Cronología VII parte

1863 – a la Batalla de Pozo de Vargas

La derrota del Federalismo

El triunfo de Buenos Aires

 

Iniciamos la última parte de esta Crónica histórica tomando como referencia de este período, los historiadores clásicos de las dos corrientes en que se divide la historiografía argentina y en especial el libro de Víctor Hugo Robledo (Destino Montonero – La fugaz estrella de Aurelio Salazar) y el clásico Bosquejo Histórico de La Rioja de Marcelino Reyes. El primero porque se trata de una investigación  profunda en los archivos históricos de La Rioja y una muy amplia bibliografía de autores del siglo XX y de nuevos investigadores riojanos.

Del Bosquejo Histórico tomamos el Capítulo XIII, el último de su libro, porque debe recordarse que Reyes llegó a La Rioja en Febrero de 1868 de la guerra del Paraguay con el grado de Capitán y como él dice al final del Bosquejo no escribió sobre los sucesos posteriores a ese año. Dice así: “Actor de los sucesos políticos y militares que se desarrollaron en la provincia de La Rioja durante esta época, nos abstenemos de dar una plumada más desde el arribo a la capital de la mismo de la división Arredondo, de la que tuvimos el honor de formar parte; porque cuando se trata de hechos contemporáneos, en los que se ha tomado una participación más o menos ardorosa, y cuyos autores viven aún en su mayor parte “una acusación errónea, aunque esté patente la buena fe, es una mala acción”. ”

               Víctor Hugo Robledo en la página 260 de su libro publica una foto de Marcelino Reyes, que solo llegara a Teniente Coronel al final de su carrera militar, (Ver su Biografía) y al pié dice:  Coronel Marcelino Reyes, arribó a la provincia para reprimir a las fuerzas montoneras surgidas de la rebelión de Varela”.

La importancia de lo escrito por Reyes (al margen de su opinión) del período 1863/1868 radica en las referencias directas de  protagonistas de la cruenta  guerra,  y de las referencias de muchas personas, políticos, soldados, militares, y gente del pueblo, que participaron de la larga guerra civil que padeció todo el pueblo de La Rioja entre 1820 y 1870. El Capitán Reyes actuó bajo la dirección del entonces Coronel  José M. Arredondo, jefe superior de las fuerzas represoras  (mitristas) y de la cadena de mandos superiores como  el Coronel Gordillo, jefe de la Plaza de La Rioja en 1868 y del  Coronel Ricardo Vera, quien –a su vez-  estaba subordinado al Sargento Mayor Pablo Irrazabal, autor material del asesinato del Chacho Peñaloza en 1863.

               Reseñamos entonces y finalizamos con este período las Crónicas que tienen como objetivo, hacer que el lector tenga una referencia directa de los hechos históricos acaecidos durante la guerra civil.  La descripción que hacemos de la Economía y la Sociedad en la guerra civil en nuestra provincia, deben referenciarse  con  la Crónica histórica. Los hechos y el suceso histórico, no pueden ser separados de la vida de la gente, de su pueblo; de su modo de  subsistencia económica en medio de la guerra. Así como el protagonismo de sus hombres tampoco puede disociarse de los intereses económicos y de las ideas que constituyen el leit motiv de la política y de la guerra. Hasta el día de hoy.   Continuaremos desarrollando  nuestra investigación sobre la Economía y la Sociedad en el tiempo histórico que aquí estudiamos.

La Rioja después de la muerte del Chacho

“La Rioja se había vuelto una cueva de ladrones que amenazaba a los vecinos, y donde no hay gobierno que haga ni la policía de la provincia.” (decía  Manuel  V. Bustos según Reyes, pag.212). Y continúa Reyes:

               “Pero el señor Bustos, que durante muchos años había mirado como patrimonio suyo el  gobierno de La Rioja, porque los sucesos lo habían llevado durante cuatro ocasiones a dirigir sus destinos, no tenía por el momento otros ideales que hacerse elegir a todo trance gobernador en propiedad, una vez más apoyado en el poder material del batallón 6 de línea, cuyo jefe, el coronel don José Miguel  Arredondo, los sostenía con decisión, y no se preocupaba de otra cosa que del triunfo de sus aspiraciones, contrariando la inmensa mayoría de la opinión de la provincia, que había resuelto elevar a la primera magistratura de la misma al austero y patriota riojano doctor don José Benjamín de la Vega.”

               Luego narra el proceso por el cual Bustos logró imponer una Legislatura sumisa que lo designara, destituyendo a Cesáreo Dávila, Santiago Mendoza y Nicolás Barros, llegando –según su relato- a arrancar violentamente de su asiento en plena sesión de la apertura de la Legislatura al “respetable anciano don Domingo A. Villafañe; … hombre afincado, bastante sencillo y sin malicia, de natural bondadoso y dócil, pero decidido liberal en política, a la vez que comerciante honrado, el señor Villafañe había desempeñado con aplauso de sus comprovincianos elevadas posiciones de carácter político y administrativo en la provincia de su nacimiento, como coronel de sus milicias durante la lucha contra la dictadura de Rozas, gobernador constitucional, presidente de la legislatura, juez departamental, etc. etc.  En el Departamento de la Costa de Arauco, en donde habitualmente residía y en otros puntos más del territorio de la provincia, poseía intereses valiosos que personalmente administraba a pesar de su edad ya avanzada; y como comerciante en la plaza chilena de Copiapó, o en Córdoba, Catamarca y otras provincias argentinas gozaba de ilimitado crédito en sus operaciones mercantiles, porque era un hombre a carta cabal.”

               Reyes narra el operativo que se hizo contra Villafañe por el cobro de un documento de pago (originado en Copiapó)  por parte del juez de primera instancia Francisco S. Granillo, el juez subrogante Dámaso Mendoza y el señor Carmelo Valdéz, hijo político del juez Granillo que llevó a prisión a Villafañe,  ante el silencio de los legisladores Jacinto Rincón, Fermín Bazán, Pedro Larrahona, Tomás Vera y José D. Luna.

               “Convencido al fin el coronel Arredondo de la impopularidad del candidato oficial, terció de lleno en la contienda electoral haciendo desaparecer del escenario político, por medio de su influencia decisiva, las dos candidaturas  que se disputaban el triunfo; la del gobernador interino don Manuel V. Bustos y la del doctor don José Benjamín de la Vega, para elevar en su reemplazo la del distinguido segundo jefe del batallón 6 de Línea, teniente coronel don Julio Campos, quien tuvo participación decisiva en el sitio de La Rioja de 1862.”

               El 14 de marzo de 1864 se reunía en asamblea la Cámara Legislativa y el Colegio Electoral nombrando a Julio Campos por unanimidad, continuando Bustos como gobernador provisorio hasta el regreso de Campos. Y diez días después, sanciona una ley que en su parte esencial decía:

“Considerando los importantes servicios que patrióticamente ha prestado a la provincia y a la causa de la libertad el benemérito ciudadano don Manuel Vicente Bustos; que debido en gran parte a sus nobles y heroicos esfuerzos la provincia de La rioja se encuentra gozando de completa paz y tranquilidad al amparo de nuestras leyes e instituciones protectoras; que todos sus actos durante el período del gobierno que ha ejercido, levan el sello honroso de la rectitud, integridad y patriotismo,; no ha permitido que se derrame una sola gota de sangre, aun de aquellos extraviados que siguieron el negro pendón del caudillo, respetando y haciendo respetar sus vidas y propiedades, etc. etc..  sanciona con fuerza de ley:

Art.1º. Se aprueba en todas sus partes la conducta pública, como todos los actos administrativos del gobierno interino de la provincia, que ha ejercido el benemérito ciudadano don Manuel Vicente Bustos.

               El 25 de junio, días antes que asumiera su cargo el gobernador Campos, la Legislatura reconoce una deuda a favor del señor gobernador don Manuel  V. Bustos de su administración de gobernador, que terminó su período el año de 1854 y, en cuyo mérito queda reconocida la suma de ‘cuatro mil doscientos cincuenta y un peso con uno y medio reales ($ 4.251 1 ½) que por el  documento de su referencia acredita don Manuel V. Bustos serle deudor el  “Estado de la Provincia”, procedentes de sueldos que alcanzó en el destino de gobernador. (Bosquejo, pags 218/19)

               El 27 de junio asumía como gobernador el teniente coronel  Julio Campos,  designando a  Angel  Julio Blanco como Ministro general.

               El despacho del  gobernador , la tesorería general, a cargo de don Jacinto Rincón, funcionaban en la casa particular del señor Bustos, sirviéndose de los muebles  y útiles de su propiedad. Al asumir Campos no se llevaban libros de contaduría, ni de tesorería, sino simples apuntes. Y la caja del tesoro, un armastote de tosca madera de algarrobo, no contaba ni con un centavo.

               A fines de 1864 ante la renuncia de Blanco el gobernador designa ministro general de gobierno al joven doctor Guillermo San Román, quien sería (según Reyes) uno de los mandatarios sino “el primero, de los más progresistas, liberales y honrados de la administración de los dineros públicos, que hasta entonces había tenido la infortunada provincia de La Rioja.”

               Pero las divisiones dentro del sector liberal de la nueva burguesía riojana  comenzaron a hacerse sentir. La acción de Bustos crecía y se había robustecido coincidiendo con la sublevación de los contingentes de tropas que reunían en Catuna y Posta de Herrera los comandantes  Ricardo Vera y José María Linares para ser conducidos al teatro de la guerra al Paraguay, y la montonera del caudillo Aurelio Zalazar, frente a más de trescientos gauchos.

 

               La Legislatura sancionó para el año 1865 un presupuesto que fijaba los gastos de la administración general de la provincia en la cantidad de Treinta y nueve mil trescientos sesenta y seis pesos bolivianos;  y los sueldos –anuales-  eran los siguientes:

Gobernador        $ 2.000 

Ministro                 1.500

Camarista              1.300

 “  Lego                      600

Fiscal letrado        1.000

Juez de 1ª inst.      1.200

Jefe de Policía          700

Medico de policía   200

 

               “No habían transcurridos aún seis meses desde que se recibió del mando de la provincia el señor Campos, cuando los principales miembros de la familia del señor doctor Bazán, como su hermano Pedro, sus primos hermanos don Domingo H. Luna y don Jacinto Rincón, y sus amigos más decididos y partidarios, don Aurelio Aniceto Vega, don Dámaso Abrahán Mendoza, don Pedro Larrahona, don Fermín Bazán, don Francisco S. Granillo y otros más, algunos por razones relacionadas íntimamente con los intereses particulares de la casa comercial que giraba en esta plaza y en la de Catamarca bajo la razón social de Bazán y Luna, resolvieron retirar su concurso al gobernante que casi todos ellos habían elegido con su voto en la legislatura, convertida en colegio electoral por la constitución vigente entonces para verificar dicho nombramiento.” (Bosquejo, pag. 221)

En el marco de esta situación política se desarrollarían los acontecimientos  y la rebelión montonera que tuvo como jefe máximo a Felipe Varela y a Zalazar como uno de sus principales comandantes.

 

La última insurrección riojana y federal

               En su libro de imprescindible lectura, Víctor Hugo Robledo traza la trayectoria del caudillo Aurelio Salazar, quien “se mezcla con la gesta americana encabezada por Felipe Varela, con quien va hacer toda la campaña hasta Bolivia y es protagonista del último gran alzamiento de montoneras que va a sitiar la ciudad de La Rioja en 1868.”

               Extractaremos de su libro (basado en los Archivos de varios cuerpos  del Juzgado Federal , “Zalazar Aurelio y otros, S/sedición”) sobre  aquellos tramos que dan continuidad a los hechos políticos y de guerra que analizamos en estas Crónicas históricas, que relata la trayectoria de Salazar, su persecución y encarcelamiento desde noviembre 1865 hasta enero de 1867 en que huye para unirse al movimiento de Felipe Varela y una segunda etapa en diciembre de 1867 hasta su sentencia a muerte en septiembre de 1869.

               Salazar se impone la tarea de sublevar los Llanos poco después del asesinato del Chacho, recorriendo el territorio en busca de hombres, animales, armas y demás recursos “para resistir ante otro atropello a la población riojana, que fue la leva forzada de sus hombres para trasladarlos al escenario de la guerra con el Paraguay.” 

 

               “Asesinado el Chacho, la provincia presentaba un panorama desolador. Muchos hombres habían caído defendiendo la provincia, otros había sufrido mutilaciones o graves heridas, otros estaban ocultos para no sufrir la forzada leva al Ejército de Línea o la captura acusados de montoneros, algunos habían huido a provincias vecinas o cruzado la cordillera para asilarse en Chile. En La Rioja casi no había hombres en edad de trabajar y los que quedaban andaban huyendo.

               En cuanto a los recursos, no había caballos ni siquiera para las postas que eran los recambios que abastecían a los viajeros y correos que transitaban por los sinuosos y extensos caminos. Tampoco había mulas para el transporte de las más variadas cargas; ni ganado vacuno y caprino para el consumo humano. Todo escaseaba o se ocultaba en La Rioja.” (Robledo, Salazar, destino Montonero, pagina 25)

Parecía una utopía volver a reunir una fuerza capaz de enfrentar al ejército nacional.

               Sin embargo, Salazar insurrecciona los Llanos y se enfrenta a los ejércitos de Línea constituidos por fuerzas nacionales y provinciales. “Estuvo presente en los momentos previos y posteriores a la trascendental batalla de Pozo de Vargas en abril de 1867, acompañó a Varela en la toma de la ciudad de Salta y en el exilio en territorio boliviano.  De regreso a la provincia, participó activamente en las sucesivas rebeliones montoneras, que alcanzó su punto más álgido durante el sitio de la ciudad de La Rioja en 1868. Su desaparición física coincide con el fin de una heroica y dolorosa etapa de la historia provincial, de la cual La Rioja jamás pudo recuperarse.”

Guerra del Paraguay

“El 14 de abril, el general paraguayo Wenceslao robles, ocupaba la ciudad de Corrientes al mando de 3 mil hombres. El día anterior, cinco buques de guerra paraguayos se habían apoderado de dos pequeñas naves argentinas. Argentina tuvo motivo para declararle la guerra. El presidente argentino Bartolomé Mitre expresaba: “En 24 horas en los cuarteles; en 15 días en Corrientes; en tres meses en Asunción.”

               “El 1º de mayo, Argentina, Brasil y Uruguay firmaban el tratado de la triple alianza para enfrentar al Paraguay. La guerra culminaría recién en marzo de 1870. En los cinco años que duró el conflicto bélico, murieron 200 mil hombres, principalmente de Brasil y Paraguay. Este último país quedó devastado en los planos económicos, social y cultural, y perdió el 90% de su población masculina.”

               El 17 de abril de 1865  el ministro de Guerra, Juan Andrés Gelly y Obes comunica a La Rioja  sobre el estado de sitio y la orden de movilizar las Guardias Nacionales para ‘atender a la necesidad y defensa de la Nación’.

               Le tocaba a La Rioja reunir junto a San Luis un batallón de 500 efectivos bajo el comando de Antonino Taboada sobre la base de la Compañía del 6º Batallón existente en La Rioja, nombrándose jefe del mismo al gobernador Julio Campos.

               Comenzada la leva de hombres para sumarse a la Guardia Nacional  “los hombres huían al monte más cercano”.

 

La resistencia de Salazar

               El coronel  Nicolás Barros enviaba un parte a Campos: “En mi comisión se han presentado cuarenta  tantos hombres. De éstos la mitad buenos,  la otra presentados a bola. Pero para infundirles confianza los he ido agregando a la división, fuera de once que tengo entramojados”.

               De Julio Campos a Mitre: “Es muy difícil sacar hombres de la provincia en contingentes para el litoral, porque es tal el pánico que les inspira el contingente, que a la sola noticia que iba a sacarse se han ganado a las sierras y no será chica la hazaña si consigo que salgan”.

               En un comunicado del Comandante de Los Sauces, Heraclio Catalán, al comandante de Arauco, Nicolás Barros, le expresaba lo difícil que le estaba resultando reunir el contingente en aquellos pueblos.

               El Juez Federal designado a La Rioja, Natanel  Morcillo, intervino en todo el proceso de Salazar.

               En  Catuna se estaban reuniendo 80 hombres bajo la guardia de soldados del  Regimiento 1º de Línea a cargo del coronel Ricardo Vera.

               Un herrero catamarqueño recibía la suma de cuarenta pesos por la construcción de 200 grillos para voluntarios catamarqueños que marchan a la guerra del Paraguay.

               (…)  “entre el 19 y 20 de junio se le presentó en La Esquina Aurelio Salazar y le dijo al declarante ‘que ahora estaban bien, porque él había traído orden del general Urquiza de pronunciarse a favor del Partido Federal sublevando Los Llanos y que don Carlos Angel  (*) y don Carlos Alvarez con quienes había venido de Entre Ríos un mes antes, debían en unión con don Manuel Vicente Bustos, hacer en ésta la revolución derrocando al actual gobierno.” (Juan Carrizo, natural de San Juan, testigo de los movimientos de la montonera en los días previos al golpe que daría en Catuna y Posta de Herrera, esta última situada en la aguada “La Hedionda de abajo”.)

               * Carlos Angel, fuerte propietario de  la Villa de Famatina, declararía ante el Juez, que Salazar era uno de sus peones que le traía unas mulas de Entre Ríos; en su mayoría los hombres que se sumaban a la lucha, eran peones, labradores o arrieros que trabajaban para aquellos propietarios, criadores (ganaderos) de los Llanos,  Famatina o Arauco, donde la ganadería y la agricultura o la minería que daban sustento económico a la población.

 

               A fines de junio de 1865 una fuerza numerosa bajo las órdenes de Aurelio Salazar, Ramón y Simón Flores, Apolinario y José María Tello, Ismael Gutierrez, Carmen Guevara, desbandan a un contingente de 80 hombres reunidos por Ricardo Vera y José María Linares en Catuna.  Más tarde se dispersa también  en Posta de Herrera a un contingente reunido por Linares.  Posteriormente en el paraje de Catunita, Linares tomó por sorpresa a una partida de montoneros al mando de Simoncito Flores quien fue tomado y fusilado inmediatamente.

 

El Estado Mayor de Aurelio Salazar

               Víctor Hugo Robledo escribe en su libro (páginas 49/50) el destino de algunos de sus hombres. Simón Flores, fusilado; Ramón Flores se refugiaría en San Juan; Lisardo Luna, muerto en el combate de Olpas el 12 de agosto de 1865; Ramón Ibáñez concuñado de Salazar se distanció y en noviembre de 1865 fue degollado, “se dijo que por orden del mismo Salazar”; Coronel Juan Antonio Bamba tomado prisionero en el bajo de Tama y fusilado por orden del coronel Nicolás Barros; Carmen Guevara, hombre de color, tomado prisionero y fusilado después que Salazar cayera en prisión; José Apolinario Tello hermano de José María Tello (jefe de la división de operaciones) traicionó a Salazar, lo detuvo por segunda vez y lo entregó a la justicia para su juzgamiento en 1868; Francisco Soria de la guardia personal de Salazar cayó en la batalla de Olpas;  N. Soria fue detenido y acusado de “cabecilla” de la rebelión; Ismael Gutiérrez pieza clave del levantamiento de 1865, desapareció de la escena; José Indalecio Nieto cayó prisionero junto a su jefe; Martín Aballay, comandante en Olta, desapareció después de la primera rebelión; Justo Rufino Quijano, cordobés, sastre, residente en Tama, acompañó a Salazar en la batalla de Pango y después se refugió en San Juan donde fue tomado prisionero y volvió a la provincia al servicio de Pablo Irrazábal el asesino del Chacho; Salvador e Isidro Quiroga, hermanos, uno de ellos sargento, fue fusilado “al parecer por orden de Salazar en San Antonio, el pueblo natal de Juan Facundo Quiroga”; Manuel Ozán se alejó de la rebelión por diferencias con Salazar; N. Quijano prisionero en Valle Fértil fue puesto a disposición de la justicia riojana; Ascencio Ribadero, originario de San Luis, fue acusado de saqueos y ejecuciones en Cruz del Eje.

               Los capítulos 4 a 8 del libro de Víctor Hugo Robledo (En búsqueda de la recuperación;  Traidores, Desertores y Ejecutados; Expandir la Revolución; Salazar preso; Montoneros presos y perseguidos; Nuevas Montoneras, Revoluciones y fugas) relatan la lucha de Salazar y sus hombres  en las difíciles condiciones de vida en que se encontraban los  hombres luego de la muerte del Chacho.  Muchos desertan de las filas montoneras,  y otros, reclutados a la fuerza para el 6º de Línea, desertan y vuelven a las filas montoneras. Pero son grandes las dificultades y las carencias para conseguir hombres, caballos y ganado para la subsistencia.

El Gobernador,  Teniente Coronel  Julio Campos que delega el mando en su Ministro General, derrota a Salazar en Pango,  en escaramuzas en el río La Cruz y más tarde en Olpas.

               El Juez Federal  Natanael  Morcillo designado por Mitre,  está a cargo de la causa contra la montonera de Salazar. 

               El  14 de abril de 1968 se produce un motín en La Rioja de una fracción política que logra imponer como gobernador a Vicente Gómez quien duraría cinco meses en el cargo hasta la elección del por entonces Juez en San Juan, José Benjamín de la Vega, candidato apoyado por el jefe militar de la guerra, José Miguel Arredondo. En los últimos ocho meses (noviembre del ’67 a junio ’68 pasaron ocho gobernadores, reflejo de la situación de guerra en la provincia.

               En Setiembre de 1865 encontramos a Aurelio Salazar en Cruz del Eje con el fin de aprovisionarse de caballos y auscultar la situación política en Córdoba donde las fuerzas federales resistían también el envío de hombres a la guerra del  Paraguay.

 

               Salazar es capturado el 11 de noviembre de 1865 en Tasquín, los Llanos;  el 27 de noviembre de 1865 declara ante el Juez Morcillo donde explica toda su actuación en Cruz del Eje.  Salazar estaría preso en La Rioja hasta enero de 1867 cuando fuga y acude a incorporarse a las órdenes de Felipe Varela.