Cronología - VI Parte

1863

Del Tratado de la Banderita a la Plaza de Olta

 La heroica resistencia riojana y federal.

               La última etapa de la heroica resistencia de Peñaloza es quizás la más significativa de su larga lucha; contra Rosas primero y contra Mitre después, los hacedores de la poderosa Buenos Aires.

               Acaso tenía razones para creer que Urquiza se pondría al frente del mitrismo. Ignoraba el Chacho –incomunicado con Entre Ríos- la rendición del entrerriano cuya vida y obra a partir de Pavón, era ya parte del nuevo régimen nacional hegemonizado por Buenos Aires. Peñaloza se consideraba la retaguardia del Ejército federal de Urquiza. (Léase “CHACHO” de Oscar Muiño pags. 226/227, Cartas a Urquiza)

               Los historiadores no han echado luz sobre las razones que tendía Peñaloza para confiar en una reacción de Urquiza.  

               El 20 de junio de 1862  el coronel Joaquín Baltar en representación del Poder Ejecutivo Nacional y el Chacho Peñaloza firmaban un Tratado de paz en la Estancia La Banderita, refrendado por el coronel Ignacio Rivas jefe de las fuerzas de operaciones en La Rioja.

               “Por ese tratado se le reconocieron al general Peñaloza ‘derechos de beligerante’ y se le garantía su vida e intereses, como igualmente a todos sus subordinados, quedando obligado el jefe expresa, para seguridad del mismo convenio, a disolver todo grupo de fuerza armada, y hacer a la brevedad posible la entrega al gobierno de La Rioja de todas las armas de que disponía, cuando éste lo ordenase.” (Reyes, según Registro Oficial de la provincia). El gobernador Villafañe ordenaba el 25 de Junio la entrega de las armas y se autorizaba a Peñaloza a “retener en su poder hasta nueva disposición, las armas de que disponían los vecinos de la Costa alta de los Llanos” (Registro Oficial) y se designaba jefe de policía al coronel Felipe Varela.

               El 12 de diciembre desde Guaja Peñaloza escribe al gobierno de La Rioja:

“En su mérito quedan disueltas las fuerzas que hostilizaban la tranquilidad de San Luis y Córdoba. Los jefes han entregado las armas que quedaban en mi poder; y ellos bajo mi vigilancia. Otas medidas más graves hubiera tomado, señor gobernador, si no estuviese persuadido que estos hombres ‘alicionados’ por la experiencia y mejor aconsejados, podrían ser útiles a la nación, pues que son soldados valientes y amigos buenos y leales a la causa a que se adhiere; y que por consiguiente, una vez adheridos a la nuestra, nos ayudarán a sostenerla con la decisión que han sostenido la que acaba de espirar. Permítame, señor gobernador, que yo abrigue la convicción que al soldado valiente y al amigo bueno, cuando se desvíe, es más prudente de encaminarlo que de destruirlo.”

Era gobernador interino Francisco S. Gomez quien el 6 de enero de 1863 encomienda a Peñaloza a poner orden en el Dpto. de Famatina por el problema planteado el 21 de diciembre en la elección de la Legislatura.

El 25 de marzo de 1863 la Legislatura de L.R. integrada por Tristán Antonio Sotomayor (Prebístero), Jacinto Rincón, Francisco Agüero, Francisco Angel, Francisco Alvarez y Aurelio Vallejo eligen por unanimidad al ciudadano Juan Bernardo Carrizo, gobernador  provisorio con la misión de convocar a la brevedad a elegir un gobernador en propiedad.

Recordemos aquí, citando el Bosquejo (Reyes) que Arredondo incursionaba  en Arauco contra Chumbita donde “cometía todo género de excesos allí”. Y citamos:

“Por orden del jefe expedicionario al departamento de Arauco fueron incendiadas las viviendas de la casa habitación de Severo Chumbita, en que residía su familia, y fusilados sin forma alguna de juicio varios indiviuos que se apresaron. Estos hechos, que excusamos de comentar, no tuvieron correctivo, a pesar del terror y la crueldad con que se llevaron a cabo. Lejos de ser castigados sirvieron de estímulo al comandante Luis Quiroga, de Catamarca, para reducir a cenizas las mismas habitaciones que escaparon del primer incendio. Más tarde el mayor Pablo Irrazábal, en conocimiento de los incendios de Arauco, pegaba fuego en guaja a la casa habitación del caudillo Peñaloza, respondiendo a la guerra sin cuartel que se había decretado para los que se mantenían en armas en la provincia de La Rioja.” (Nota del autor, pag. 185)

Otra cita de Reyes reseña la “horrible tragedia de San Antonio que fue protagonista Severo Chumbita, se desarrolló en el departamento de Arauco en los primeros días de marzo de 1863; así es que todavía estaban frescos esos acontecimientos cuando tenía lugar el combate de Mal Paso. (ver adelante) El bárbaro asesinato perpetrado en las personas de los tres hermanos del Moral (don Honorato, don Daniel y más tarde don Pastor) y del pariente inmediato de estos señores, don Francisco Antonio Sotomayor, mandados ejecutar por Mercedes Chumbita, de orden de su sobrino Severo, jefe principal de las montoneras de Arauco, está plenamente comprobado en el proceso que años después se le siguió a tan siniestro personaje. Los autos en que se encuentra la sentencia que lo condenó a 10 años de presidio existen en el Archivo del Juzgado Federal de La Rioja de donde tomamos estos datos.”

                Felipe Varela y Fructuoso Ontiveros incursionaban en las provincias de Catamarca y San Luis y se sucedían diversos enfrentamientos en Córdoba y San Juan, entre fuerzas montoneras y las avanzadas del ejército mitrista. Sarmiento era gobernador de San Juan y había sido  designado por Mitre director de la guerra teniendo bajo su mando al regimiento 1 de caballería de línea al mando del coronel Sandes, el batallón 6º de infantería del Tte.Cnel Arredondo y milicias movilizadas de Córdoba, San Luis y San Juan. Entre las fuerzas movilizadas operaba el Sargento Irrazábal, que era el jefe de la escolta del gobernador Sarmiento.

               El gobernador de Santiago del Estero Manuel  Taboada se estacionaba en Chumbicha con 900 hombres y el 2 de mayo precedido por una fuerza de vanguardia al mando del señor Natal Luna arribaba a la ciudad de La Rioja cuyas autoridades se habían retirado y derrotaba en el Mal Paso las fuerzas del gobernador Berna Carrizo que lo esperaba con una fuerza de mil hombres y jefes como Severo Chumbita, Carlos Angel, Martín Corvalán, Javier Sotomayor, Fernando Villafañe y otros. Según Reyes, “Taboada al frente de su infantería, forzó el paso del arroyo a la bayoneta, pronunciándose la derrota del enemigo, que dejó el campo sembrado de cadáveres, entre los que se encontraban los del comandante Suero, capitanes Pizarro y Vallejo, y muchos más. Treinta prisioneros, la banda de música, 80 fusiles, 56 lanzas, gran cantidad de municiones, una bandera, un estandarte, dos cajas de guerra y tres cornetas, fueron los trofeos recogidos.”

               Fructuoso Ontiveros era derrotado en Punta del Agua (San Luis)  “por los coroneles Sandes e Iseas con pérdida de  su infantería, que fue muerta o prisionera, incluso el coronel Minuet, que la mandaba –fusilado, después de rendido- los dispersos pasaron a los Llanos de La Rioja a engrosar las fuerzas de Peñaloza, que ya se movía de Guaja a su campamento de Patquía.  a la vez que el coronel Sandes penetraba desde San Luis, por la vía de San Francisco, a la Costa Baja de los Llanos, buscándolo para batirlo. (Reyes, Bosquejo 1913 pag. 196)

Rodeada la provincia de La Rioja por los ejércitos de Mitre, la resistencia de Peñaloza se generaliza. El Tratado de la Banderita ya era letra muerta.

                Arredondo partía desde San Juan vía Jachal  a ocupar Chilecito, cuando se libraba  la cruenta batalla de Lomas Blancas, pasando luego a ocupar la ciudad de La Rioja. Chilecito y departamentos del Oeste quedaban bajo la Guarnición al mando del coronel Diego Wilde.

La batalla de Lomas Blancas en la Costa Alta de los Llanos se enfrentaba Peñaloza con 1.500 hombres y su Plana Mayor:  Ontiveros, Puebla, Berna Carrizo, Varela, Elizondo, Carlos Angel, Francisco Alvarez, Severo Chumbita, Lucas Llanos, Carlos Alvarez, Tránsito y Apolinario Tello, Agüero, Corvalán, Tristán Díaz, Potrillo, Calaucha, Andrade, Ajenor Pacheco y otros. Al frente estaban  Sandes, Julio Campos, Ayala, Irrazábal, Giuffra, Flores, Maldonado, Loyola, Vera, Giménez, Segovia y otros.

               Fue quizás, el mayor enfrentamiento de ejércitos de Línea contra las fuerzas  federales cuyas características  militares a lo largo de la prolongada guerra, habían adquirido enorme experiencia y tácticas guerrilleras. Pero al frente estaban el Regimiento Nº 1 de caballería de línea con 2 jefes, 22 oficiales y 156 de tropa; las Guardias Nacionales de Mendoza con 1 oficial y 50 de tropa; Guías de San Juan 1 jefe y 12 oficiales y 150 de tropa; 2 compañías del batallón 6 1 jefe, 5 oficiales y 90 de tropa; Rifelros de san Juan 1 jefe, 4 oficiales y 50 de tropa; Infantes de Córdoba, 1 jefe, 4 oficiales y 50 de tropa; Idem de Caballería 1 oficial y 25 de tropa. Total: 6 jefes, 40 oficiales y 571 de tropa. (Pag. 197 del Bosquejo)

               La caballería de Flanqueadores de Sandes fue desbandada y se le arrebató la caballada de reserva lo que impidió al final de la batalla, la persecución a las fuerzas de Peñaloza que se dispersaban.

               En esta batalla participó en el 6º de Línea el entonces Ayudante Mayor  Julio Argentino Roca y su hermano Celedonio. Reyes relata un incidente entre Roca y el coronel Ignacio Segovia que había tenido términos deshonrosos para el desempeño de Roca.

De Las Playas a Olta

               El 12 de Octubre de 1862 después del Tratado de la Banderita, el Colegio Electoral había elegido por unanimidad de los 133 votos a Mitre como presidente y Marcos Paz como vice. La ofensiva del Ejército “Nacional” bajo el mando de Paunero extendía su cerco sobre La Rioja a pesar del Tratado.

               Sigamos en este tramo a Pablo Camogli (“Batallas entre hermanos”).

               “La tranquilidad duraría poco, ya que las tensiones en La Rioja se mantuvieron pese al control ejercido por Peñaloza sobre los caudillos locales. El accionar de numerosas partidas sueltas, que acuciadas por una pobreza creciente se dedicaban al saqueo de ganado y al pillaje en general, dificultaba la labor del Chacho.

               El 24 de marzo Sarmiento le escribe a Mitre: “qué regla seguir en esta emergencia? Si Sandes va, déjelo ir. Si mata gente, cállese la boca. Son animales bípedos de tan perversa condición que no sé qué se obtenga con tratarlos mejor”.

               La resistencia federal se generaliza en San Luis, San Juan, Catamarca y Mendoza. En Marzo de 1863 Lucas Llanos, Puebla y Ontiveros derrotan al coronel Loyola en río Seco e Higueritas en San Luis. Sandes con el 1º de Caballería y 300 milicianos vence a 800 montoneros en Punta de Agua el 2 de abril con un saldo de 200 muertos, 40 prisioneros y 150 caballos arreados.

El Chacho escribe a Iseas: “nunca pude imaginarme que los que nos prometían la fusión se convirtieran en dictadores y tiranizaran a sus mismos hermanos, desterrando al extranjero y confiscando bienes, hasta dejar las familias en la mendicidad.”

El 25 de marzo de 1863 la Legislatura de L.R. integrada por Tristán Antonio Sotomayor (Prebístero), Jacinto Rincón, Francisco Agüero, Francisco Angel, Francisco Alvarez y Aurelio Vallejo eligen por unanimidad al ciudadano Juan Bernardo Carrizo, gobernador  provisorio con la misión de convocar a la brevedad a elegir un gobernador en propiedad.

El 31 de marzo fuerzas de Carlos Angel y Felipe Varela son derrotadas en Callecita (Catamarca). Manuel Taboada con fuerzas de Santiago, Tucumán y Catamarca dispersa el 21 de abril a 200 hombres de Varela en Villaprima y al día siguiente carga sobre 700 hombres de Angel en Chumbicha.

               Sandes  penetra en Los Llanos desde San Juan al frente de 600 hombres y el 20 de mayo en Lomas Blancas enfrenta a 1.000 hombes de Peñaloza que había reunido en Patquía venciéndolos en un entrevero de de caballería. Poco después en Mendoza, Juan Puebla derrota en Algarrobo Grande a fuerzas del coronel Francisco Clavero que había tomado San Rafael y San Carlos.

El 31 de Mayo Arredondo que ocupaba La Rioja, designa gobernador a Manuel Vicente Bustos.

               Se conoce un levantamiento de los federales en Córdoba con el ex gobernador Pío Achával. “Pese a las derrotas anteriores, a comienzos de junio el Chacho está nuevamente en campaña”. Se dirige a Córdoba con sus menguadas fuerzas y nuevamente reclama la presencia de Urquiza que no responde las cartas del Chacho.

Las fuerzas de Paunero reagrupa las fuerzas del Ejército en Anizacate; “unos 3.500 hombres de los regimientos Nº 1, 2 y 7 de Caballería, tres batallones de infantería y nutridos contingentes de guardias Nacionales.” (El Ejército de Mitre ya era el “Ejército Nacional”, bien armado, organizado,  y pagado con los enormes fondos del presupuesto de Buenos Aires). Esas fuerzas estrenaban los nuevos fusiles Enfield, que superaban a los tradicionales fusiles de chispa.

 El Chacho marchaba con la caballería de Puebla a su derecha y de Ontiveros a su izquierda y tres batallones de infantería al mando del coronel José Burgoa. La reserva, era liderada por Felipe Varela.

               El 28 de junio las fuerzas de Peñaloza se enfrentan en el campo de Las Playas a 7 kilómetros de Córdoba (en los actuales terrenos de la escuela de Aviación Militar, dice Camogli)

               Cabe preguntarse aquí: ¿No fue un error estratégico militar del heroico Chacho alejarse 400 kilómetros de sus bases para dar una batalla de esa envergadura? ¿Esperaba el Chacho una reacción popular más numerosa a su favor en Córdoba? Qué armamento podía disponer luego de numerosas batallas perdidas?  O confiaba todavía en algún apoyo de Urquiza? Recuérdese que los jefes militares del entrerriano pugnaban por enfrentar nuevamente a Mitre. (Véase Nota Desavenencias en el frente Montonero)

               Camogli describe la batalla. El centro federal fue arrollado por una carga de Sandes. “En cuestión de minutos, la batalla se había resuelto a favor del ejército mitrista. En el campo quedaron 300 muertos y 740 prisioneros de los vencidos, contra 14muertos y 20 heridos de Paunero, quien además tomó un cañón y 300 fusiles. Luego de la batalla se repitieron los fusilamientos y hasta la instalación de un campo de concentración, denominado por un cronista de la época como un “campo de torturas”.

Y Arredondo, estacionado en Chañar (Costa Baja) aguarda la retirada del Chacho.

“Desde ese día principia el acto más heroico que las crónicas de la montonera tan intangible,  tan rápida y fugaz recuerdan.” (Sarmiento) Y agrega:

 “Alguna cualidad verdaderamente grande debía de haber en el carácter de aquel viejo gaucho, si no era nativa estolidez, como la terquedad brutal que a veces pasa plaza de constancia heroica. Batido toda su vida en sus algaradas, derrotado esta vez en Las Lomas, en las Playas; destruidas sus esperanzas de Cooperación en Córdoba, San Luis, Catamarca y Mendoza, esperado a su regreso a los Llanos por Arredondo, su ecuanimidad  no se abate un momento, y,  perseguido a ‘autrance’, huye, huye, huye siempre, pero sin perder los estribos. Toda la frontera del Norte de La Rioja, la sigue al Oeste, hasta encontrarse en la cordillera de los Andes, que le ofrece paso para Chile; pero lejos de aceptar este medio de salvación, recorre sus faldas orientales, vuelve hacia el Este por la frontera de San Juan, y llega, después de haber recorrido en cuadro la provincia, al punto desde donde había partido quince días antes, dejando a sus perseguidores a obscuras  sobre su paradero, y asombrados y desconcertados al saberlo, después de haber destruido sus caballadas y encontrándose casi bloqueados en la ciudad de La Rioja; pues, pasando por los pueblos en esa corrida, el Chacho volvió a resucitar las montoneras, que dieron en que ocuparse, a la caballería sanjuanina.”

¡Qué magnífica síntesis de reconocimiento del autor intelectual de la muerte del Chacho!

 

Desavenencias en el frente Montonero

               La sucesión de derrotas de las fuerzas de Peñaloza desde marzo a noviembre de 1863 provocaron sin duda desavenencias sobre  las tácticas militares de la heroica resistencia federal, entre los jefes de lo que sería el “Estado Mayor” del ejército del Chacho.

               Las enormes diferencias entre los ejércitos nacionales herederos de las guerras de la Independencia y más tarde reestructurados por Mitre entre Caseros y Pavón,  y las fuerzas que dirigían los Caudillos federales, eran muy grandes. El conocimiento del territorio de parte de los riojanos, sanjuaninos, y puntanos que peleaban con el Chacho, el conocimiento de las “aguaditas” y represas, era la única ventaja que poseían respecto a los porteños, quienes disponían de una logística a retaguardia alimentada por Buenos Aires, que por otra parte  adquiría ya armamento en Estados Unidos y Europa (como lo haría Roca más tarde).

               La dispersión de las fuerzas de los Caudillos, como puede apreciarse en el despliegue  y la dispersión de las fuerzas (marcharon hacia Catamarca, San Luis, Mendoza y Córdoba) en la última etapa de la resistencia federal permite pensar en situaciones de desavenencias en el Estado Mayor de Peñaloza. Por otra parte los recursos “logísticos” se iban agotando: caballos, mulas, y vacas para alimento de las tropas. Y las armas y el atalaje para las campañas.  El agua y el pastaje para los animales eran  recursos vitales. Era obvio entonces  que se sucedieran saqueos y sobre todo requisa de hacienda en la provincia de La Rioja que cargaba el peso principal de la gesta. Era obvio también que grupos pequeños de desesperados, sin vivienda, con sus familias desintegradas y erráticas, los  empujaran  hacia actos de pillaje y de violencias.

               El Bosquejo Histórico de Reyes (pags.206/207) reproduce una cita de las Obras de Sarmiento tomo VII páginas 352 un episodio que tuvo gran repercusión en esa época. Sintetizaremos el mismo con la salvedad que siendo escrito por Sarmiento, que se basaba  en referencias personales y fuentes varias, admitiría  alguna duda. El episodio narrado se refiere a desavenencias entre  Ontiveros y el Chacho, pero Reyes dice que “un testigo presencial del incidente asegura que  no fue Ontiveros sino Puebla su protagonista y que el hecho fue presenciado por la población de Malanzán en donde tuvo lugar. Pero Reyes no da el nombre del testigo a pesar que él recababa información en ancianos, protagonistas de los hechos.

Dice Sarmiento:

“Las murmuraciones que excitaban tan largos padecimientos y tantas fatigas. Iban creando una oposición en el seno de la montonera; y cuando Ontiveros creyó llegado el momento, se presentó osadamente con un  revólver en el rancho en que estaba el Chacho, a echarle encara su incapacidad para dirigir las operaciones, su política tímida y la necesidad de un cambio:; o de lo contrario, no seguirían más a sus ordenes.

El Chacho, sin perder su serenidad, no se dejó intimidar un momento, y a su vez enrostró a Ontiveros ‘sus barbaridades’, las contribuciones que había arrancado a pacíficos vecinos de los Llanos y las maldades y violencias que los deshonraban a todos. La contienda se fue encendiendo, pues éste era el punto principal del litigio.

Un rasgo de ironía del Chacho, con su golpeado acento, daba sabor acre a la disputa.

‘Si es tan guapo –le decía el Chacho- ¿por qué se corrió en Punta del Agua? No dirá que yo tuve la culpa. Si es tan guapo, amigo, ¿por qué no va a buscar a Arredondo, que está a pie en La Rioja?. Si es tan guapo, vaya, pues, a San Juan, donde gobierna ‘un dotor’. ¿por qué no va, pues? ¡Qué ‘a dir, amigo!

Pero el Chacho, que se sentía atacado en su autoridad de patriarca autócrata, y por la primera vez sometido a discusión sus actos; y viéndose  apostrofado, y desconocida aquella, enderezó, siempre hablando, hacia donde estaba su caballo, y, echándose encima, con el garbo que es de buen tono entre los gauchos dijo: -‘A lo que estoy viendo, yo estoy demás aquí, y no quiero ser estorbo para otros mejores que yo’; con lo que animó su caballo por la senda que por delante tenía, y siguió sin ostentación y sin prisa hacia su casa. Muchas veces se ha repetido esta escena en la historia. San Martín en Lima!.

La muchedumbre , atraída por las voces, viendo a su antiguo jefe alejarse, y por escena tan torpe, fue requiriendo los caballos, y, uno en pos de otro, siguiéndolo por la estrecha senda a paso lento. El movimiento se comunicó a todo el campo; la infantería pidió seguirlo, y Ontiveros se encontró al fin solo, con unos cuantos pícaros de su parcialidad. La autoridad estaba restablecida y el Chacho vuelto a su antigua tranquilidad de ánimo. Al día siguiente Ontiveros se presentó al Chacho y en sentidas palabras le mostró su arrepentimiento, con lo que la concordia se restableció entre los capitanes, y sólo se trató ya de salir de tan prolongada inacción.”

El episodio como reflexionará el lector refleja la situación en un momento de angustia tras las continuas derrotas sufridas en tan prolongada como heroica resistencia (Punta del Agua, Lomas Blancas, Playas de Córdoba). Pero refleja también la enorme voluntad de seguir luchando en condiciones tan adversas de medios frente a ejércitos de línea que ya venían practicando el terror después de cada batalla ganada, bajo la inexorable acción demandada tanto por Mitre como por Sarmiento, desconociendo el Tratado de la Banderita donde Peñaloza aceptaba el fin de la lucha y el reconocimiento de Mitre como Presidente. Aunque quizás después de aquel Tratado, aún esperaba la reacción de Urquiza y las fuerzas federales de su provincia que lo incitaban a la rebelión.

Pero los hechos demostraron que la derrota  federal era inevitable desde el punto de vista económico y militar. El inmenso coraje de miles riojanos que lucharon y murieron  al lado del Chacho en tres décadas de lucha guerrillera, no alcanzarían a superar el enorme poderío económico y militar de la gran Ciudad que crecía al impulso de su puerto, su aduana y el comercio británico.

 

Pero aún restaba la que fuera la última batalla y derrota final en la audaz y quimérica acción del Chacho con sus jefes y sus mil seguidores sobre San Juan: Puntilla de Caucete donde se iniciaría la retirada final hasta su bárbaro asesinato.-

 

OLTA – 12 de Noviembre de 1863

 

“Tus viejos huesos cesan, mas nace tu memoria….” (Félix Luna)

 

                El salvaje asesinato del Chacho Peñaloza perpetrado por el Sargento Pablo Irrazábal ha sido investigado y analizado por numerosos historiadores hasta el día de hoy. La repercusión del crimen de guerra que segó la vida del Caudillo federal más representativo y coherente de La Rioja por su inclaudicable lucha contra el centralismo porteño  y el poder de Buenos Aires,  se prolongó por décadas. Durante y después de su presidencia, Sarmiento  fue fustigado en la prensa y en el Congreso  Nacional por su actitud de celebrar la muerte del riojano, por la forma en que se llevó a cabo. Su cabeza cortada y expuesta en la Plaza de Olta, su cuerpo baleado y despedazado, repartiéndose sus partes en los aledaños del lugar, y su oreja enviada a don Natal Luna en cuya casa se realizó una fiesta por el hecho, fue quizás el suceso más cruel y significativo de la barbarie de toda  la guerra civil. Los émulos de los descuartizadores coloniales del cacique Coronilla, repetían el martirio.

                Como se sabe fue el coronel  Ricardo Vera quien llegó al rancho de Oros en Olta donde descansaba el Chacho luego de la derrota de Caucete. La historia prueba que Peñaloza se rindió ante él (su compadre y enemigo) y entregó su puñal y sus hombres que lo acompañaban, sus armas. El Chacho acompañado por doña Victoria Romero y su primo Nicolás Peñaloza, estaba rendido y numerosos testimonios históricos atestiguan que solo esperaba las condiciones que le serían impuestas a su futura residencia .

Monumento al Chacho en La Rioja 

                Resulta inútil volver sobre la polémica posterior referida a la actitud de Ricardo Vera frente al asesinato del Chacho, si intentó o no, impedir la salvajada de Irrazábal. Se ha escrito mucho sobre las explicaciones de Vera sobre que no pudo  impedir el lanzazo de su superior militar. Reyes en su Bosquejo publica largamente el descargo de Vera.

 

                “Después de tranquilizarlo con las palabras más comedidas púsele centinela de vista, enviando el parte de lo ocurrido a mi jefe superior el sargento mayor don Pablo Irrazábal, que aún no había llegado porque con el grueso de la división venía media legua más atrás” dice  Vera  años más tarde. (Bosquejo, pag. 210-12)

 

Pablo Irrazabal, el matador del Chacho

                Lo cierto es que el crimen fue perpetrado por Irrazábal y sus autores intelectuales fueron nada más ni nada menos que Mitre y Sarmiento. Aunque Mitre en marzo de 1864 haya intentado diferenciarse de su delegado militar en San Juan, el  bárbaro Sarmiento, diciendo que al Chacho debía ser sometido a juicio. (Ver  Mitre y el Chacho de Dardo de la Vega Díaz). Y la Legislatura de La Rioja  premió a Irrazábal regalándole toda la hacienda sin marcar de los Llanos.

 El último ruego de  Peñaloza

               Así  titula Dardo de la Vega Díaz en Mitre y el Chacho (pag.177/78) la descripción de los sucesos que acontecieron a partir de marzo de 1863, en la parte final de la última campaña del Chacho. Allí  relata que “Peñaloza, en efecto, por marzo, tuvo conversaciones con muchísimos de sus amigos prominentes en las fiestas de Chepes. Allí acudieron éstos llenos de quejas contra los gobiernos vecinos que no se ajustaban a las estipulaciones habidas; incumplimientos de los gobiernos sobre los que ya Peñaloza se quejara ante Paunero  tiempo atrás, sin que se hubiera dado remedio alguno.”

 Como resultado de dicha reunión de Peñaloza con todos sus jefes, escribe a Mitre el 16 de Abril de 1863, la carta que transcribimos.

 

“Excmo.Sr:  No ha podido el que firma dejar de ser tan franco y leal como siempre y es por esto que se dirige a V.E. participándole la penosa situación que han puesto a estos pueblos desgraciados sus gobernantes, y las consecuencias que han dado sus procedimientos.

Después de la guerra exterminadora por que ha pasado el país, y después de todos los medios puestos en juego para terminar ese malestar de todas las provincias, muy conforme y lleno de fe en el programa de V.E., han esperado los pueblos argentinos una nueva era de ventura y progreso; han esperado ver cumplidas las promesas hechas tantas veces a los hijos de esta desgraciada patria.

Pero muy lejos de ver realizado su sueño dorado, muy lejos de ver cumplidas sus esperanzas, han tenido que tocar el más amargo desengaño, al ver la conducta arbitraria de sus gobernantes, al ver despedazadas sus leyes y atropelladas sus propiedades y sin garantías para sus mismas vidas. Los gobernadores de estos pueblos convertidos en otros tantos verdugos de las provincias, cuya suerte les ha sido confiada, atropellan las propiedades de los vecinos, destierran y mandan matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables sin más crimen que haber pertenecido al partido federal y sin averiguar siquiera su conducta como partidarios de esa causa. Yo mismo, que he esperado ver realizadas las promesas hechas a estas provincia y a las demás, según el tratado celebrado conmigo, he sufrido hasta el presente la más tenaz hostilización por parte de los gobiernos circunvecinos, ya tomando y mandando ejecutar a los hombres que me han acompañado, a pesar de la garantía que por ese mismo tratado tenían, ya requiriéndome tales o cuales individuos que estaban asilados a mi lado para evitar la muerte segura que les esperaba si creyendo en esas garantías volvían al seno de sus familias; y por último, despedazando mi crédito y haciéndome pasar por un hombre más criminal, sin más causa que haber comprendido mi deber y no haber querido prestarme a servirles de agente en sus criminales propósitos.

Mil veces se ha levantado mi voz y elevado súplicas al gobierno Nacional, pidiendo justicia y el castigo de esos hombres, sin que haya encontrado justicia, y teniendo que someterme al azote de sus tiranos. (el  subrayado es de  Historia…..)

Es por esto, Sr. Presidente, que los pueblos, cansados de una dominación despótica y arbitraria, se han propuesto hacerse justicia, y los hombres, todos, no teniendo más ya que perder que la existencia, quieren sacrificarla más bien en el  campo de batalla, defendiendo sus libertades y sus leyes y sus más caros intereses atropellados vilmente por los perjuros.

Esas mismas razones y el verme rodeado de miles de argentinos que me piden exija el cumplimiento de esas promesas, me han hecho ponerme al frente de mis compatriotas y he ceñido nuevamente la espada que había colgado, después de los tratados con los agentes de V.E.  No creo merecer por esto el título de traidor, porque no he faltado a mis promesas, sino cuando a mí se me  ha faltado, y cuando se ha burlado la confianza de todos los argentinos.

No es mi propósito reaccionar al país para medrar por la influencia de las armas, ni ganar laureles que no ambiciono. Es mi deber el que me obliga a sostener los principios y corresponder hasta que el sacrificio de mi vida a la confianza depositada en mí, por los pueblos. Es, en una palabra, el amor a la patria, ese sentimiento natural de todos los corazones, y que debiera ser el que dirija la conducta de los primeros mandatarios, para corresponder a la fe con que el pueblo argentino depositara en ellos su suerte.

V.E. como jefe de toda la Nación, es el padre de todos los argentinos, y es de quien deben esperar sus hijos el remedio para estos males, y si desoyendo la voz de ellos no pusiese término a esta terrible situación, veremos, con pesar, correr a torrentes la sangre de todos los argentinos y las consecuencias pesarán sobre los que la hicieron verter.

Después de haber cumplido mi deber manifestando la V.E. estas verdades, solo me resta esperar que la penetración y juicio de V.E. no permitirán la continuación de estos males, y pondrá inmediatamente en ejercicio todo su poder a influencia a fin de salvar la República toda del caos en que se va a precipitar, pudiendo aún asegurar por mi parte que para lo que sea en bien de mi país y de mis compatriotas, siempre me hallará dispuesto el Gobierno Nacional, y quedo esperando su definitiva contestación, que será la norma de mis ulteriores procedimientos.”

 

               La carta es un claro testimonio del porqué del  levantamiento del Chacho que sería el último, frente al incumplimiento de parte del Gobierno de Mitre del Tratado de La Banderita, firmado por los principales jefes militares del Ejército de Buenos Aires en la campaña contra Peñaloza.

               Una mayor investigación histórica sobre la correspondencia del Chacho a Urquiza debería esclarecer si a partir de Abril del ’63 el Peñaloza  tuvo alguna certeza sobre las posibilidades de un nuevo levantamiento del  entrerriano contra Buenos Aires. Recuérdese que pocos días antes de su martirio, el Chacho envió una carta a Urquiza.

               

La última batalla

 

                A pesar de la derrota de Las Playas, Peñaloza reagrupa  sus fuerzas.  No había transcurrido un  mes desde entonces cuando sus hombres derrotan a una fuerza de infantería y caballería en Bajo Hondo;  Ontivero marcha a San Luis y Puebla a Córdoba. El 21 de agosto, Ontivero al frente de 200 hombres, fue derrotado en San Francisco (NE de San Luis) por las Guardias Nacionales de José Bustamante y fue muerto en Río Seco, cuatro días después. A la vez, Puebla era doblegado en Río de los Sauces por las tropas de Iseas con un saldo de 100 muertos.

 

                Durante el mes de Setiembre Peñaloza insiste con sus intentos de llegar a un acuerdo de pacificación. Escribe a Sarmiento: “las fuerzas de V.E. que expedicionan a esta provincia, no sólo hacen uso de lo que precisan sino que destruyen todo cuanto encuentran, sin respetar las propiedades y vida de los vecinos, haciendo así una guerra enteramente vandálica y destructora, muy indigna de un gobierno culto y civilizado.”

 

                Paunero a  Sarmiento: “Setiembre 29. Por las noticias que tengo del Chacho, debe encontrase éste en Olta o el Chañar. Ha abierto negociaciones conmigo sobre la base de someterse quedando en su casa, con tal que nombre gobernador al coronel Arredondo. Le he contestado que admitía el sometimiento de todos ellos con la expresa condición de no quedar en La Rioja, alejándose temporariamente de allí, hasta que el país quede completamente pacificado en todas direcciones, y obro en el sentido de estrecharlo en un círculo de fuerzas como para acabar con la montonera de La Rioja.”

 

                Pero es en vano.  Ingenuo, Peñaloza no comprende las leyes de la guerra.  Sarmiento, Mitre y sus hombres, las conocen bien,  explicadas por Clausewitz, partícipe en el triunfo de las fuerzas austríacas en Waterloo.

 

Clausewitz concebía la guerra como una empresa política de alto vuelo, sin desconocer la sangre y la brutalidad que implica. Por eso, consideraba que todos los recursos de una nación deben ponerse al servicio de la guerra cuando se decide su ejecución. Y pensaba que la guerra, una vez iniciada, no debe detenerse hasta desarmar y abatir al enemigo. Su definición de la guerra es: «Constituye un acto de fuerza que se lleva a cabo para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad».

 

                Y reagrupadas sus fuerzas con el aporte espontáneo de los hombres de los Llanos decide marchar a San Juan. Sabedor de la presencia de Arredondo a retaguardia.

 

 ¿Qué estrategia se planearía Peñaloza marchando a San Juan? Acaso no era factible llevar una guerra de resistencia y defensa en los territorios provincianos,  que conocía como la palma de su mano? Ya muerto Ontiveros, Puebla comanda la avanzada del Chacho a San Juan.

 

Leemos a Reyes  (pags. 204/5 del Bosquejo) sintetizando la carta que escribe Arredondo a Sarmiento el 24 de octubre: “hoy he tenido una gran alta de caballos y mulas. El comandante Linares, de Chilecito, me ha mandado ciento setenta y cinco entre caballos y mulas, y el comandante Vera otros tantos” (…) Mañana a más tardar me pondré en marcha en busca de Peñaloza, que se halla en Atiles muy mal de caballos, desmoralizado y con quinientos hombres.”  

 

Sin embargo de estar situadas tan cerca las poblaciones de Malanzán y Atiles (poco más de diez kilómetros), el coronel Arredondo no estaba bien informado de lo que ocurría a su alrededor. Lejos de encontrarse Peñaloza en Atiles, mal de caballos y con quinientos hombres desmoralizados, se hallaba, el 24 de octubre, en marcha para San Juan, con más de 800 hombres  perfectamente bien montados, y el 29 arriba a las inmediaciones de  Caucete,  distante 250 kilómetros de Atiles. (5 días de marcha por la Travesía desértica !!)

 

El 20 de octubre el gobierno de Mendoza remitía 500 caballos para el coronel Arredondo, escoltados por 150 hombres de caballería, mitad pertenecientes al regimiento Nº 1 de esta arma y mitad de milicias mendocinas al mando del mayor Pablo Irrazábal, según lo dispuesto por el general Wenceslao Paunero, inspector y comandante general de armas de la Nación. Llegados a la ciudad de San Juan, en donde fue herrada la caballada, se aumentó la escolta que debía conducirla con una compañía del 6º de Línea, hasta encontrar al coronel Arredondo que ya se había movido de La Rioja en busca de Peñaloza.

 

Peñaloza –según Reyes- creía distante a Arredondo y de fácil empresa apoderarse de la ciudad de San Juan, se hallaba acampado con sus fuerzas en  la Puntilla de Caucete en número de más de mil hombres, cuando su avanzada fue atacada de improviso, el 30 de Octubre, por el mayor Irrazábal, al mando de 150 hombres de caballería, más 90 infantes del 6º de línea, a las órdenes del capitán Miguel Méndez.   Explica Reyes que las características de la Villa de Caucete(calles que cruzan las haciendas o fincas, rectas y relativamente angostas, siendo las propiedades perfectamente tapiadas), dada la configuración del terreno donde se hallaban las fuerzas de Peñaloza, era indudable que al más pequeño contraste que sufriera la cabeza de tan extensa columna, con tan poco frente, era muy difícil que una vez desorganizada, pudiera rehacerse siendo perseguida con tesón, porque le falta a su frente y flancos el terreno necesario donde poder desplegarse  para combatir. Según el  relato, observando  Irrazábal  la situación desventajosa del  enemigo  lanzó audazmente una carga que puso en confusión al cabeza de la columna, provocando un desbande general de la tropa.

 

                Dos días después del combate de Caucete llegaba  Arredondo  con su división, habiendo hecho durante la marcha más de cien prisioneros que volvían de la batalla, en Bajo del Gigante en suelo riojano.

 

El gobierno de San Juan al dar el parte militar señalaba: “sabemos que Peñaloza al frente de 1.200 hombres perfectamente montados y con el desierto y la desesperación a la espalda, no ha podido resistir al Mayor Irrazábal que lo combatía con 130 hombres…”

 

                Investigaciones posteriores (Pablo Camogli) señalan que la avanzada del Chacho al mando de Puebla eran las fuerzas que acampaban en Caucete. Evidencia que Puebla (como lo hubiera hecho Ontiveros) impulsaron al Chacho en su campaña a San Juan.

 

El parte del gobierno de San Juan  es testimonio que Peñaloza desandaba la Travesía desértica con la mayor parte de sus riojanos, (que llegados a los Llanos volverían a dispersarse por la provincia a la espera  de su Jefe).  Y que los 130 hombres de Irrazábal  (según el parte) no hubieran podido contra los 1.200 de Peñaloza.

 

                Pero  Peñaloza ya  estaba rodeado por los ejércitos de Buenos Aires y Caucete u otro nombre, hubiera sido su última batalla. El cerco se cerraba.

 

                La persecución furiosa de Irrazábal se encaminaba hacia los Llanos. Arredondo le ordena marchar con una columna ligera perfectamente montada con caballos de tiro herrados y con mulas en busca de Peñaloza, llevando de jefe de vanguardia al comandante de guardias Nacionales de La Rioja don Ricardo Vera.

 

                La columna sale el 5 de Noviembre de San Juan y después de 70 leguas llegan a Malanzán  el  día 10, a 50 kilómetros distante de Olta. La aldea estaba ocupada por una partida de Peñaloza al mando de su secretario y escribiente de sus cartas y proclamas, don  Ajenor Pacheco.  Malanzán debía dar el alerta de los perseguidores del Chacho.

 

                El desenlace es ampliamente conocido por las descripciones  que hicieron numerosos historiadores, cuya fuente original ha sido el Bosquejo Histórico de Reyes, tomado de testigos ancianos protagonistas de los sucesos y las investigaciones posteriores.

 

                Dominados los defensores de Malanzán en la madrugada, la avanzada de Vera llega al rancho de los Oro en Olta  y somete al Chacho. El salvaje Irrazábal  llega, pregunta “quien es el Chacho”  y lo mata. Se cumple así la orden de sus superiores.

 

                La resistencia riojana federal perdía a su Caudillo a quien miles de gauchos pobres y fieles siguieron a lo largo de tres décadas de lucha.  Sin tierra, sin rancho y con sus familias dispersas o perdidas, los hombres del llano y la montaña, intentarían nuevas rebeliones. Algunos grupos de desesperados, perseguidos y exiliados en su propia patria, recurrirían a saqueos de supervivencia, que darían lugar a represalias y fusilamientos. . 

 

                Pero nuevos intentos de rebelión habrían de producirse en tierra riojana.

La última montonera del Chacho Peñaloza prisionera en Caucete, San Juan.