publique en su totalidad su archivo personal que se encuentra en poder del Instituto Ravignani dependiente de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires conoceremos mucho más de “un hombre de múltiples facetas, todavía no bien conocidas.” Su extraordinario archivo que Facundo trajo a Buenos Aires después de la batalla de Oncativo, fue donado por  sus descendientes, la familia Demarchi, a dicho Instituto. (www.institutos.filo.uba.ar/ravignani)

            Heredero de una cuantiosa fortuna de su padre Prudencio, ganadero encomendero en la colonia y Comandante de la Milicia, heredó también después de 1810 dicha Comandancia.

            Hay muchas biografías de  Quiroga sobre todo después del Facundo de Sarmiento, que éste escribió en Chile a los 30 años en base a cartas y relatos de exiliados y comerciantes de San Juan y La Rioja que mantenían un constante flujo comercial con Chile; libro novelesco lleno de inexactitudes históricas y de diatribas personales, que no solamente idealizó y condenó a Facundo sino que lo transformó en ícono y héroe riojano del Federalismo.

            El trabajo que mencionamos y seguimos en esta descripción, explica la naturaleza de la penetración inglesa en la segunda década del siglo XIX al impulso de su revolución industrial y de su enorme acumulación de capital que la llevó a destinar 17.500.000 libras esterlinas a inversiones en los Estados sudamericanos, en particular en la minería en México, Chile, Perú y Río de la Plata.

            El “Argos” de Buenos Aires publicaba en 1825 una inversión de Un millón de libras esterlinas en el Río de la Plata.

            La explotación minera de los españoles en los filones del Famatina se interrumpieron durante las guerras de la Independencia y derrotados aquellos, Inglaterra apuntó a esas minas y al descubrimiento de nuevas vetas.

            En ese momento la mayoría de las minas descubiertas estaban abandonadas y no se contaba con los recursos suficientes ni la maquinaria indicada para su explotación. La mano de obra indígena utilizados por los jesuitas, se habían extinguido por la superexplotación y las enfermedades, así que más tarde los españoles traerían mano de obra chilena hacia lo que entonces se llamaba Villa Argentina.

            Refiere el trabajo que se requería un gran capital para reiniciar las explotaciones, máquinas para extraer los metales y había gran escasez de técnicos, cateadores, fundidores, etc. que debían ser contratados en el extranjero.

            El 24 de noviembre de 1823 Rivadavia, ministro de Martín Rodriguez  redacta un decreto para promover la creación de una sociedad inglesa, para la explotación de las minas de oro y plata existentes “en el territorio de las Provincias Unidas”.  A partir de ese momento y hasta comienzos de 1826 “se vivió el ‘boom’ de la especulación minera”.

            Ya desatada la guerra civil en las “Provincias Unidas del R.de la Plata” se conocen los nombres de los primeros “inversionistas” mineros, que muy pronto habrían de conformar los bandos en pugna en la guerra civil: Facundo Quiroga, Martín Rodriguez, Pueyrredón, Lamadrid, Carlos de Alvear y Don Manuel Dorrego “que también tentó la suerte en el negocio del momento”.

            Hasta el ya anciano Dean Gregorio Funes ofrecía su desinteresado servicio a la explotación de minas; dice en una carta el 6 de abril de 1825: “como si la obra de nuestra libertad, en tanto devemos a la nación Inglesa fuese incompleta” ahora ella venía a prodigar sus capitales para que los tesoros que encerraban nuestros cerros, fueran productivos.

            Veinte días después de embarcarse Rivadavia para Europa, el 13 de julio de 1824 un grupo de fuertes comerciantes de plaza se reúne en Buenos Aires para constituir una sociedad argentina con capitales argentinos con la misión de explotar las riquezas mineras de La Rioja y más tarde en todo el territorio. Fue gestor principal de esta empresa el sr. Braulio Costa a quien lo secundaban J.P. Sáenz Valiente, Juan f. Molina, Pedro de Aguirre, Nicolás Anchorena, Juan José Anchorena, Marcelino Carranza y Ruperto Alvarellos. Comerciantes y ganaderos bonaerenses en su mayoría.

            Algunos de los integrantes de este grupo financiero se encargaban del empréstito Baring y del Banco y proponían construir el Puerto siempre que se les otorgara una concesión por 100 años.

            A propuesta de Braulio Costa el grupo designa al Coronel Ventura  Vázquez (más tarde fue el diputado por La Rioja al Congreso de 1825) para negociar con el gobierno de La Rioja a quien le dieron instrucciones reservadas por escrito.

            La propuesta de la Sociedad fue aceptada por el Gobernador Baltazar Agüero, el 13 de octubre de 1824. Se concedió el derecho exclusivo  para explotar la riqueza minera de su territorio por el término de 25 años (las instrucciones procuraban 50) aprobación legalizada por la Junta de Representantes (Legislatura) y aprobada por los Jefes de los Departamentos de la provincia: por los Llanos, J.F.Quiroga; por Guandacol, el Referendo José León Pajón; por Arauco el Cura Pedro Antonio de la Colina; por Famatina y por el gremio de Azogueros, el comandante Inocencio Moreno y por la ciudad, Baltasar de Villafañe.

            La compañía pagaría por 25 años los derechos estipulados en un 10%. Se autorizaba la libre introducción de la materia prima –el azogue- las máquinas y los instrumentos de minería

Para resolver los conflictos que surgieran “en concepto de los artículos de esta concesión en cuya inteligencia pueden ofrecerse algunas dudas” se facultó al Coronel y Comandante de la Provincia Juan Facundo Quiroga, para que “desvanezca las dudas que ocurrieren la verdadera inteligencia de ellos.”

            Facundo Quiroga no figura en dicha Compañía que encabezaba Braulio Costa quien a su vez era accionista del Banco que se creaba en Buenos Aires. Pero figuraba con 400 acciones del Banco de Rescates y Casa de Moneda de La Rioja creada el 15 de agosto de 1824. Sociedades que estaban vinculadas en su administración e intereses y “en realidad las mismas personas eran los accionistas de las dos empresas.”  Se resolvió entonces, “llevar en libros separados todo lo concerniente a la Casa de Moneda.”

            Se establecía claramente que “las ‘pastas’ debían ser amonedadas por la Casa de Moneda de La Rioja.”

            Se convocó a capitalistas privados para integrar la Casa de Moneda que debían integrar mil pesos y la sociedad se establecía por 10 años después de los cuales la Provincia tomaría a su cargo todos sus bienes.

            Los primeros suscriptores con 500 pesos cada uno fueron el Gobernador y sus dos hermanas, Juan Gregorio Moreno, Isidoro Carbajal y Gregorio Carreño. Como era un capital muy exiguo se invitó a participar a los  Comandantes de los cinco Departamentos de la provincia (uno de los cuales era J.F.Quiroga) y a representantes de los capitalistas de Buenos Aires. Luego Ventura Vázquez representante del grupo financiero manejó todos los aspectos del negocio minero: control total de las propiedades mineras, provinciales o privadas, laboreo de minas, banco, crédito minero,  y la  fabricación de moneda a través de la Casa de Moneda.

            El 28 de julio de 1824 se incorpora a la sociedad el Sr. Guillermo P. Robertson por venta de acciones que le hace Braulio Costa.

            El 5 de diciembre de 1824 se nombra una comisión compuesta por los socios Sres. Braulio Costa, Ventura Vázquez y Robertson, para atender en nombre de la sociedad, “todos los negocios; realizar contratos, otorgar poderes, nombrar representantes facultados a comprar o vender concesiones en el país y en el extranjero.”

            La lista de accionistas del Banco de Rescates y Casa de Moneda estaba encabezada por Juan Facundo Quiroga con 400 acciones, le seguía Guillermo Robertson con 170, Ventura Vázquez y Diego Brittain con 85, Sáenz Valiente y Braulio Costa con 62 y numerosos apellidos que tendrían relevancia en el proceso posterior de luchas civiles entre riojanos; de la larga lista mencionamos solo algunos:

Francisco Díaz

José Patrico del Moral

José Benito Villafañe

Dolores Fernández (esposa de Quiroga ¿)

Ventura Ocampo

José San Román

Lorenzo Gordillo

José L. Luna

Juan Ramón Quiroga (hermano)

Tomás Brizuela

José M. Fragueiro

Baltazar Agüero

Angel V. Ocampo

Félix Iriarte

Santiago Gordillo

Francisco San Román

Gaspar Villafañe

Florencio Ocampo

Francisco Alvarez

Ramón Doria

Fermín Aurelio de la Colina

Mateo Vallejo

Juan G. Carreño

Angel Pazos

Pedro N. Vera

            El 21 de Octubre de 1825 e reunió en Buenos Aires la Junta General de Accionistas, eligiendo la Junta de Directores (Braulio Costa, Castro, Fragueiro, Rojas, Fernández Molina, Robertson y Miller) y el 28 se elige como presidente a Braulio Costa.

            Dice el trabajo de Carmen Nidia Estévez:

            “La Rioja se encontraba en el círculo cerrado de una economía de subsistencia que no permitía la formación de ahorros, que pudieran ser invertidos en crear nuevas fuentes de trabajo o en ampliar las existentes. Sus grandes riquezas mineras no eran extraídas, no por el hecho de estar cubierta por miles de toneladas de tierra y piedra, sino por falta de capitales y mano de obra calificada.” Y agrega: “El gobierno de La Rioja al otorgar la concesión minera al grupo financiero porteño-riojano pretendía introducir en la provincia un factor de desarrollo que reactivaría su economía, no solo por el impulso que daría a la industria minera sino porque abriría nuevos campos a la producción.”

            En 1827 la Sociedad contribuye a la construcción de un camino entre La Rioja y Córdoba para facilitar el transporte de minerales.

            Y concluye:

            “Como se advierte, Quiroga fue un hábil negociante y promotor de la incipiente industria minera. La Casa de Moneda de La Rioja siguió acuñando durante  muchos años, casi hasta 1861 consiguiendo algunas monedas de muy bella factura. En ese sentido Juan Facundo Quiroga puede considerarse un precursor cuyas actividades en ese y otros campos todavía esperan estudios más completos.”

            Corresponde al lector analizar y vincular el proceso descripto con los sucesos que, sancionada en 1826 la Constitución unitaria y designara a Rivadavia como Presidente, desencadenara la guerra que condujera Quiroga contra Buenos Aires.

            El 20 de setiembre de 1829 la sociedad  Minas de Famatina es liquidada.

 

La economía riojana  después de la guerra civil.

“En el proyecto de desarrollo capitalista agro/exportador, vigente a principios del siglo XX, La Rioja no tenía asignado ningún lugar importante. Hacia ella no irían los capitales extranjeros que expandían los puertos, los ferrocarriles y los frigoríficos (complementarios de la producción ganadera y las explotaciones agrícolas de la Pampa Húmeda); hacia ella tampoco se dirigirían las principales corrientes inmigratorias animadas por proyectos colonizadores subvencionados por el Estado y los empresarios extranjeros que transformarían la ciudad de Buenos Aires y la campiña de la Pampa Húmeda en lugares densamente poblados. Llegarían solo algunas inversiones muy puntuales: para construir el Cablecarril que conectaba el distrito minero La Mejicana con Chilecito o para la construcción del ramal férreo desde Deán Funes (Córdoba) también hasta Chilecito. Inversiones pensadas para hacer más rentable la extracción del mineral de Famatina, que no tuvieron el efecto buscado y por eso, prácticamente hacia 1908 cesó la explotación minera en la provincia. Acaso la única función de La Rioja en el modelo agro exportador fue la de aportar el quebracho y el algarrobo para la extensión de las vías y el combustible de las locomotoras. Los obrajes forestales tuvieron su apogeo entre 1912 y 1918 debido a la valorización de la madera y los ínfimos salarios que se pagaba a los trabajadores. Sobre la tala irracional de los bosques, sobrevino la erosión que alejó las lluvias, y sobre las largas y sedientas huellas de la erosión siguieron circulando todavía un tiempo más los trenes cargueros.”

La creciente dependencia del Estado provincial y del modelo de sociedad que este promovía en La Rioja con fondos que provenían del Tesoro Nacional (señala que) en los ‘70, solo el 8% del presupuesto correspondía a ingresos locales,  en 1994 el porcentaje de recursos propios sobre los recursos totales apenas llegaba al 15,8%, y todavía en el 2007  las cuentas de La Rioja dependían en un 94% de los aportes del gobierno nacional y alrededor del 75% de los riojanos subsistían gracias a un sueldo del Estado.” (Oscar Páez Oliva)

 Los Jesuitas en La Rioja

 Extractos tomados del libro de Félix Luna “Temas de Historia Colonial” (Editorial Nexo La Rioja 2004))

            El 12 de agosto de 1767 se expulsaba a la Compañía de Jesús de La Rioja. La administración de las propiedades y bienes pasó a manos de la Junta de Temporalidades todo lo cual está registrado en expedientes que se conservan en el Archivo General de la Nación. “Su compulsa –dice Félix Luna- nos permite echar alguna luz sobre un tema que ha sido excesivamente fantaseado: las posesiones y las actividades de la Compañía”.

            “En 1682, un anónimo corresponsal se quejaba ante el rey del pleito que el rector había puesto a la ciudad para obtener tierras y agua, denunciaba que había cerrado calles ilícitamente para aumentar sus propiedades y se escandalizaba que la residencia tuviera cuarenta esclavos, dos viñas y cinco estancias … para sustento de solamente ocho sacerdotes. El mismo año, el doctrinero de Aminga, Bernardo Carrizo de Andrada, denunciaba también el acaparamiento de tierras por los jesuitas.” A continuación Luna transcribe los inventarios levantados por la Junta de Temporalidades en años posteriores a la expulsión, que extractamos a continuación.

            “El territorio sobre que se halla fundado este colegio y demás oficinas se compone de cuatro quadras en contorno, su fábrica de todo lo material es ordinaria, con sus claustros, interior y exterior medianamente dispuestos, Ynclusibe en dichas tierras su Huerta y corralones, hy la Yglesia e la propia conformidad sin cossa particular que notar. Tiene asimismoCalle real por medio para la Parte del Oriene unas cassas que comprehenden, de sur a norte, setenta y sinco varas y sesenta de Oriente a Poniente, su fábrica es regular de adobe crudo, todo techado de llave Maestra y entexado, con su huerta de varios Arboles fruales y agua correspondiente que t odo se halla posteriormente retasado en dos mil setenta pesos …

            “Tiene asimismo, calle Real de por medio, hacia la parte del Norte, un solar que contiene setenta varas en quadro donde asisten los esclavos en sus Ranchos, de madera bruta, muy ordinaria y los mas inútiles, que se halla retassado todo ellos $30.

            Tiene assimismo, ese dicho Colegio una Quadra de tierra nombrado el Encon que contiene ciento quarenta varas en quadro a todos vientos, con el agua correspondiente, la mayor parte desocupado y unicamente algunas Plantas de higueras y Algodón, que posteriormente se halla retassada en $150.

            “Tiene en la propia Conformidad a la Parte del Poniente de esta Ciudad dos hornos, uno para Texas y otra para tinajas, los quales erejieron dichos expulsos en tierras de Su Magestad y de las Prohibidas por las Ordenanzas Municipales de las Ciudad para su ocupación.

            “Un Molino Corriente a la parte del Poniente de esta dicha ciudad, con todo lo necesario sin mas tierras que las que ocupa, el hexido y Rancho que se halla retassado en $300.

            “Viña y Chacra. La qual tiene quadra y media de frente, de sur a Norte, todo lo Possible en labor desde la asequia principal con el agua correspondiente por días en cada semana, cuios edificios, Bodega, aperos, huerta, vino y demás Plantas se halla todo ello apreciado en $13.281.

            “La estancia nombrada Cuchiaco, cituada a la falda de una Sierra alta que corre de sur a norte, sus aguadas son Quatro vertientes de dicha sierra a la Parte del Oriente en poca cantidad, su terreno Tres Leguas de Norte a Sur y una de oriente a Poniente, árido y fragosso, y para el Oriente gran distancia en campo pero sin agua. La Qual se halla retassada en $ 300.

            “Otra estancia nombrada Guaco que se halla cituada onze Leguas de esta ciudad, a la parte del Poniente en las entrañas de una sierra que la forman un valle que tendrá de distancia como tres Leguas de Oriente a Poniente, por otras tantas de Sur a Norte, en círculo redondo que forman un Potrero con dos Puertas, en la Qual esta Población, de dilcha Estancia a expenssas de un arroyo que lleva como silnco marmcos de agua escasseandola y menguándose con exceso en los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre  a la parte del Sur, empezando desde el fuerte a la falda de una sierra alta se hallan tres Potreros hasta la del Norte, todo lo Qual, lo edificado y plantado, un Pedazo de viña con sus aperos y más un Molino corriente que por defecto de agua muele lcon la que se represa en ciertos tiempos del año, se halla apresiado y tassado en $6025.

            “Otra estancia nombrada Nonogasta, cituada a la Parte del Poniente de esta Ciudad en el Valle que llaman de famatina, distante como veinte y sinco Leguas intermediando una cordillera muy fragossa, su territorio que se ocupa en sementeras es de pan llevar, que tiene Quatro Lelguas de Oriente a Poniente y Sur a Norte dos, una a cada viento, en cuio terreno se halla Ynclusibe la Villa, Cassas, Bodegas y demás Oficinas. Ocupando lo material Quarenta y siete varas de Norte a Sur y Quarenta y seis de oriente a Poniente y la principal vivienda está en una situación alta, sobre un terraplén que corre de sur a norte, las Paredes de todo ello son fabricadas de adobe crudo, techadas de madera labrada y sin texa y el demás enmaderado es ordinario. Un Molino Corriente nuevo y otro viejo fundado diez Quadras de dicha Hacienda a la parte del Poniente, el Qual sirve de perjuicio, porque quando muele se extrabia el agua. La referida Viña se halla situada a la Parte del Sur que se Componían sus Plantas de Zepas y pies de Parras al tiempo de la expulsión de los regulares, de ocho mil trescientas treinta y ocho, ocupando con otros árboles frutales el terreno, de ciento sinquenta varas de sur a norte y ciento quarenta y quatro de Oriente a Poniente, cuia agua, con que se Riegan y Siembran las sementeras, es a expensas de un arroyo de la Hacienda de un Particular (el Vínculo contra el cual los jesuitas entablaron varios pleitos por el uso del agua del río)  nombrada Sañogasta el qual es en todo tiempo estable y firme, en cantidad de seis marcos, y es declaración que las Cosechas de trigo y mais son al respectibe del trabajo o labor del que siembra, porque como las tierra se hallan canssadas con lal continuación, es necesario sea doblado el trabajo. Distante de dicha hacienda sinco Leguas a la parte del Poniente, tiene un Potrero nombrado Massangano, con buque de Norte a Sur de sinco Leguas y de Oriente a Poniente tres, con sinco aguadas capaces pero sus Campos son muy cerriles. Otro más a la falda del Cerro de Famatina nombrado el Duraznillo y agua negra con Buques de media legua a todos vientos, que todo lo referido se halla apreciado en $2150,2 reales.

            Finalmente, describe la estancia de Zerrezuela, “cuias tierras son blancas y no sirben para siembras respecto de no tener aguas sino únicamente la que se coje llovedisa en unos Posos de Piedra …  distante de esta Ciudad setenta Leguas y sinquenta de la de Córdoba poco más o menos y se hallan posteriormente retassados todos los referidos parajes en $ 400.”

            A continuación Félix Luna dice.

            “De otros papeles de Temporalidades surge un esbozo de las construcciones del colegio jesuítico, en el solar que hoy ocupa el Colegio Nacional. Se componían de un patio adornado con naranjos, limas y limoneros, al que daban doce aposentos protegidos por un corredor sostenido por cinco pilares de algarrobo labrado. Había refectorio, librería (biblioteca), despensa, almacenes, herrería, carpintería y telar, todos con sus herramientas. Separadamente existían nueve habitaciones destinadas a alojar a quienes venían a hacer ejercicios espirituales. Por supuesto también incluían las construcciones lo que los inventarios denominan con una púdica expresión de origen marinero: ‘los jardines de desaogo’, es decir, excusados: cinco casillas bajo techo. Había una huerta amplia y el inventario de la biblioteca comprende más de cincuenta páginas de libros de teología o filosofía, muchos en latín, algunos en italiano y el resto en castellano. No se advierte entre las obras, que suman varios centenares, temas que no sean religiosos o de ‘philosophia moral’. La tasación de los libros es alta, casi $2700.

            “Todas estas edificaciones del Colegio estaban ya muy deterioradas pocos años después de la expulsión, pero el solar quedó reservado para sus nobles destinos. Allí funcionó desde mediados de la década de 1820 la Casa de Moneda que troqueló onzas, soles y reales, llevando a todo el territorio argentino una expresión de la habilidad y la iniciativa riojana. Allí se levantó el edificio del colegio Nacional, donde se formaron tantas generaciones de profesionales.

            Siguiendo con la glosa del inventario, llama la atención la cantidad de esclavos que eran propiedad de la compañía. Estaban ubicados en la ranchería situada ‘calle Real por medio’ del colegio, es decir, en la vereda norte de la actual calle San Nicolás de Bari (ex Bartolomé Mitre). Los inventarios computan alrededor de 500 negros, contando hombres, mujeres y niños, cifra considerable en proporción a la ciudad, que el Marqués de Sobremonte, en 1785, conceptuaba en unas 2200 almas. La tasación de los negros es, por consiguiente, muy alta: $37.560 según inventarios posteriores en varios años a la expulsión, lo que indica que en el patrimonio de la Compañía de Jesús en La Rioja, los esclavos constituían el bien más importante. Si en 1682 el informante anónimo que dijimos se escandalizaba por los cuarenta esclavos que servían a ocho sacerdotes, ¿qué no podría haber dicho un siglo después, con casi medio millar?”

            Finalmente Luna realiza consideraciones sobre el destino de los esclavos y la importancia de las propiedades de los jesuitas. Según Dardo de la Vega Díaz (Toponimia Riojana) el pueblo indio de Guaco era en 1719 encomienda del maestre de campo D. Ignacio Bazán de Pedraza y “es posible que éste haya sido el vendedor”. La Junta de Temporalidades adjudicó a D.Blas González la estancia de Guaco, “en pago de deudas contraídas” que en 1796 el propietario tasó en $8046. Joaquín V. González le dedica un capítulo de su Mis Montañas a Huaco.

            La Junta se hizo cargo de los bienes de los expulsos. “Su integración –señala Luna- varió a lo largo de los años de su actuación y los apellidos de sus miembros incluye a las cepas más viejas de la ciudad como a los linajes nuevos, incorporados en las décadas anteriores a la sociedad riojana. Allí actuaron Juan José Sedano de la torre, el cura rector Miguel del Moral, D. Manuel García Tagle, el procurador d. José Antonio de Medina Montalbo, el maestre de campo D., Juan José de Villafañe y Dávila, el maestre de campo D. Juan Manuel de Villafañe Brioso, el maestre de campo D. Alvaro de Luna, el subdelegado de la Real Hacienda Juan Antonio Gómez, el maestre de campo D. Nicolás de Villafañe Bazán de Gaete, D. Juan Lucas de la Colina, D. Juan Carreño, D. Vicente Bustos –este último, virtualmente a cargo de las actividades de la Junta en la primera década del siglo XIX-.

            “Muchas fueron las acusaciones intercambiadas entre los junteros por varios motivos, a lo largo de la actuación del organismo: la más común, que algunos de los miembros quería quedarse con algún inmueble de la Orden a través de su compra a bajo precio por intermedio de un testaferro. Tampoco en esto se diferenciaron las cosas de La Rioja de las que ocurrieron en otras ciudades en torno a los bienes de los expulsos.” (Luna cita entre sus fuentes a la “Revista Histórica del Convento de Hermanos Predicadores de La Rioja” Vol. I, Nº 4, noviembre de 1928)

            Todavía resta mucho por investigar cómo se realizó la transferencia de las propiedades de los jesuitas, a manos de los criollos a partir de la Revolución de Mayo. Los apellidos de los linajes mencionados se repiten a lo largo del siglo XIX en la cruenta guerra civil, así como los linajes Llanos, Tellos, Fernández, Quiroga, Brizuela, etc. en el sur oeste de La Rioja.

 

LAS CAMPAÑAS Y LA CIUDAD EN LA EPOCA COLONIAL

Citas del libro  “La Ciudad Indiana” de Juan Agustín García.

1933

 

El análisis de las campañas y la ciudad de Buenos Aires en la época colonial está claramente descripta en el libro de García. Citamos aquí aquellas afirmaciones que se refieren a la situación del modo y las relaciones de producción de la colonia hasta fines del siglo XVIII.

Juan Agustín García (1862-1923) abogado, era profesor de Derecho  y primer rector de la Universidad de Buenos Aires. Fue profesor de Historia Universal en la Facultad de Filosofía y Letras.

Inicia su libro con la frase: “L´histoire nést pas une science facile (Fustel de Coulanges)

 

Las campañas

            En Buenos Aires prefieren el pastoreo; un modo de trabajar fácil y entretenido, de acuerdo con sus preocupaciones tradicionales y aristocrática. En 1744 de los diez mil habitantes, sólo treinta y tres eran agricultores. La agricultura es oficio bajo. En la madre patria arar la tierra es tarea de villanos y siervos; en América, de tontos. “Los pastores, dice Azara, consideran mentecatos a los agricultores, pues si se hicieran pastores vivirían sin trabajar y sin necesidad de comer pasto, como los caballos, porque así llaman a las ensaladas, legumbres y hortalizas”.  En cambio, la lucha con el animal semisalvaje, la carrera al aire libre, mandando la maniobra del rodeo, con sus negros, indios y peones, le recuerda las escenas de la vida feudal, familiares a sus antepasados.” (pag. 18)

            La conquista y servidumbre de indios era un medio de lucro y placer, fácil y cómodo.

            “Solo quien sabe lo que acá se apetece el servicio de estas gentes, podrá hacer concepto de lo grandioso de estas acciones”. (Lozano)

            Los propietarios coloniales no tuvieron otro propósito que la explotación de tierras, indios y negros.

            Todas sus estancias estaban comprendidas en una zona de diez y nueve leguas de Sud a Norte, por sesenta o setenta de Este a Oeste. El resto de la Pampa, con las quinientas mil cabezas de ganado alzado, era de los indios. La tierra tuvo un papel preponderante en la evolución y jerarquías de la sociedad colonial.

            La industria era reputada servil aun ejercida por manos libres; “el suelo era la fuente principal, sobre todo, la medida única de la riqueza. Además de ser el único medio de sustento digno e independiente, la propiedad era requisito indispensable para el ejercicio de los pocos derechos políticos coloniales y una garantía relativa de que serían respetados los derechos privados.   

            “El suelo de Nueva España, lo mismo que el de la antigua, se encuentra en gran parte en las manos de algunas familias pudientes”. (Humboldt)

            La modesta aldea sudamericana comprueba la relativa verdad de la teoría económica de Carlos Marx. En esa agrupación sin capitales y comercio, que ignora la mercadería no hay más valores que los creados por el trabajo productor. La tierra es un don casi gratuito, como el aire, el agua, el calor, las fecundas fuerzas naturales. Por sí sola no tiene valor; en cambio es necesario que la violente el esfuerzo humano para que se transforme en riqueza.                                     

            Entre otras razones prefirieron la industria del pastoreo porque era la más cómoda y fácil, la que menos brazos y vigilancia exigía. Se concretaban a matar sus animales, o los de la comunidad, llamados de accioneros, previa licencia del Cabildo, para cargar con cueros los navíos de permisión; jamás se vio industria de aspectos tan siniestros y feroces.

            Los indios contribuían a mantener esta situación social, con su trabajo y su paciencia para sobrellevar resignados una vida miserable.

            Fray Tomas Ortiza, citado por Solórzano, coloca a los indios en la categoría de bestias, leños y piedras.(…) Celio Calcagnino, añade que se pueden cazar como fieras, si los que nacieron para obedecer lo rehusan. En derecho, se les califica de personas miserables. Fray Gregorio García, dominico, dice que “son de más baja o despreciada condición que los negros y todos las demás naciones del mundo.”

            El derecho vigente es el primitivo de la conquista, por el que las personas y bienes de los vencidos quedan a merced de los vencedores.

            La Encomienda es una institución de derecho que nace en la Edad Media, debido a las circunstancias sociales peculiares de esa época. Tanto el Rey, como la Iglesia, y los señores, no podían atender sus inmensas propiedades, y encargaron a caudillos militares la defensa de algún pueblo o territorio, contra el enemigo exterior o interior. El encomendero era soberano por delegación: administraba justicia, cobraba las contribuciones, frutos, cargos de todo género que se debiera a la corona, respetando la situación legal establecida, los fueros y privilegios adquiridos por las distintas clases sociales.

            Para explotar sus tierras comienza por valerse de los indios guaraníes que poblaban las márgenes del Paraná, indios mansos, sumisos y dóciles. Después trajo negros esclavos importados de Africa. Se disputaban esos cargamentos de trabajo humano, más dócil y barato que el proletario criollo, exigente, con todos los vicios y cualidades de su patrón, con los mismos perjuicios. El Virrey Arredondo recomendaba que se importaran negros para que, bajando sus valores, pueda comprarlos fácilmente el labrador: “habiendo hecho el gasto de una vez, tendrá peones que nada le cuesten en los sucesivo”. En 1677, el Cabildo pedía al Rey “le conceda algunos navíos de negros, pues en ella (Buenos Aires) no ai otros labradores ni travaxadores que cultiven la tierra”.

 

            Lo que caracteriza la economía del siglo XVIII es la aparición del capital. Durante el siglo anterior los conquistadores y sus descendientes habían acumulado pingues fortunas, con el sobrante del trabajo de los esclavos y proletarios; un trabajo apenas remunerado con los alimentos, es decir, lo indispensable para que no se mueran; se les otorga la vida precaria y miserable, y todavía de vez en cuando les exigen agradecimiento, lealtad y hasta sacrificio. Es uno de los tantos crímenes del terrateniente argentino: haber mantenido en la abyección, sumido en la miseria moral, cooperando en la ruina definitiva de una raza  bella, viril, inteligentes y con serias cualidades de carácter. Las exportaciones de cueros, el comercio con el interior, le dieron destino al capital, facilitando la consolidación de las fortunas.

 

            Buenos Aires fue comerciante desde sus orígenes: nació con el instinto del negocio, un instinto robusto y enérgico que se afirmó durante el siglo XVII, en una lucha curiosa llena de incidentes, trágica a veces, porque se llevaban las cosas a sus últimos extremos.

                                                                                                                                                                                                                                                                            A fines del siglo XVII, un viajero francés escribía lo siguiente sobre las riquezas de los comerciantes de Buenos Aires: “El mayor número de los traficantes en ganados están muy ricos, pero de todos los negociantes, los de más importancia son los que comercian en mercancías europeas, reputándose la fortuna de muchos de estos en doscientas a trescientas mil coronas o sean sesenta y siete mil libras esterlinas. De modo que el mercader que no tiene más que de quince a veinte mil coronas es considerado como un mero vendedor al menudeo. De estos últimos hay como doscientas familias en el pueblo.” Así en 1717 don Juan de Narbona dio veinte mil pesos para la fundación del convento de los Recoletos. El mismo Narbona, que era un contrabandista distinguido, construye, esta vez como empresario, el convento de las monjas Catalinas, estimado en cincuenta y tres mil pesos metálicos.

 

El proletariado de las campañas (Capítulo XII)

            Ese proletariado de las campañas -5.987 en 1744 frente a 186 propietarios,- se había creado cuatrereando en una atmósfera moral en la que andaban confundidas y mezcladas las ideas de lo bueno y de lo malo.

            Dos instituciones forman la base de la civilización moderna: la propiedad y la familia. El proletario no tenía la menor idea de la primera. Su sensación es que la Pampa y sus numerosos rodeos pertenecen a todo el mundo, un don de Dios del que usa paseando sus tropillas, carneando cuando tiene hambre, levantando su rancho donde quiere, con o sin permiso del dueño. En 1667 el Cabildo ordena “que los montes silvestres de la Rivera han sido y son comunes a todos los vecinos y deven gozar dellos y otros cualesquiera de que se pretendan aprovechar siendo silvestres”. Por otra parte, el origen de derecho de propiedad era demasiado reciente para que pudiera inspirarles respeto.

            Además una triste experiencia les enseñaba que el trabajo era una aptitud que para nada les servía. En las estancias se ocupaban los esclavos, muchos más barato que los asalariados. Con cien pesos plata se compraban los quince o veinte años de trabajo que podía dar un negro esclavo, el equivalente de tres o cuatro mil pesos de jornales. A principios del siglo XVII un peón de campo ganaba seis u ocho pesos mensuales, apenas lo indispensable para cubrir sus más apremiantes necesidades, “por cuyas causas no adelantan, por mas que anden en verano sedientos y fatigados, y en el invierno trémulos, yertos y hambrientos.” Por gracia se le permitía vivir arrimado a las casas, empleándolo en acarrear contrabandos, las faenas ilícitas  clandestinas.” “Todas estas estancias, se dice en un informe especial, están llenas de gauchos sin ningún salario; porque en lugar de tener todos los peones que necesitan, los ricos sólo conservan capataces  esclavos; y esta gente gaucha está a la mira de las avenidas de los ganados de la sierra, o para las faenas clandestinas de cueros; en trato son a tanto por cuero de cortar, desollar, estaquear u apilar; que todo el importe es de dos o tres reales, según el convenio de ajustar las operaciones en caballos del que le manda o propios suyos; conforme a la distancia, el riesgo o el pago en dinero o ropa”.

 

            El lector podrá apreciar en estas citas, similitudes entre la campaña de Buenos Aires y de La Rioja en los siglos XVII y XVIII, que tienen que ver con la ubicación geográfica de ambas y con el sistema económico hasta la creación del Virreynato del Río de la Plata cuando comenzó a desmoronarse la economía de las provincias del noroeste. No obstante el modo y las relaciones de producción existentes en la Colonia, que se prolongaron bien entrado el siglo XIX explican la base sobre la que se fue desarrollando la guerra civil que castigó definitivamente a nuestra provincia y a otras.

 

            Pero el Juicio Crítico al final del libro (Talleres Gráficos Argentinos L.J. ROSSO, Buenos Aires 1933) es una síntesis acabada de su contenido. Dice así:

 

“El proletariado de las campañas” nos ofrece un hermoso estudio de cómo se hizo el gaucho. Allá, en la Pampa libre, sin propiedad, sin rodeos que a todo el mundo pertenecen, “carneando cuando tiene hambre, levantando su rancho donde quiere”, libre como el ave, se hizo el gaucho.

El trabajo era una aptitud que para nada les servía: “en las estancias se ocupaban los esclavos, mucho más baratos que los asalariados”, y así, no encontrando quien comprase su trabajo, vive pobre y miserable en la inmensa pampa, de la cual y de cuyos rebaños puede libremente disponer. Si se arriesga a poblar, se le desposesiona.  Si se arriesgaba a poblar en las tierras realengas de la frontera, se le despojaba del resultado de su labor, y tenía que salir con su pequeño rodeo, levantar el rancho, dejar su hogar y su tierra. “Avanzaba sobre la línea de fronteras en busca de tierra libre donde fijar su hogar, construir su choza definitiva, cansado de vagar por las estancias, harto de una existencia de miserias, tipo heroico de nómada que tiende a la vida civilizada … Después de la independencia, el personaje español fui sustituido por el politiquero criollo, más simpático, pero igualmente voraz. La situación del proletario empeoró”. “Se había formado una liga de propietarios para arrojar a aquellos (a los gauchos) de sus hogares”, dice el coronel Pedro Andrés García. Los pequeños ganaderos y labradores quedaban poco a poco desposeídos, menguaban las cosechas de granos, pero la propiedad se concentraba. Y así, “poco a poco nace en el fondo de su alma el sentimiento del desprecio de la ley; en su imaginación es el símbolo de lo arbitrario, de la fuerza brutal y caprichosa, encarnada en un funcionario mandón, más o menos cruel y rapaz … sabe que no tiene derechos, es decir, tiene la impresión clara de que su bienestar, sus cosas, su familia, son átomos insignificantes, que tritura sin mayor preocupación el complicado mecanismo oficial”. Leyendo este capítulo se ve alzarse las bravías, y en el fondo tristes figuras de Juan Moreira, de Santos Vega, de Martín Fierro; óyese el hermoso  profundo lamento de éste. El no tener propiedad les privó de tener familia; en cuanto su físico precoz les permite, montan a caballo y salen a buscarse la vida, “se hacen de caudal a su modo, que consisten en yeguas, caballos y espuelas de plata, chapeados y alguna ropa, armas y abalorios …

 

“Pocos libros tan sólidos se habrán hecho ni en América ni en España; poquísimos de más enseñanza para nosotros, si es que los libros y la historia enseñan algo. Parece que no.

Si no fuera porque sabemos todos los españoles cuanto nos conviene saber, aunque no pelechemos mucho con ello, les aconsejaría a ustedes que leyesen La ciudad Indiana.”

                                                                                  Miguel de Unamuno

 

Sociedad y economía

            Armando R. Bazán en su Historia de La Rioja aporta datos fundamentales de su investigación.

            “La ciudad era la sede de la administración y de los negocios”; tenía escasamente 2.172 habitantes por 1810. “En Arauco y Famatina estaban los más imporantes señorías rrales, asiento de pròsperas estancias donde la agricultura significaba el principal género de vida. Allí existían importantes comunidades indígenas, grupo étnico afectado mediante el régimen de las encomiendas a trabajar en las propiedades de los españoles. Arauco era el curato más populoso con 2.518 almas, y exceptuando a la ciudad, seguíale en importancia Anguinán donde vivían 2.064 individuos.” En Arauco había 3 indios por cada español y su número era de 1.550, la mayor concentración aborigen de todo el territorio riojano.


Luego menciona los valles de Guandacol y de Vinchina, “ricos en trigo y en pasturas.” “La población indígena constituía allí el grupo predominante. “Sobre un total de 1.167 personas que habitaban el curato de Guandacol, 972 eran naturales.” Los “blancos” eran nada más que 143 individuos.

            “En 1778, la jurisdicción riojana tenía una acentuada mayoría de naturales. Sobre una población total de 9.699 habitantes, los indios representaban el 545 con 5.200 individuos.” Y consigna un dato muy importante: “Esto asignaba a La Rioja el segundo lugar por su caudal indígena entre 11 ciudades existentes en el Virreynato. Catamarca tenía únicamente un 18% de aborígenes mientras que el índice menor correspondía a buenos Aires con el 6%.

            “En 1808 –continua Bazán – un censo estudiado por Boman, demuestra la perduración de varios pueblos indios: Aimogasta, con 191 habitantes; Machigasta, 206, San Blas de los Sauces, vivían 669 individuos repartidos en 74 familias.”

            “A medida que disminuía el indio aumentaba el negro” dice Bazán.

            Aún no se había prohibido la importación de esclavos del Africa negra y aún después de la Asamblea del año 1813 persistió el esclavismo por muchos años, como se prueba en numerosos testimonios históricos. Y en La Rioja servían a la Iglesia y a los encomenderos españoles, y continuaron sirviendo a los “señoríos” durante muchas décadas.

            “En 1778 había 1906 individuos de ese origen racial distribuidos en 1.149 esclavos y en 757 libres. La colonia más numerosa encontrábase en la ciudad donde fueron empadronados 798. Seguían en importancia los curatos de Arauco, con 405, Los Llanos, con 374 y Anguinán con 138.” Constituía el 20% de la población frente al 54% de la población aborigen. Pero en 1795 en el padrón “el negro había pasado a ser numéricamente el grupo mayoritario. Este fenómeno estaba referido a las casas principales, donde se advierte la presencia de una servidumbre negra abundante, aplicada tanto a las tareas domésticas como a las faenas campesinas de fincas y estancias. En la casa del cura José Gabriel Ocampo, que vivía con tres hermanas solteras, había 4 blancos y 5 negros esclavos. La familia de José Noroña estaba compuesta por 5 blancos y 13 esclavos. Doña María de Luna poseía una servidumbre de esclavos y una doméstica libre con tres hijas. El caso más llamativo era la casa de don Fabián Gómez. Fuera de su esposa no había en ella ningún español. En cambio, era propietario de 18 esclavos que tenía en la ciudad y de 8 más, destinados a atender su estancia de Guaco. Sabiendo que en esa época un esclavo joven y sano solía cotizarse en 280 pesos plata, cabe inferir que este personaje tenía una fortuna nada más que en esclavos.”

                        Luego analiza Bazán el proceso de mestizaje en la estructura étnica señalando el retroceso de la población aborigen. Nos debemos una investigación sobre el período posterior a la Independencia y la participación de indígenas y africanos en el proceso de “asentamiento” de la población que sirvió a los ejércitos y a las montoneras.

            Para el censo de 1814  había en La Rioja más de seis mil individuos de raza africana que representaba el 43% de la población, 5.017 libres y 1.076 esclavos. “Blancos y negros eran hacia 1816 los dos estratos más importantes: 4.751 (34%) y 6.093 (43%) respectivamente sobre una población de 14.092 almas.”

 

La economía

            El principal género de vida de esta zona era la agricultura: trigo y pasturas en Guandacol y Vinchina; viñedo, citrus y algodón en Famatina. Otra actividad importante era la minería pese a los métodos rudimentarios utilizados para el laboreo de las minas. La mayoría de los empresarios eran españoles, quienes, durante la época de la emancipación fueron gravados con fuertes contribuciones en metálico.

            Antes de la revolución el comercio con Chile era activo y próspero, especialmente con Copiapó y Huasco.  Harina, vinos y aguardientes, hacienda en pie, constituían la base del intercambio.

            El Oeste era la región de los señoríos feudales, constituidos en las tierras dadas en merced real durante la Colonia.

            Los Llanos eran tierra de pastores, hombres libres la mayoría, aquerenciados en las rústicas estancias de la zona y colocados bajo el amparo material y moral de sus patrones, en algunos de los cuales palpitaba ya la levadura del caudillo.”  El padrón de 1795 indica la existencia de 46 familias en Tama, el pueblo más significativo base del vasto curato con 3.568 habitantes que comprendía la Costa Alta y la Costa Baja.

            “En una sociedad de tipo feudal como ésta, la influencia de la aristocracia de la tierra resulta evidente. Formaban dicha clase los descendientes de los españoles que protagonizaron el proceso de la conqujista y colonización del Tucumán.”  Y se extiende Bazán en los nombres de las familias Dávila “representados por Francisco Javier de Brizuela y Doria, señor del mayorazgo de Sañogasta instituido en 1663, descendiente del capitán Baltazar de Avila Barrionuevo, natural de Toledo que figuró entre los fundadores de La Rioja.”  Y luego señala a los Ocampo y Villafañe, “adversarios irrreconciliables de los Dávila.” Que a su vez se dividieron y enfrentaron durante décadas en el marco de la guerra civil que tuvo como escenario La Rioja.

            Juan Facundo Quiroga y los Fernández, Llanos y Tellos  fueron  también una expresión de ese señorío feudal basado en el poder de la tierra y los ganados en el caso de los Llanos y del poder de las armas como Comandante de Campaña en el caso de Quiroga.

            Muchos descendientes de españoles que eran comerciantes y mineros, ocuparían los escenarios de la guerra civil. “El más importante de estos –dice Bazán – fue don Vicente Bustos, casado ya en 1795 con Francisca San Román. De esta unión nació, entre otros vástagos, Manuel Vicente Bustos, cuatro veces gobernador, progenitor a su vez de Francisco Vicente, quien ocupó tres veces el sillón gubernativo.”

            La estructura de la producción y las clases poseedoras herederas del feudalismo español, generaron la superestructura institucional y ejercieron el poder político y militar  que dominara  en forma alternativa la provincia, prácticamente hasta más allá de Pavón, cuando ya aparece consolidada la burguesía en el poder del Estado y el Ejército.

           

La propiedad de los medios de producción

            La propiedad colonial de la tierra, sus aguadas, sus bosques, etc. así como la de los ganados estaba como sabemos en poder de los Encomenderos y también de los Comandantes de Campaña  que tenían la posesión de las armas.

            Cuando la Revolución de Mayo, Mariano Moreno envía a Castelli al Alto Perú con la misión de expropiar las minas y liberar a los indígenas que vivían bajo la explotación del español y suprimir el trabajo servil.

            Sabemos que una mayoría de “revolucionarios” de Mayo se opusieron y conocemos el destino de Moreno y la desgraciada muerte de Castelli, muy joven, como Belgrano, cuyas ideas como las de Monteagudo fueron derrotadas. La Asamblea del año XIII que conmemoramos con mucho cotillón en su bicentenario, adoptó sin duda medidas importantes aunque también rechazó el mandato de los diputados artiguistas y no los admitió; tampoco declaró la Independencia para lo cual había sido convocada.

            Y la propiedad colonial pasó directamente a criollos y también a españoles casados con criollas, que usufructuaron de la posesión de los bienes que, bajo unas Revolución, debían concederse bajo nuevas formas de propiedad.

            Como sabemos, hasta la entrada de vigencia del Código Civil en 1871, la lucha por la tierra estuvo en la base de múltiples enfrentamientos armados provincianos, en el marco general de la guerra civil argentina.

            No hubo a lo largo de la guerra civil, el menor intento de orientar una política para que los jornaleros, labradores y arrieros,  se incorporaran a la explotación rural bajo formas propietaristas de la tierra a la cual tenían pleno derecho a partir de la Revolución de Mayo, al menos en los proyectos de Belgrano, Moreno, Castelli, Monteagudo, Artigas  y otros patriotas.

 

 

La estructura socieconómica

           De los 400 documentos que recogiera en Los Llanos Juan Zacarías Agüero Vera y que compilara Miguel Bravo Tedín en su libro, leemos en “Los Llanos en números” la siguiente estadística.

 


 

Departamento Costa del Medio *

 

Registro Cívico de Tama

 

Departamento General Ocampo

 

25 de noviembre de 1877

 

Año 1878

 

30 de noviembre de 1879

 

Total empadronados (Profesiones)

 

Total empadronados: 254

 

Total empadronado: 108

 

 

 

 

 

 

 

Labrador

93

Labrador

97

Criador

35

Jornalero

54

Pastor

52

Labrador

45

Pastor

47

Jornalero

55

Jornalero

4

Arriero

13

Arriero

11

Arriero

3

Criador

4

Criador

5

Albañil

1

Ladrillero

1

Sacristán

1

Zapatero

6

Zapatero

7

Ladrillero

1

Carpintero

1

Carpintero

3

Arquitecto

 

Comerciante

2

Artesano

3

Angel Romero  

1

Leen y escriben:

13

Estudiante

4

Educador

1

No: 

95

Sacristán

1

Zapatero

5

Un índice de analfabetismo de casi el 90%.

 

Arquitecto

1

Carpintero

4

 

 

Educacionista

1

Comerciante

2

 

 

Comerciante

2

Artesano

2

 

 

Sastre

1

Sastre

1

 

 

Sombrerero

1

Estudiante

4

 

 

Empleado

 

Empleado

2

 

 

Público

2

Leen y escriben:

 

 

 

Saben leer y escribir:

92

Si:   95

 

 

 

No saben

157

No: 159

 

 

 

 

            Hay también datos de los empadronados en Patquía (y otras localidades para el año 1893) para el año 1881;  el total de 147 hombres (de los cuales 99 eran analfabetos) es indicativa de su decadencia, antes del Ferrocarril.

             Puede deducirse de este empadronamiento para las elecciones, la estructura  social de los Llanos, ya finalizada la guerra civil, el tipo de actividad económica dominante de la región, que nos permite deducir la “recomposición” demográfica después de años en que murieron miles de riojanos en la guerra.

            Curiosamente no figura ningún empadronado como Estanciero o Terrateniente. Los criadores y labradores  no trabajarían seguramente en tierras de su propiedad.  Y los arrieros trabajadores “libres” que se contrataban, indicaría que los arreos habían disminuido drásticamente.

            Puede deducirse también que los zapateros, carpinteros, artesanos, se constituirían prácticamente con el tiempo en pequeñas “fábricas” de botas y zapatos, muebles, carros, etc.  Y los comerciantes –seguramente- en capitalistas emprendedores e importadores de productos similares desde Buenos Aires y otras provincias.

            La proporción de labradores indicaría la importancia de la producción de hortalizas y otros cultivos que demandaba la población local.

No hay mención a tejedoras que era el oficio permanente de las mujeres, esposas e hijas de los trabajadores, que obviamente, no votaban y por lo tanto no  eran empadronadas.

            No figuran ni hacheros ni trabajadores del carbón, trabajos que seguramente lo realizaban los jornaleros, aunque fue a fines del siglo XIX que el ferrocarril demandó el quebracho y el algarrobo.

            También se puede deducir la escasa población en una región donde en los inicios de la guerra civil, era más del doble el número de habitantes, pero es indicativa de la proporción entre trabajadores y peones rurales que fueron la base de los ejércitos de la Montonera en La Rioja, como en San Juan y San Luis donde los Caudillos recibían también su aporte.

            Aparece también una planilla de jornales del 19 de febrero de 1872 que indica ya ujna forma primaria de asalariados: Demencio Días trabja por día a dos reales y tiene trabajado 4 días y tiene pedido ocho reales plata; Tristan Agañaras trabajo por mes contado a razón de sinco pesos mes y tiene trabajado días 30; etc. 

            Otros documentos comentados en  “Los Llanistos del siglo XIX” traen testimonios del Poder económico de quienes hegemonizaban el poder.” Paulino Orihuela –se lee- del círculo de Facundo”, fue  nombrado gobernador en marzo de 1831; “dio origen a numerosísima familia que entronca con los Peñaloza, los Bazán, los Agüero y muchas familias llanistas.” Se relata un conflicto de tierras entre Orihuela y Juan Argañaráz dueño de la “merced de San Antonio”, conflictos que se prolongaron por un siglo y medio hasta que se realizó un “saneamiento” de títulos de las mercedes de tierras. Otro conflicto descripto se refiere a un campo en Malanzán donde Orihuela dice ante un Juez Departamental (que eran nombrados por el gobernador) , “trabaje una represa que se denomino, y es conocida con el nombre de “Las Angosturas” la que después de trabajada y poseída e quieta y pacifica posesión por mas de diez años sin contradicción alguna, fui violentamente despojado por el poder e influencia del finado Don Angel Vicente Peñalosa, privándome absolutamente del beneficio de ese establecimiento de industria en el que invertí mis escasos recursos y el tiempo consagro a llevar a cabo esta empresa.”. Y muchos testimonios más relacionados a la apropiación de la tierra.

            Particularmente, cuando la viuda de Facundo Quiroga y posteriormente los hijos, reclaman sus campos desde Buenos Aires hubo conflictos por  las dificultades existentes debido a que se habían perdido numerosas hijuelas y documentos de la sucesión de Quiroga  y los Fernández porque  se llevaban a San Juan y tenían que ser  reclamados por los jueces y gobiernos de La Rioja.

           

La transición de la Colonia a la Independencia

            ¿Cómo fueron los cambios que se produjeron en la base económica en La Rioja a partir de la Independencia? Es un tema que requiere una investigación histórica específica en la provincia. ¿Por qué las formas de propiedad del régimen de mercedes reales continuaba a pesar de haberse logrado la independencia del régimen colonial? Acaso no debía crearse un nuevo sistema de propiedad como lo plantearon Mariano Moreno, Belgrano, Castelli, Monteagudo, los “jacobinos” de la Revolución de Mayo que plantearon la entrega de tierras a los indios? Acaso no lo propuso Dorrego en Buenos Aires? Claro que para 1825 aquellos estaban muertos.

            Según Ots Capedquí (“El regimen de tierras e la época colonial”) se produjo un traspaso de las Encomiendas al sistema de Arrenderos.

            Si “los Llanos” se denominaron así por la propiedad feudal de los españoles de apellido Llanos, desde la fundación de La Rioja, también se hubiera podido llamar “los Tello” por uno de los Encomenderos de la región.

            “Jurídicamente todas las tierras fueron consideradas como regalías de la Corona. Por lo tanto, su dominio privado sólo podía derivar de una gracia o merced real.”

            “La Iglesia, gran propietaria feudal, dueña de grandes latifundios, gozaba desde 1501 del diezmo de todos los productos del suelo y del ganado; gran prestamista hipotecaria; dueña de numerosos derechos de capellanía en la colonia.”

            La importancia reside en conocer qué se mantuvo y cuánto tiempo de aquel modo de producción colonial feudal en las nuevas formas de “propiedad” de hecho,  hasta la sanción del Código Civil en 1870. Importa saber cómo se transfirió la propiedad feudal en el territorio riojano desde 1810 hasta la finalización de la guerra civil.

                        En 1801 había en el Río de la Plata 30 saladeros en los que trabajaban más de 1.000 hombres.

 

            “La inestabilidad jurídica de los ocupantes pobres de la tierra permite comprender el carácter feudal de esos latifundios ya que en la servidumbre la propiedad territorial es simplemente un atributo de la propiedad de determinadas personas sobre las personas de los productores directos.”    

            “En la colonia en el Río de la Plata, adquirir un campo no implicaba sólo adquirir el derecho a la tierra, o a sus frutos, sino también el derecho a recibir una cuota determinada de hombres subordinados sobre la tierra o en la sociedad…” (Artigas: Tierra y Revolución. Nelson de la Torre, Montevideo.)

 

La Sociedad Riojana

Y la propiedad en tiempos de guerra

El libro Llanistos del 19 – Vida cotidiana en los Llanos de La Rioja en el siglo XIX que publicara el historiador Miguel Bravo Tedín en base a la documentación “recogida durante muchos años en los Llanos riojanos entre 1920-30 por el doctor Juan Zacarías Agüero Vera”, configura un testimonio que permite como señala el autor “obtener una serie de perspectivas sobre la sociedad, las costumbres, los personajes significativos de los Llanos de La Rioja en el siglo XIX.”


 

“Algunos documentos sobre Facundo, una veintena de cartas de Dolores Fernández, su mujer, hijuelas de Saturnina Quiroga y de otros muchos Quiroga, notas de Valentín Fernández, recibos, esquelas de distintos personajes nos permiten integrar una especie de rompecabezas que nos ofrece una serie de interpretaciones de lo que fueron esos Llanos riojanos en donde las familias de Quiroga, Fernández, Argañaráz, Orihuela, juegan un papel de significación para lograr el objetivo de repensar ese pasado tan rico y sugerente”, señala  acertadamente el recopilador  de  “unos 400 documentos de cartas, hijuelas notas, notas, recibos, etc. etc., estuvo extraviado durante varios años, pero la casualidad y la buena fortuna permitieron que la tarea de Agüero Vera no se malograra en el olvido, al menos.

Se trata de un trabajo de imprescindible lectura para conocer cómo era la sociedad y la economía en los años que estudiamos. Nosotros nos limitamos aquí a extraer algunos datos de la documentación relacionada con el objetivo de nuestro trabajo. El lector, hará su interpretación sobre dichos documentos.

Una cuestión muy importante consiste en conocer el valor pecuniario de las cosas, de la tierra, del ganado en particular, base principal de la riqueza y la economía de la época que puede compararse en forma relativa con los valores actuales.

Un documento revela el inventario realizado el 3 de septiembre de 1823 donde se registra lo siguiente:

8 mulas mansas a $ 4 cada una

6 mulas redomonas $ 3 y medio cada una

5 mulas chúcaras que valen $ 3 cada una

13 caballos que valen $ 3 cada uno

3 caballos redomones que valen 9 reales cada uno = 4 pesos

4 potrillos que valen 4 reales cada uno

45 vacas que valen 4 pesos cada una

7 novillos que valen $ 6 cada uno

4 cabesas de ganado de dos años que valen 2 pesos cada una

18 terneros de año que valen un peso cada uno

El anterior inventario formaba parte de uno mayor, del que no tenemos registro alguno, por lo que inmediatamente se dice: 

Importan los bienes inventariados y tasadas hasta este día 16414 pesos dos reales (diez y seis mil cuatrocientos catorce pesos dos reales. Firman como testigos: Juan Facundo Quiroga – José del Carmen Guerrero – Thomas Sotomayor.

Es muy sugestivo el informe de la hijuela que recibe Saturnina Quiroga, hermana mayor de Facundo, casada con Juan Cruz Fernández, de otra de las familias más ricas de los Llanos.

Además de recibir 500 pesos sonantes y campantes, una pepita de oro con siete cuentas celestes, dos sortijas con piedras, un Cristo con cruz de oro, más siete cuentas de oro y unos aretes de cuatro adarmes, la hijuela resume otros bienes, que resumimos:

14 trajes (“algunos sofisticados y muy caros”)

1 traje de raso encarnado con bolado de blonda

1 traje de Resete de seda color plomo con guarda bordada

1 de rasonegro

2 trajes de cotonia

1 de zaraza rosado

1 de punto velillo

1 de Cambarai

1 traje de coco

1 de bayetilla negra con cinta de terciopelo

Además de sombreros, gorras y zapatos.

Artículos para la casa

            “Las casas de los Quiroga eran casas importantes y Saturnina era Quiroga.” Se relata a continuación la ropa de cama, manteles, sillones, colchón, alfombra, etc.

            Se registra también “una mulatilla llamada María Antonia en el precio de siempre” y nos enteramos que el tal precio de siempre eran 100 pesos.

            Más adelante se registran los muebles, petacas, herrajes, candeleros, cortinas, mesas, etc.

            Continúa la recopilación relatando “una posesión” en Ñoquebe de un valor de 150 pesos y una parte de la estancia nombrada Macasin en 250 pesos, mas casi 250 cabezas de ganado entre novillos, toros y vacas que recibió la hermana de Facundo como parte de la herencia. Y concluye esta parte: “el total de lo recibido fue de 2.500 pesos, lo que unido a lo que poseía como mujer de uno de los hacendados más poderosos de los Llanos como fue Juan de la Cruz Fernández, hacen de Saturnina la mujer más rica de los Llanos riojanos de la primera mitad del siglo XIX.”

            “En 1856 se le da en venta real a doña saturnina Quiroga unas huertas, tierras y demás en Tosquea en 120 pesos, usados para el pago de deudas.”

            “El más viejo delito de La Rioja: el abigeato” titula el libro y describe documentos sobre el robo de ganado.

            El abigeato o robo e ganado está profusamente analizado en la historiografía argentina precisamente por el modo de producción dominante. Como puede leerse en las síntesis que hacemos de Juan Alvarez o de Juan Agustín García y la Ganadería Argentina de Giberti, o la guerra contra el Indio en las pampas, el robo de ganado fue el modo de subsistencia de los gauchos y las tribus pampeanas. (La propiedad de los ganados, Capítulo I)

            El período que analizamos aquí, estuvo marcado por  la apropiación de ganados como puede leerse en las crónicas de todas las batallas de la guerra civil. Los ejércitos federales o unitarios marchaban y  tomaban ganado en la retaguardia y después de una batalla, el bando ganador, se apropiaba de todo lo que podía para su “logística”. Lo mismo con mulas y burros en algunos casos que se relatan. Y no solo apropiación de ganado. Recuérdese la caravana de 100 carros que trajo Facundo Quiroga de Tucumán después de la batalla de la Ciudadela, o  el saqueo de Antonino Taboada después de Pozo de Vargas, hasta hombres, y mujeres cautivas se llevó todo lo que pudo de La Rioja. 

            Finalizada la guerra civil el abigeato pasó a ser una práctica de algunos bandoleros pero también de muchos desamparados, derrotados y diezmados en la guerra, en un territorio hostil, sin trabajo y sus familias desechas. ¡Cuántos hijos huérfanos de sus padres soldados habrán sufrido tanto despojo!

            En el libro de Víctor Hugo Robledo, “Destino Montonero” se describe con claridad y profundidad, las dificultades que tuvo la resistencia de Aurelio Salazar para organizar su ejército, tanto en hombres como en caballos y ganados para enfrentar al gobierno de Julio Campos, y se relata también el saqueo y robo de ganados que realizara Irrazabal, el matador del Chacho, en los Llanos.

            Nos debemos una investigación histórica sobre la vida de los pobladores de los Llanos y de los departamentos del noroeste riojano después de Pozo de Vargas, quienes fueron la tropa de los caudillos montoneros. Así es como se registran algunos intentos de rebelión y de acciones aisladas hasta fines de la década de 1860.

En relación al Reglamento de Policía se lee: “Numerosos testimonios anteriores y contemporáneos a su sanción nos permiten conocer más de cerca aspectos interesantes de la sociedad llanista de la primera mitad del siglo XIX.”   Y relata el calvario de Francisco Alvarez de Malligasta en carta fechada el 5 de agosto de 1830 que éste le dirige a su mujer y entre otras cosas le dice que “ una partida de facinerosos quiroguistas, nos condujeron con la mayor inhumanidad al territorio de los Llanos imputándonos crímenes que jamás hemos pensado, con cuyo pretexto nos saquearon cuanto teníamos allí.”

            Leyendo la crónica histórica de ese año pareciera que la cuestión estaba relacionada con el manejo y el control de la minería.

                        En relación a la tierra dice Bravo Tedín en el libro: “”Que si bien para tenerla o se heredaba o se tenia algo de dinero no era lo más representativo ni importante a la hora de calificar a alguien de rico terrateniente, pues más que poseer la tierra (que era abundante y barata) lo que más importaba era tener sobre ella toda clase de bichos vendibles o transables. En esos animales, justamente v.gr., residía la colosal fortuna de Facundo y no precisamente en las inmensas tierras que también poseyó.”

            En los bienes de Saturnina Quiroga puede analizarse la relación entre el valor de los ganados y el de la tierra. Efectivamente la tierra tenia poco “valor” pero se requería por lo menos de 1 a 5 hectáreas para alimentar una vaca, más los caballos.

            Téngase en cuenta que la mayor parte de la tierra era fiscal. En ese tiempo aún no existía el Código Civil en relación a la propiedad y las Legislaturas, grupos de 15 o 20  personas designadas por una asamblea que oscilaba entre 100 a 200 vecinos nombraban al gobernador y a los miembros de las Legislaturas (tanto de un bando como de otro) otorgaban la propiedad de las tierras, y en muchos casos, la Legislatura otorgaba propiedades al gobernador entrante o al saliente, en “reconocimiento” (sic) a su gestión. Lo que no sabemos es si en algunos casos la Legislatura anulaba alguna de esas cesiones, porque los documentos existentes revelan numerosos conflictos por la tierra entre poseedores de “derechos” que poseían.

Un documento revelador

            Transcribimos del libro “Nuevas y viejas rutas” de César Reyes (1922) en lo siguiente:

“Vos  estáis muriendo de tuberculosis, cohangasteños, por falta de pan, y habéis sido los dueños de esas ricas tierras y aguadas, hoy en poder de sólo tres familias; y vosotros, algunos centenares, confinados a las lomas peladas, donde sólo  el chaguar y el cardo crecen. Los ‘blancos’, dueños de las fincas de Cochangasta, o sean las familias rincón, Varreño y Villafañe, adquirieron esas propiedades de este modo, según lal historia documentada:

Doña Josefa Villafañe y Carreño, esposa de don Manuel del Rincón testa en el año de 1829 y en su testamento dice ser esposa de don Manuel Rincón y Escudero, hija legítima de don Juan Manuel Villafañe y de doña María del Rosario Carreño Bazán, ‘vecinos que fueron de esta ciudad de La Rioja’. Deja universal heredera a su hermana María Mercedes de Villafañe. Tengo el documento original en mi poder. Posteriormente, en 1836, aclara el testamento precitado por un codicilo cerrado (que tengo también original en mi archivo, dice Reyes), donde expresa que entre las tierras dejadas a su hermana van inclusos las que el hijo adoptivo de ella, don Jacinto Rincón, le había tomado por despojo  valido del poder, siendo gobernador, a quien por esta causa no lo beneficiaba con nada. En el expediente judicial que doña Mercedes Villafañe inicia para recuperar esos bienes dejados por su hermana doña Josefa (expediente que conservo íntegro en mi poder), se comprueba en forma de juicio, que la llamada ‘estancia de Cochangasta’ que don Jacinto Rincón tomó por la fuerza, siendo gobernador puesto por Quiroga, llegando hasta hacer colocar grillos a la madre que lo crio y adoptara, para que avisase de un tesoro que creía existía del marido ya finado don Manuel Rincón – era bien dotal, llevando al matrimonio, por consiguiente, por doña Josefa Villafañe y Carreño. Después de largas tramitaciones que no es del caso mencionar, hay dos fallos judiciales, en que se ordena al ujier dar la posesión de la ‘estancia de Cochangasta’, y demás propiedades tomadas por despojo por don Jacinto Rincón, a la heredera legítima de doña Josefa, su hermana doña Mercedes. Y hay dos tomas judiciales de posesión en ese sentido. Pero nuevamente, la viuda del señor Jacinto rincón, consigue recuperar Cochangasta, en 1841, encontrándose de gobernador en La Rioja por si propio, un cura Figueroa, venido de Catamarca con fuerza armada, rosista. (Ver Cronología histórica).

Nuevamente en el año 1861, el juez Andrés J. Herrera, mediante trámite e forma, por demanda de los sucesores de Mercedes Villafañe, falla, ordenando entregar Cochangasta, y la casa de esta ciudad a aquéllos, que retenía la viuda de don Jacinto Rincón, doña Angela Herrera. Se dio la posesión, pero quién sabe lo que ocurrió después en política, porque a pesar de haber cosa juzgada definitivamente, y por dos veces, la posesión la conservan hoy los herederos, nietos y bisnietos de don Jacinto Rincón, quien la hubo, como se vió, por despojo de la madre que lo adoptó siendo gobernador.

De modo, pues, que este es el origen de Cochangasta de los ricos, de esos ‘blancos’. Por una parte; por la otra, sabido es que el rey de España, solía dar en merced, es decir, graciosamente, las tierras principales, donde había aguada, a un aventurero que alegaba servicios a la corona, o que prometía poblar, quitándose así la tierra a los pueblos de indios, para formar latifundios en provecho de peninsulares. De este modo se han formado todas estas “estancias” y pueblos de españoles. Es rarísima la excepción, en que el rey concedía la merced a los caciques indios para que éstos repartieran las tierras entre sus súbditos, como ocurrió con Olta, que fue dada para poblarla civilmente a dos hermanos indios caciques como consta de la documentación colonial que tengo en mi poder.

De modo, pues, que a no dudar, Cochangasta fue quitada a sus primitivos moradores, los indios, cuyas trazas de su estancia en esta región aún perduran, y adjudicada a las familias Villafañe y Carreño, a las cuales pertenecía doña Josefa.

Los aborígenes eran los verdaderos dueños, puesto que eran los primeros ocupantes; los españoles, alegando el derecho a civilizarlos, los despojaron de sus pertenencias, confinándolos a los desiertos, cuando no los mataban directamente, o esclavizaban. Han debido atraerlos a la civilización para bien de españoles e indios.

Es lo que ha pasado con los aborígenes de Cochangasta; vuestros padres, eran los dueños, y después ellos y vosotros han quedado convertidos en parias y esclavos, de pocos blancos, en sus propios lares!

            Hoy vosotros ocupáis en vender brevas de ‘los ricos’ de Cochangasta; del señor Benjamín Rincón, actual gobernador de la provincia, nieto de don Jacinto Rincón; de doña Napoelona Rincón, hija de don Jacinto Rincón, etc. Váis por las calles, descalzos, a pie, o en burritos, conduciendo las brevas en canastos hechos de gajos de poleo o caña, por vosotros, y ya es una industria, que os alabo. Pasáis así las calles, agobiados, cogoteando canastos. Algún centavo ganáis en vender para otros las brevas de las que fueron fincas de vuestros abuelos, que no alcanza ni para comprar alpargatas o camisas, pues andáis semipilachos.” (Nuevas y Viejas Rutas, Buenos Aires, César Reyes, 1922)

Sobre los saqueos

            Dice Ema Reyes al referirse al saqueo que perpetraron los Taboada al ocupar la Ciudad luego de la batalla de Vargas:

 “Volvamos a nuestras damas, aquellas que en medio de la desesperación, enterraban sus dineros, sus alhajas y objetos de uso doméstico, que para esos tiempos representaban un capital, entre los tapiales, llamados dejón, en los cerros, en los templos y hasta en los cercos de ramas, para evitar el saqueo y total despojo de los ricos mantones de seda, provenientes de Chile (con quien se comerciaba), de mantas y chales de vicuña de la industria textil criolla de Vinchina, mates y jarros de plata, carabanas y brazaletes de oro, sartenes, almireces, pailas y braseros de cobre de fabricación también criolla con los metales del rico Famatina; y ante la orden o disposición de: ‘esto me encargó mi mamita’, eran arrancados a sus dueñas, por los montoneros, sin que tuvieran éstas, el derecho de exigir su rescate o indemnización.

            Por otra lado el elemento del pueblo, hombres y mujeres y aún de las distintas clases sociales, unidos y compactos supieron mantener latente un singular patriotismo no obstante sufrir la afrenta de ser arreados como bestias de carga al presidio del “Bracho”, en la provincia de Santiago; ellas fueron las humildes mujeres: dolores Díaz, Fulgencia de Contreras, Dolores Andrade, Micaela Abrego, Dolores Vargas y Basilio Silva, siendo azotados estos dos últimos.

            Así también los caracterizados señores: Jacinto Rincón, Emeterio González, Ramón Gil Iturbe, Ramón Navarro, Baltazar Torres y fray Rufino Barrera, que fueron conducidos con esposas y grilletes, por creérseles simpatizantes con la causa montonera, consiguiendo su rescate un año después el Juez Federal Dr. Morcillo.”

             Una anécdota del gobernador Wenceslao Frías al ser invitado por el Gobernador de Santiago del Estero, refiere que en la cena donde era invitado, aquel inspeccionaba los cubiertos y la vajilla y al ser inquirido por la esposa del gobernador santiagueño la causa de tal curiosidad, le respondió que eran muy parecidos a los que los Taboada le llevaron de su casa paterna.

 

Aspectos económicos del federalismo Argentino

Miron Burgin nacido en Varsovia en 1900, investigador de temas económicos radicado en EE.UU. en 1918, Doctor en Harvard llegó a la Argentina en 1937 donde se dedicó a la investigación económica del país y Editorial Solar publicó el libro del título.

            De la Cuarta edición de 1982 extraemos aquellos aspectos relacionados con nuestro trabajo referido a la economía y la sociedad en los años de la guerra civil argentina, que trata hasta la caída de Rosas.  Se trata de un libro de necesaria lectura para aquellos estudiantes de economía e historia y de historiadores que no han profundizado en los aspectos económicos de la guerra civil. El mismo analiza la economía en todo el período que va desde la Revolución de Mayo hasta el fin del gobierno de Rosas.

            En la primera parte el autor estudia las reformas comerciales y administrativas de los Borbones que estimularon el desarrollo económico del Río de la Plata y especialmente Buenos Aires. La “Gran Aldea” de “cuatrocientas casas” en 1650 se convirtió en una ciudad de más de 25.000 habitantes en 1779 y de unos 40.000 en 1801. Pero España no estaba en condiciones de absorber toda la producción de la colonia ni satisfacer las crecientes demandas de artículos a precios razonables. Aún con el régimen del Reglamento, el contrabando seguía siendo la actividad más provechosa.

            En las provincias, “el alejamiento de los principales puertos del comercio exterior, la presencia de numerosos obreros, debida a la incorporación de las tribus indias al sistema económico colonial y la abundancia de materia prima (algodón, vino, madera para fabricar carros, tejidos, géneros de lino, harina de trigo, maíz, etc.) más la disponibilidad de mercados internos, fueron factores que condujeron a la formación de una economía discretamente integrada.”

            “Y  la revolución de 1810 aceleró el proceso. Abrió las puertas a una inundación de artículos que pronto empantanó al país. Azúcar y arroz de Brasil, vino y coñac de España y Portugal, tejidos y otras manufacturas de Inglaterra y Europa, afluyeron en cantidades crecientes a Buenos Aires, de donde fueron distribuidos hasta los rincones mas lejanos del país.”

            El Federalismo nació reclamando la nacionalización del puerto de Buenos Aires. (Ver Proclama de Artigas).

            “Durante el gobierno de Martín Rodriguez (1821-1824), el territorio de Buenos Aires se extendió hacia el sur y el oeste, hasta donde se lo permitió la resistencia de las tribus indias.”

            La población de la provincia de Buenos Aires creció de unas 90.000 personas en 1809 a 68.900 en la ciudad y 74.600 en el campo y en 1829 el total se estimó en 153.000 habitantes.

Las transacciones de una estancia eran:

Año     cabezas de ganado  vendidas         Valor en pesos oro   Promedio x cabeza

1810                447                                            1.257,00                                 2,8

1818                1.000                                        11.213                                   11,2     

Las exportaciones en valor oro fueron en los años

1822     3.641.186

1829     4.477.055

El valor de las importaciones era:

Origen                Libras esterlinas           Pesos oro

Inglaterra              800.000                             4.000.000

Francia                110.000                                550.000

España                   115.000                               575.000

Europa otros          85.000                                 425.000

EE.UU.                180.00                                   900.000

Brasil                     190.000                               950.000

Otras                       85.000                               425.000

Fuente: Woodbine Parish (Londres 1825)

                        Más adelante estudia el tema de la deuda externa de Buenos Aires, que al año 1829 era de 12.693.333 pesos oro  y hay un análisis del empréstito con la Baring Brothers.

                        “Las contradicciones económicas  (entre los intereses  de Buenos Aires y las provincias)  determinaron y nutrieron los conflictos políticos, y al intensificarse las contradicciones tendió a hacerse más violenta la lucha por el manejo del Estado.”

            “Las provincias se empeñaron en tratar de proteger su industria y comercio contra la competencia foránea desde el mismo momento en que se abrió el país al comercio exterior y quedó virtualmente suspendido el intercambio comercial con Perú. “

            Es importante también el tratamiento que hace el autor sobre las diferencias entre los ganaderos de Buenos Aires (entre ellos Rosas) y el gobierno de Martín Rodriguez y Rivadavia en relación a la extensión de la frontera bonaerense en poder de los indios. Y es importante la mención a las diferencias entre Dorrego un federal distinto de Rosas. Y la campaña que años después realizaría Rosas para ganar territorio bonaerense a expensas de los indios, prueba el poder de los ganaderos bonaerenses.

            Nos enteramos en este libro que “el gobierno de Rivadavia, demasiado ocupado para tomar en cuenta las recomendaciones de Juan Manuel de Rosas sobre la necesidad de proteger las fronteras de Buenos Aires de los ataques de los indios, dedicó mayor atención al proyecto de abrir un canal que uniera los ríos Bermejo y el Paraná”. Que Sarmiento menciona en su libro Facundo.

            Burgin es otro de los historiadores que señala las tendencias democráticas del federalismo de Dorrego y Manuel Moreno. En sus numerosos artículos en El Tribuno, Dorrego no se cansó de insistir que las provincias estaban perfectamente preparadas para ejercer la autonomía económica  política  que el pueblo estaba en abrumadora mayoría a favor del sistema federal  de organización nacional. Pero vino Lavalle y el golpe de Estado, el fusilamiento de Dorrego y a continuación el pacto de Rosas y Lavalle y poco después el gobierno de Rosas.

            Una política comercial proteccionista –dice Burgin- era irrealizable. El dominio por parte de Buenos Aires del puerto marítimo del país fue el factor decisivo.

El siguiente cuadro del Registro Estadístico  del año 1822 es indicativo del grado de desarrollo de la burguesía comercial e industrial existentes en Buenos Aires, en “el centro y arrabales” señala.

Venta de abanicos             2

Fábricas de almidón         2

Venta de baúles  1

Farmacias                          17

Fabricas de chocolate       7

Industria del encaje         6

Carpinterías                      104

Confiterías                         7

Cigarrerías                        37

Posadas               12

Venta de guitarras           3

Hornos de ladrillos          67

Fábricas de jabón              8

Molinos                1

Cepillerías                         7

Peleterías                          1

Fabrica de sombreros       17

Carnicerías                        16

Tornerías                           2

Zapaterías                          110

Cuchillerías                       5

Peluquerías                       65

Fábricas de bebidas          1

Broncerías                         1

Caleras                2

Colchonerías                     7

Curtidurías                        5

Fabricas de tallarines      4

Hojalaterías                       26

Herrerías                           4

Imkprentas                        3

Talabarterías                     22

Platerías                            7

Panaderías                         26

Fábricas de polvo              1

Sastrerías                          47

Mueblerías                         21

Tonelerías                          13

Ventas de sebo                  8

No figuran en este Registro, los Saladeros ubicados más allá del Riachuelo que proporcionaban la base de la economía de la exportación.

En el año 1824 y 1831  se exportaron por el puerto de Buenos Aires:

Cueros vacunos                 155.963  205.136

Cueros de caballo                2.678           6.359

Cueros de oveja                 26.616        23.925

Pieles de nutria                 26.832         58.610

Grasa (arrobas)                 5.355            2.347

Sebo (arrobas)                     18.354         7.355

Lana (arrobas)                     10.086      30.683

Cerda (arrobas)                    4.129         8.414

Cuernos                              142.960      572.045

Los cuernos y los cueros de vaca permiten valorar la enorme importancia del ganado vacuno; y lo que salía de contrabando que no se puede registrar, pero sí imaginar.

El cuadro siguiente es indicativo de la importancia de aquellas fábricas y comercios para el atalaje y la ropa de los ejércitos. Tampoco se registraron la fábrica de pólvora y armas.

Y en 1830 se registra este otro siguiente cuadro:

Clase de negocio            cantidad             Clase de negocio            Cantidad

Carpinteros                       68                          Panaderos                          39

Sastres                               33                          Zapateros                           35

Sombrereros                      33                          Farmacéuticos                   32

Hojalateros                        16                          Curtidores                         17

Talabarteros                      16                          Ebanistas                           14

Fabricantes de

Ladrillos                            14                          Confiteros                          14

Velas                                   11                          Colchoneros                       14

Chocolate                           8                            Torneros                            8

Peines                                 5                            de  Cal                                3

Carros                                3                            Fideos                                 6

Y el número de habitantes en el año 1819 indica ya la diferencia del número de habitantes en Buenos Aires y en las provincias donde se desarrollaría la guerra civil que consideramos en nuestro trabajo:

Buenos Aires      120.000

Catamarca           40.000

La Rioja               20.000

San Juan              34.000

Mendoza              38.000

San Luis              16.000

Jujuy                    25.000

Salta                     50.000

Tucumán             45.000

S. del Estero       60.000

Córdoba               75.000

Tucumán, Salta y Catamarca se beneficiaban del comercio con Bolivia, entonces rico por la minería; La Rioja  de la guerra civil perdió ese comercio así como se resintió su comercio con Mendoza y Chile. La sangría de su población y la crisis de su economía sería la mayor de todo el NOA en términos absolutos y relativos.

            El libro de Burgin se extiende en el análisis económico sobre la economía y las finanzas de Buenos Aires hasta el fin del gobierno de Rosas. Y afirma:

             “La rebelión que obligó a Rosas a abandonar  las costas del Plata fue dirigida por Justo José de Urquiza, provinciano y federalista por antonomasia. Ocho días después de la batalla de Caseros, Vicente López, gobernador provisional de Buenos aires, se refirió al caído dictador llamándolo el salvaje unitario Juan Manuel de Rosas. El epíteto no estaba del todo injustificado, porque en cierto sentido Rosas y el federalismo se habían divorciado mucho antes de Caseros.”

 

Aspecto económico-social de la Rioja

 

J.O. FRENCH   en el Dpto. Famatina

1825:  25.000 habitantes en la provincia

Escribe en 1839 “On the province of La Rioja” 

 “Se elaboran aquí 7.000 barriles de vino de 10 galones cada uno y 100 de coñac. Se cultivan algodón  maíz, cebada para alfalfa, trébol, viñedos y cítricos;  el ganado vacuno se compra en los Llanos, aproximadamente 16.000 cabezas al año.

Se construía la primera bomba hidráulica que se veía en el lugar. El modo de obtener agua de las minas es mediante cubos de cuero; un recurso miserable cuya ineficiencia ha provocado el abandono de varias minas de respetado valor.”